La confianza se gana con hechos, no con palabras.
📖 CAPÍTULO 8:
El silencio duró una eternidad. El cañón del arma nos señalaba sin temblar, y yo sentí que el corazón se me detenía. Damian me cubrió levemente con su cuerpo, pero no dio un paso atrás.
-Baja el arma, Carmen -dijo con voz serena-. Sabes quiénes somos. Y sabes que no venimos a hacer daño.
La mujer entrecerró los ojos, recorriéndonos de arriba abajo con la mirada, y finalmente fijó su atención en las llaves y el pergamino que Damian sostenía en la mano. Poco a poco, bajó el cañón, pero no lo guardó.
-Entren -dijo secamente, apartándose-. Pero un movimiento extraño y disparo sin preguntar.
Entramos despacio. La cabaña era humilde pero ordenada, y el olor a hierbas secas y leña quemada me recordó instantáneamente a la casa de mi abuela. Carmen cerró la puerta, puso el cerrojo y se apoyó en ella como si de repente le hubieran faltado las fuerzas.
-Hace veinte años que no veo a nadie de las dos familias juntas -murmuró, mirando la foto en la pared-. Éramos nosotras tres: Elvira, tu madre Damian, y yo. Juramos cuidar este pueblo con la vida. Pero la codicia nos rompió a todas.
Se sentó en una silla de madera y nos hizo una seña para que hiciéramos lo mismo.
-Mara no actuó sola -dijo con voz pesada-. Tiene gente dentro y fuera de Valle Negro que quiere apoderarse de las tierras y del secreto que ustedes acaban de encontrar. Tobías me avisó que venían, pero lo atraparon antes de llegar aquí. Ahora lo tienen en la mansión, esperando saber si ustedes caen en su trampa.
-¿Entonces nos vas a ayudar? -pregunté con cautela.
Carmen me miró fijamente:
-Elvira era como mi hermana. Y si ella te mandó a ti, es porque confía en ti. Yo también lo haré. Pero escúchame bien: no será fácil. Para vencer a Mara necesitamos pruebas, necesitamos al pueblo de su lado, y necesitamos llegar hasta el lugar donde ella esconde lo que le falta para completar su plan.
Damian extendió el pergamino sobre la mesa.
-Tenemos esto. Prueba que el poder y la tierra pertenecen a todos, no solo a ella.
-Esto es solo la mitad -respondió Carmen-. Falta el libro de sellos original, que está oculto en el viejo molino abandonado. Mara cree que nadie sabe llegar, pero yo sí. Si recuperamos ese libro, tendremos todo lo necesario para desenmascararla frente a todos.
De repente, escuchamos ladridos a lo lejos y luces que se movían entre los árboles.
-¡Ya vienen! -dijo Carmen levantándose de un salto-. No pueden encontrarlos aquí. Hay un pasadizo bajo el suelo que lleva hasta el río. Tomen esto -nos dio dos linternas y una pequeña daga a cada uno-. Yo los entretendré el mayor tiempo posible. Vayan al molino, recuperen el libro, y luego... reúnanse conmigo en la vieja iglesia.
-No te quedes tú sola -supliqué.
-No me preocupen por mí -respondió ella con una media sonrisa llena de valentía-. Yo llevo esperando este momento toda mi vida. ¡Ahora corran!
Bajamos rápidamente por la trampilla del suelo justo cuando golpeaban la puerta. Caminamos agachados por el túnel oscuro escuchando las voces y los gritos desde arriba, hasta que el camino nos llevó a la orilla del río. El agua estaba fría y turbulenta, y la luna se ocultaba entre las nubes.
-El molino está río arriba -dijo Damian tomándome de la mano-. Es un camino peligroso, pero es la única forma de llegar sin que nos vean.
Avanzamos casi una hora, ayudándonos mutuamente para no resbalar en las piedras mojadas. Cuando por fin vimos la silueta del viejo molino entre la niebla, nos detuvimos en seco. La puerta estaba entreabierta, había huellas frescas en el lodo... y desde adentro salía una luz tenue.
Alguien ya había llegado antes que nosotros.
Nos acercamos sigilosamente, y desde la ventana rota pude ver dentro: había dos hombres armados esperando. Y sobre la mesa del centro, justo donde debía estar el libro, había una nota puesta con cuidado. Escrita con la letra perfecta y cruel de Mara decía: "Gracias por indicarme el camino. Ya es demasiado tarde."
En ese instante, la puerta del molino se cerró de golpe desde dentro y escuché el cerrojo echándose. ¡Nos habían encerrado fuera! Y detrás de nosotros, rodeando la orilla del río, aparecieron más sombras con antorchas. Estábamos atrapados entre el río y nuestros perseguidores, sin salida, y Mara ya tenía la ventaja.