La MaldiciÓn Del Valle Negro

EL SECRETO DE ELVIRA

La verdad duele... pero lo que se oculta mata.

📖 CAPÍTULO 4:

Caminé despacio hacia la habitación de mi abuela. El suelo crujía bajo mis pies, como si la casa misma contuviera la respiración. Al entrar, el olor a medicina y a flores secas me golpeó suavemente. Elvira estaba recostada entre almohadas, su rostro parecía de papel, pero sus ojos seguían brillando con una intensidad que me detuvo en seco.
—Acércate, mi niña —susurró, extendiendo una mano delgada y fría.
Me senté al borde de su cama y tomé su mano entre las mías.
—Abuela, estoy aquí. Dime qué pasa, por qué todo esto es tan extraño.
Ella cerró los ojos un instante, como reuniendo fuerzas, y luego habló con voz pausada:
—Hace mucho tiempo, nuestras familias no eran enemigas. Eran hermanas, unidas por un juramento de proteger algo valioso que nos fue confiado. Pero la avaricia rompió todo. Se robaron lo que no les pertenecía, se mintió, y la sangre se mezcló con el odio.
Tosió suavemente y continuó:
—La maldición no es magia, Lila. Es el peso de la culpa y del miedo. Cada generación paga lo que los antepasados rompieron. Y ahora te toca a ti, porque eres la única que puede reparar lo que se rompió... o terminar de hundirlo todo.
—¿Y Damian? —pregunté—. ¿Él también forma parte de esto? Dijo que le pertenece algo.
Una sombra cruzó el rostro de Elvira.
—Damian lleva la carga de su apellido igual que tú llevas la tuya. Tienen caminos separados pero un mismo destino. Juntos tienen las dos piezas que faltan para cerrar este ciclo... o para desatar el caos. Tienes que tener cuidado, mi niña. No confíes en nadie, ni siquiera en lo que tus ojos ven.
Se acercó más a mí y bajó la voz hasta ser casi un soplo:
—La segunda llave está en la mansión Blackwood. Y lo que ambas abren... es la razón por la que nadie ha podido salir de Valle Negro libre. Ve a buscarla, pero no vayas sola. Y sobre todo... no dejes que sepan que ya sabes la verdad.
De repente, su expresión cambió bruscamente. Sus ojos se clavaron en la puerta detrás de mí y se abrieron de par en par, llena de terror.
—¡Está aquí! —gritó con voz quebrada—. ¡Te han seguido! ¡Corre, Lila, corre!
Me giré de golpe. La puerta estaba entreabierta. Y en la oscuridad del pasillo, dos ojos brillantes me miraban fijamente. No se movía. No respiraba. Y justo cuando iba a gritar, la puerta se cerró de golpe delante de mí, dejándome encerrada dentro con mi abuela, y con la certeza absoluta de que ya no estábamos solas.



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En el texto hay: misterio, suspenso, romance +16

Editado: 18.07.2026

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