Una mentira se repite mil veces; la verdad solo necesita decirse una vez.
📖 CAPÍTULO 11:
La gente se abalanzó hacia nosotros, gritando y empujando, pero Damian y yo no retrocedimos ni un paso. Nos mantuvimos firmes, hombro con hombro, mientras Carmen se colocaba a nuestro lado mirando a todos con firmeza.
—¡Esperen! —grité con todas mis fuerzas, levantando el libro antiguo lo más alto que pude—. ¡Escúchenme antes de juzgarnos!
Mi voz se impuso por un instante entre el alboroto. Todos se detuvieron un momento, y aproveché esa pausa para hablar claro:
—No hemos venido a hacerles daño. Hemos venido a devolverles lo que les han robado durante años: la verdad. La "maldición" que les han contado no existe. Es una mentira para tenerlos asustados, callados y obedientes.
Mara gritó desde arriba:
—¡Mienten! ¡Esas hojas falsas no valen nada! ¡Atrápenlos!
—¿Falsas? —intervino Damian con voz potente—. Entonces expliquen por qué llevan el sello de ambas familias, el mismo que está grabado en la cripta bajo su plaza. Expliquen por qué Elvira, a quien todos conocen y respetan, lo guardó toda su vida para el día en que alguien tuviera el valor de venir.
En ese momento, Tobías, a pesar de estar atado y débil, alzó la voz desde el balcón:
—¡Dicen la verdad! —todos se giraron hacia él sorprendidos—. Yo lo vi todo. Ella ordenó silenciar, amenazar y mentir para quedarse con el poder.
Un murmullo recorrió la multitud. La duda empezó a ganar terreno. Mara, perdiendo el control, dio una orden seca a sus hombres:
—¡Arréstenlos ya! No dejen que sigan hablando.
Pero antes de que pudieran movernos, varios habitantes del pueblo se interpusieron entre nosotros y ellos. Gente que siempre había callado, que había tenido miedo, ahora empezaba a atreverse.
—Que hablen —decían—. Queremos saber la verdad.
Viendo que ya no podía controlar a la gente, Mara dio media vuelta y desapareció del balcón.
—¡Va a intentar terminar el ritual sola! —dijo Carmen—. ¡Si llega a la cámara oculta antes de que la detengamos, será demasiado tarde!
—La mayoría de ustedes nos ha conocido poco —les dije a todos—, pero les pido que nos acompañen. Vengan con nosotros y vean con sus propios ojos lo que ha ocultado. ¡Recuperen su pueblo!
Cientos de personas empezaron a caminar detrás de nosotros. Juntos nos dirigimos hacia la entrada secreta que llevaba al corazón oculto de Valle Negro. Sabíamos que Mara ya iba adelante, preparando lo que faltaba, pero ahora ya no estábamos solos.
Al llegar a la entrada de piedra, vimos que estaba entreabierta y desde adentro salía una luz extraña y un zumbido que hacía vibrar el suelo.
—Se está apresurando —dijo Damian—. Vamos.
Entramos primero él y yo, mientras Carmen y los demás esperaban afuera listos para ayudarnos. Caminamos rápido hacia la cámara principal, pero al llegar al gran salón circular, nos detuvimos en seco. Mara ya estaba ahí, de pie frente a una piedra brillante, y al girarse hacia nosotros tenía una mirada que ya no parecía humana.
—Llegaron tarde —dijo con voz que no sonaba como la suya—. El poder ya es mío. Y ahora, ninguno de ustedes podrá detenerlo.
La piedra empezó a brillar con tanta intensidad que nos cegó, y sentimos que una fuerza invisible nos empujaba hacia atrás, pegándonos contra la pared sin poder movernos ni un solo dedo.