Cuando no queda tierra firme, confía en lo que nadie se atreve a cruzar.
📖 CAPÍTULO 9:
El agua golpeaba fuerte contra las piedras justo detrás de nosotros, fría y turbulenta. Delante, media docena de hombres avanzaban despacio, rodeándonos por ambos lados, mientras sus antorchas iluminaban el camino sin dejarnos ningún hueco por donde escapar. Damian me pegó a su lado, poniéndose entre mí y ellos, y vi cómo apretaba los puños preparándose para luchar aunque sabía que eran muchos más.
—¡Ríndanse! —gritó uno de ellos con voz ronca—. La señora Mara dijo que si se entregan sin pelear, no les haremos daño. ¡No tienen escapatoria!
Miré hacia atrás: el río bajaba crecido, arrastrando ramas y piedras con fuerza. Nadie se atrevería a meterse ahí, era casi un suicidio... pero justo en ese momento recordé lo que había escrito en una hoja vieja del diario: “El agua que da vida también protege a quien confía en ella”. Y al mirar con más atención entre la maleza a la orilla, vi una estructura oculta: una compuerta vieja de madera y hierro, casi enterrada en el lodo, que parecía llevar hacia adentro de la tierra.
—¡Por aquí! —le susurré a Damian agarrándole del brazo—. ¡Confía en mí!
Antes de que los hombres se acercaran más, nos agachamos y corrimos hacia la compuerta. Estaba atascada y pesadísima, pero empujamos juntos con todas nuestras fuerzas hasta que crujió y se abrió de golpe dejando salir un chorro de agua helada. Nos metimos de inmediato y la cerramos tras de nosotros justo cuando los primeros perseguidores llegaban al lugar. Escuché sus gritos y los golpes contra la madera, pero la vieja estructura aguantó firme.
Quedamos en total oscuridad, solo iluminados por el reflejo pálido del agua que corría por el suelo bajo nuestros pies. El aire olía a humedad y musgo, y el pasadizo era tan bajo que teníamos que caminar agachados.
—Este es el viejo canal de agua —explicó Damian en voz baja—. Lo construyeron para mover el molino, pero conecta con todo el subsuelo del pueblo. Si logramos llegar hasta el final, saldremos mucho más abajo, lejos de donde nos buscan.
Caminamos durante lo que pareció una eternidad, tropezando con piedras y sintiendo el frío calarnos hasta los huesos. De repente, el camino se abrió en una pequeña cueva natural, y en el centro vimos algo que nos detuvo en seco: apoyado contra la pared, estaba el libro de sellos original. Estaba ahí, intacto, esperándonos.
—¿Por qué lo dejó aquí? —pregunté confundida al tomarlo entre mis manos—. Ella dijo que se lo había llevado.
Damian pasó la mano por la cubierta y encontró una nota pegada por detrás. Al leerla, su expresión se endureció:
—No lo dejó por error. Dice: “Es solo un regalo. Para que sepan la verdad completa antes de morir”. Nos está guiando. Todo esto es una trampa perfectamente planeada.
Justo en ese momento, escuchamos que el agua empezaba a subir rápido. El nivel crecía a ojos vistas, cubriéndonos ya los tobillos y siguiendo subiendo. Mara había cerrado la compuerta principal desde fuera: quería ahogarnos ahí dentro junto con toda la verdad.
—¡Tenemos que movernos ya! —gritó Damian tomándome de la mano—. ¡Hay una salida de emergencia cerca, pero está a punto de inundarse!
Corrimos como pudimos mientras el agua nos llegaba ya a las rodillas, luego a la cintura. El libro y los pergaminos los llevaba levantados por encima de mi cabeza para que no se mojaran. El pasadizo se hizo cada vez más estrecho y oscuro, hasta que de pronto vimos una luz tenue arriba: unas escaleras de piedra que subían hacia una rejilla.
Damian me ayudó a trepar primero, y cuando ya casi estábamos a salvo, escuchamos un ruido fuerte detrás nuestro: una corriente inmensa de agua nos golpeó por la espalda empujándonos con fuerza. Me aferré a los peldaños con todas mis fuerzas, pero vi que Damian resbaló y desapareció bajo el agua turbia.
—¡DAMIAN! —grité con todas mis fuerzas, mirando el agua que ya cubría todo el suelo y no dejaba ver nada.
No hubo respuesta. El silencio solo se rompía por el sonido del agua llenando el túnel. Y yo estaba arriba, a salvo por un instante, pero sola, sin saber si él había logrado salir o si se había llevado la corriente para siempre...