La MaldiciÓn Del Valle Negro

LO QUE SE ESCONDE EN LA OSCURIDAD

El miedo te avisa... pero la verdad te persigue.
📖 CAPÍTULO 5:

La madera golpeó contra el marco con un estruendo que me heló la sangre. Me quedé inmóvil un segundo, el corazón golpeándome las costillas como si quisiera salirse, la vela en mi mano temblando y derramando gotas de cera caliente sobre mis dedos sin que me diera cuenta. Grité el nombre de mi abuela, pero Elvira no respondió. Solo escuché su respiración agitada, entrecortada, como si luchara por mantenerse despierta.
—¿Quién está ahí? —grité con voz firme, acercándome despacio a la puerta—. ¡Sal ahora mismo!
Nadie contestó. Pero escuché un roce suave, como tela arrastrándose por el suelo, alejándose lentamente por el pasillo. No eran pasos apresurados: se movía con calma, con la seguridad de quien sabe que tú no puedes escapar. Me giré hacia Elvira y me arrodillé junto a ella, tomándole la mano entre las mías; estaba helada, y sus párpados se cerraban poco a poco.
—Abuela, por favor, no te vayas —supliqué—. ¿Quién era? ¿Quién nos vigila?
Ella reunió sus últimas fuerzas, apretó mis dedos y susurró tan bajo que apenas pude oírla:
—No es un fantasma, Lila... es alguien que ha vivido entre nosotros toda la vida. Alguien que no quiere que rompamos la maldición. La llave... nunca la sueltes. Y recuerda: no todo lo que parece enemigo lo es, y no todo lo que sonríe es tu amigo...
Sus palabras se apagaron en un suspiro largo. Su mano se relajó en la mía. El silencio que cayó en la habitación fue más terrible que cualquier grito.
Me quedé ahí sentada, sin lágrimas al principio, solo con una rabia fría y absoluta creciendo en el pecho. Alguien había venido a amenazarnos. Alguien sabía que estábamos descubriendo la verdad. Me puse de pie de un salto, guardé el diario y la llave dentro de mi blusa, y me dirigí a la puerta con paso decidido. Si querían asustarme, habían fallado. Ahora yo quería saber quién era.
Corrí el cerrojo y abrí de golpe. El pasillo estaba vacío, pero el aire olía a algo que no pertenecía allí: un perfume dulce y penetrante, igual al que usaba la mujer que me había recibido al llegar: mi tía Mara.
Mi sangre se detuvo en seco. ¿Ella? ¿La única persona que parecía estar de mi lado? ¿Por qué me habría encerrado? ¿Qué sabía ella que no me había dicho?
Bajé las escaleras rápido, casi tropezando, y salí al porche. La niebla seguía espesa, cubriendo todo el jardín como una manta blanca. Al fondo, cerca del camino que lleva a la mansión Blackwood, vi una silueta alta y oscura montada sobre un caballo negro, inmóvil, observándome desde la distancia. Era Damian. No se movió ni un milímetro. Solo levantó la mano despacio, y en su palma brilló algo plateado: la segunda llave.
Antes de que pudiera gritarle o preguntarle qué hacía ahí, él giró al caballo y desapareció entre la bruma en un instante. Pero justo cuando se iba, vi algo más escondido detrás de un arbusto: la chaqueta de lana gris del hombre que me había recogido en el autobús. Y junto a ella, un trozo de tela roja desgarrada... la misma tela que llevaba Mara en su vestido.
Tres personas. Tres secretos. Y todos parecían girar a mi alrededor como lobos rodeando a su presa.
Entré de nuevo a la casa, cerré con doble cerrojo y arrastré un mueble pesado contra la puerta. Subí la ventana de la habitación de Elvira y la cerré con llave. Luego me senté en el suelo, recostada contra la cama, y saqué el diario. Al pasar las páginas, encontré una hoja doblada que no había visto antes. Al abrirla, era un dibujo hecho a mano: las dos familias, unidas al principio... y en una esquina, firmado con una letra que reconocí al instante: Mara Blackwood.
No era mi tía por parte de madre. Ella era hija de los enemigos. Había vivido engañándome desde el primer segundo. Y lo peor de todo: ahora entendía que no solo buscaban la llave. Buscaban a mí.
De repente, escuché golpes fuertes y rítmicos en la puerta principal. No eran los golpes suaves de antes. Eran violentos, acompañados de voces que gritaban mi nombre desde fuera. Y al mismo tiempo, escuché un crujido sobre mi cabeza: alguien acababa de entrar por la ventana del piso de arriba. Estaban rodeándome. Y esta vez, no había ningún lugar donde esconderse.



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En el texto hay: misterio, suspenso, romance +16

Editado: 18.07.2026

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