El poder que se toma por la fuerza, siempre termina destruyendo a quien lo quiere tener solo.
📖 CAPÍTULO 12:
No podíamos movernos ni un milímetro. Sentíamos como si el aire mismo se hubiera vuelto sólido, aplastándonos contra la fría piedra de las paredes. La luz que salía del centro del salón nos quemaba los ojos, y el zumbido se había convertido en un ruido ensordecedor que nos hacía doler la cabeza.
Mara reía, pero no era una risa normal: se escuchaba rota, mezclada con ecos que parecían venir de todas partes a la vez.
—¡Por fin es mío! —gritó con voz cambiada—. ¡Todo lo que me negaron toda mi vida, ahora lo tengo yo! Nadie me volverá a decir qué hacer, nadie se interpondrá en mi camino.
Pero vi que sus manos temblaban. La energía que salía de la piedra la golpeaba a ella también, le hacía daño. Quería todo el poder para sí sola, pero nadie podía cargar con él solo: estaba hecho para compartirse entre las dos familias, en equilibrio. Al intentar apoderarse de él sola, se estaba volviendo su propia víctima.
—¡Mara, escúchame! —alcancé a gritar con lo poco que me quedaba de aire—. ¡No puedes controlarlo sola! ¡Te destruirá antes de que logres nada!
Ella me miró con odio, pero en sus ojos también vi miedo.
—¡Cállate! ¡Tú no sabes nada! ¡Todo lo que tengo lo gané a pulso!
—¡No lo ganaste! —intervino Damian, haciendo un esfuerzo sobrehumano por hablar—. ¡Lo robaste, lo mentiste y lo ensuciaste! Este poder es para proteger a todos, no para mandar sobre ellos. ¡Suéltalo antes de que sea demasiado tarde!
Ella negó con la cabeza y se acercó más a la piedra, pero en ese momento una descarga fuerte la golpeó de lleno en el pecho. Retrocedió tambaleándose, y la fuerza que nos tenía inmovilizados se debilitó lo suficiente para que pudiéramos movernos.
—¡Ahora! —me dijo Damian tomándome de la mano—. ¡Tenemos que hacerlo juntas nuestras fuerzas!
Corrimos hacia el centro, mientras ella intentaba levantarse furiosa. Abrimos el libro antiguo sobre la piedra y pusimos nuestras dos manos juntas sobre la superficie brillante, justo donde estaba grabado el símbolo de las dos familias unidas. Al tocarlo juntos, una luz cálida y dorada salió disparada hacia afuera, empujando la energía oscura que ella había desatado.
El suelo tembló con fuerza, las paredes crujieron y desde afuera escuchamos los gritos de la gente que esperaba. Mara cayó de rodillas, agotada, derrotada por su propia codicia.
—No puede ser... —susurró mirando sus manos—. Yo debía ser la más fuerte.
—Nadie es fuerte estando solo —le dije acercándome despacio—. Elvira lo sabía, tus padres lo sabían. Tú lo olvidaste.
Justo cuando todo parecía calmarse, la piedra empezó a parpadear con desesperación. El equilibrio se había roto demasiado tiempo, y ahora se estaba desestabilizando por completo. Una gran grieta se abrió en el suelo justo debajo de nosotros, y el ruido se volvió aterrador.
—¡Se va a derrumbar todo! —gritó Damian—. ¡Tenemos que salirnos ya!
Ayudamos a levantar a Mara, que estaba demasiado débil para caminar sola, y corrimos hacia la salida. Pero al llegar al pasadizo principal, vimos que una gran roca había caído bloqueando el camino por completo. Y detrás de nosotros, el techo empezaba a caer pedazos. Estábamos atrapados en el corazón de la montaña, y se venía abajo encima nuestro.