La Maldición De Sicarias

Capitulo 15 | Kyrian ✔

sto estaba mal, muy mal, si los Nobin podían recuperar la conciencia, aunque fuera por un tiempo, quizá no todos estuvieran completamente perdidos.

Y si alguien conocía la existencia de la Savia de Vigilia, también podía estar buscándola.

— ¿Quién escribió esto? —pregunté.

Elena examinó el margen inferior de la página.

— No aparece el nombre completo. Solo las iniciales del custodio y una fecha. Pero esta copia es posterior a los registros que te enseñé. Alguien la conservó después de que se ordenara cerrar las galerías.

— ¿Por qué estaría aquí, en un puesto militar?

— Quizá el capitán la encontró en la entrada secundaria. O quizá alguien la dejó para que la encontráramos.

La miré.

— ¿Crees que nos han tendido una trampa?

— Creo que acabamos de encontrar treinta soldados muertos y un documento que explica cómo entrar en una cámara vinculada al Fuego Negro. Sería irresponsable asumir que todo es una coincidencia.

No pude contradecirla.

Kael tomó el pergamino que había quedado junto al cuaderno. Estaba escrito en una lengua más reciente, y el sello del margen había sido cortado con una hoja. Lo desplegó y leyó las primeras líneas en silencio.

Su expresión se endureció.

— Majestad, esto no es un registro de los custodios.

Extendió el documento hacia mí.

Era una orden de traslado. No contenía nombres completos, solo códigos de unidad, una fecha y una instrucción para recuperar los recipientes de la cámara profunda. La última línea ordenaba eliminar a cualquier fuerza que intentara impedir la operación y destruir los documentos que identificaran a quienes habían participado.

No había una firma.

Pero el sello arrancado había dejado una marca en la cera. Tres líneas que convergían en una corona de montaña.

Altas Cumbres.

La rabia volvió a cerrarse alrededor de mi garganta y lo oculté antes de que su hija lo viera.

El padre de Elena no solo conocía la existencia del Fuego Negro. Sus hombres habían llegado hasta aquel puesto, habían encontrado resistencia y habían matado a treinta soldados para mantener su operación en secreto.

No sabía si la orden procedía directamente de él o de alguien que actuaba en su nombre. Necesitaba más pruebas antes de convertir una sospecha en una acusación formal.

Pero la marca estaba allí.

Y mis soldados estaban muertos.

Doblé el documento con cuidado y lo guardé junto a la punta de flecha.

— ¿Qué dice? —preguntó Elena.

La miré.

Estaba a pocos pasos, con el cuaderno abierto entre las manos. No había visto el sello de la orden. Su atención seguía concentrada en la información sobre la Savia de Vigilia.

Podría haberle mostrado el documento.

Podría haberle preguntado si reconocía el sello, si su padre había mencionado una operación de ese tipo o si sabía quién tenía autoridad para enviar hombres a Monte Grim.

Pero no tenía respuestas suficientes, y tampoco estaba dispuesto a entregarle una acusación que quizá terminaría llegando a los oídos del hombre que la había enviado.

— Una orden de traslado incompleta —respondí—. No contiene nombres ni identifica a quien la emitió.

Elena me observó unos segundos.

— ¿Y crees que tiene relación con el ataque?

— Creo que todo lo que encontramos aquí debe investigarse antes de sacar conclusiones.

— Eso no es una respuesta.

— Es la única que tengo.

Su expresión me dejó claro que no me creía del todo. No insistió, sin embargo. Bajó la mirada hacia el cuaderno y volvió a revisar las páginas.

— Si la Savia de Vigilia existe todavía, alguien podría estar buscándola —dijo—. Y si los Nobin saben que estamos cerca de Monte Grim, quizá no permitan que nos acerquemos a las cámaras sin luchar.

— No vamos a entrar en la mina hasta que sepamos quién atacó este puesto y cuántos enemigos siguen en la zona.

— Entonces podrían llegar antes que nosotros.

— Y si corremos hacia la entrada sin preparación, podríamos terminar igual que estos hombres.

Elena cerró el cuaderno.

— No puedes quedarte esperando hasta tener todas las respuestas.

— No. Pero puedo negarme a sacrificar a mis soldados por una promesa escrita en un documento antiguo.

— No es una promesa. Es un registro de algo que ocurrió.

— Una vez. En circunstancias que desconocemos. Con una sustancia que podría matar al hombre al que intentamos salvar.

— ¿Y qué propones? ¿Ignorarlo?

— Propongo averiguar si queda algún recipiente, quién más conoce su existencia y si la cámara es accesible sin atravesar las galerías profundas. Después decidiré qué riesgos estoy dispuesto a asumir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.