La MaldiciÓn Del Valle Negro

LA TRAMPA SE CIERRA

Cuando todos mienten, tu única verdad es tu valor.
📖 CAPÍTULO 6:

Los golpes en la puerta se volvieron frenéticos, retumbando en toda la casa como si fueran a hacer pedazos la madera vieja. Arriba, en el piso de arriba, el sonido de pasos arrastrándose se acercaba lentamente, seguro, sabiendo que yo no tenía escapatoria. Me puse de pie despacio, el diario en una mano y la llave apretada tan fuerte en la otra que sentía que se me clavaba en la carne. No podía quedarme ahí esperando a que me atraparan. Tenía que saber la verdad, y tenía que sobrevivir para contarla.
Miré alrededor buscando una salida. La ventana daba a un jardín trasero lleno de maleza y árboles viejos, pero estaba en el segundo piso. No tenía tiempo de pensar en riesgos. Mientras los golpes abajo se hacían más fuertes y escuché el crujido de la escalera rompiéndose bajo el peso de quien bajaba, me acerqué a la ventana, la abrí de golpe y miré hacia abajo. La niebla era tan espesa que apenas veía el suelo, pero escuché un relincho suave y familiar: era el caballo de Damian.
—¡Lila! —su voz llegó desde la oscuridad, baja pero clara—. ¡Salta, te espero!
No sabía si era una trampa o mi única oportunidad. Pero la puerta principal crujió y se abrió de golpe, y escuché la voz de Mara gritando con una furia que no conocía:
—¡Encuéntrenla! ¡No dejen que se lleve lo que nos pertenece!
No lo dudé más. Me subí al alféizar y salté. El aire me golpeó la cara, y por un segundo sentí que caía al vacío, pero unas manos fuertes me atraparon al instante y me ayudaron a subir a la grupa del caballo. Sin decir una palabra, Damian dio un tirón de las riendas y el animal salió disparado hacia la oscuridad, alejándose de la casa mientras detrás de nosotros se escuchaban gritos y pasos persiguiéndonos entre la niebla.
—¿Por qué me ayudas? —alcancé a preguntar, agarrada de su camisa, sintiendo el frío de la noche y el calor de su espalda contra mí—. Dijiste que querías lo que es tuyo.
—Lo quiero —respondió él sin volver la cabeza, su voz firme sobre el viento—. Pero no a cualquier precio. Ellos no buscan la verdad, Lila. Buscan borrarla para siempre. Y tú eres la única que puede cambiar las cosas.
Cabalgaron durante lo que pareció una eternidad, por caminos estrechos y senderos que yo no conocía, hasta que llegamos a una construcción imponente y sombría en lo alto de una colina: la mansión Blackwood. Era más grande y antigua de lo que me había imaginado, con torres que se perdían entre las nubes y ventanas oscuras como ojos cerrados. Al entrar, el silencio era absoluto, pero no se sentía vacío: se sentía lleno de historias, de secretos guardados por siglos.
Damian me llevó a una biblioteca inmensa, con estanterías que llegaban hasta el techo y olor a libros antiguos y madera pulida. Encendió varias lámparas y la luz cálida iluminó el lugar, revelando retratos de hombres y mujeres con la misma mirada intensa que él. Se giró hacia mí y sacó de su bolsillo la segunda llave, poniéndola sobre una mesa de roble junto a la mía y el diario.
—Ahora te contaré todo —dijo, sentándose frente a mí—. Lo que Mara nunca te dirá, lo que tu abuela temía contar y lo que yo he cargado solo toda mi vida.
Me explicó que la leyenda de la maldición era en realidad una mentira construida para ocultar un tesoro: un pacto de protección que ambos linajes debían cuidar juntos para mantener a salvo a todo el pueblo. Pero la madre de Mara, y luego ella misma, habían querido quedarse con el poder para sí solas, rompiendo el equilibrio y provocando que el pueblo viviera en la pobreza y el miedo. Mi abuela Elvira había callado por miedo a que me hicieran daño a mí, y Damian había vivido aislado para proteger lo que quedaba del legado.
—Mara no es tu tía —me dijo finalmente—. Es la hija de quien traicionó a tu familia. Se infiltró para asegurarse de que nunca supieras tu verdadero lugar. Y ahora que sabes, no se detendrá ante nada.
Justo en ese momento, un estruendo sacudió la mansión entera. Las puertas de la biblioteca se cerraron de golpe y se escuchó el cerrojo desde fuera. Damian se puso de pie de un salto, con los ojos llenos de alarma.
—¡Han seguido tu rastro! —gritó—. ¡Están rodeando la casa!
Corrimos hacia una puerta oculta detrás de una estantería, pero al abrirla, nos encontramos con que el pasillo estaba bloqueado por llamas que acababan de encenderse. Y desde el otro lado de la puerta principal, la voz de Mara sonó clara y fría, resonando en toda la estancia:
—Entraron en la trampa solos. Ahora nadie sabrá jamás la verdad. ¡Quémalo todo!
El humo empezó a llenar la habitación rápidamente. La temperatura subía por momentos, y vi cómo Damian buscaba desesperadamente otra salida, mientras yo apretaba las dos llaves juntas contra mi pecho. Sabía que estábamos atrapados. Sabía que ella creía que había ganado. Pero al mirar el diario sobre la mesa, vi que las dos llaves juntas encajaban en un pequeño compartimento oculto en su contraportada. Y al abrirlo, una nota cayó al suelo, escrita con la letra de mi abuela: "Solo cuando los enemigos se unan, aparecerá la salida donde nadie la vio".
Miré a Damian, y él a mí. El fuego avanzaba, el humo nos cegaba, y sabíamos que no teníamos más segundos. Pero en ese instante, escuchamos un ruido fuerte detrás de la chimenea: algo se movía, y una piedra empezó a ceder. ¿Sería la salida? ¿O habíamos caído en otra trampa aún más profunda?



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En el texto hay: misterio, suspenso, romance +16

Editado: 18.07.2026

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