Cuando todos los caminos se cierran, la esperanza abre uno nuevo.
📖 CAPÍTULO 13:
El estruendo ensordeció todo el lugar. Una nube de polvo y escombros nos envolvió por completo, obligándonos a cubrirnos la cara y agacharnos mientras trozos de roca caían a nuestro alrededor. El camino por el que habíamos entrado había desaparecido, bloqueado por una pared de piedra inmóvil e infranqueable. El suelo seguía temblando bajo nuestros pies, y de las grietas salía un aire caliente y pesado.
-¡No hay forma de mover eso! -gritó Damian sobre el ruido, empujando con todas sus fuerzas la enorme roca que cerraba el paso-. ¡Es demasiado pesada!
Mara se dejó caer contra la pared, pálida y vencida.
-Es el castigo -murmuró con voz quebrada-. Todo lo que hice mal, ahora lo pago aquí mismo. Nunca debí querer tenerlo todo para mí.
Me acerqué a ella y le tomé la mano.
-Aún no hemos perdido. Mientras respiremos, hay una salida. Elvira siempre decía que cuando una puerta se cierra, otra aparece si sabemos buscarla.
Me puse de pie y miré a mi alrededor con más calma, ignorando el miedo que me helaba el pecho. En medio de todo el caos, vi algo que antes no se notaba: justo al lado de la piedra brillante, el suelo se había partido en una dirección distinta, y de esa grieta salía un aire fresco y limpio, muy distinto al polvo que nos rodeaba.
-¡Por aquí! -les señalé con emoción-. ¡Hay algo más!
Nos arrastramos con cuidado hasta esa nueva abertura. Era baja y estrecha, pero se podía pasar. Ayudamos a Mara a levantarse y los tres entramos avanzando despacio, tanteando las paredes mientras detrás nuestro seguían cayendo escombros que cerraban cada vez más el lugar que dejábamos atrás.
Caminamos así varios minutos en la oscuridad total, guiándonos solo por la brisa que nos indicaba que nos acercábamos a la superficie. Poco a poco el camino se fue ensanchando, y al final del túnel vimos una luz tenue y natural. Al salir, nos encontramos en el viejo mirador de la montaña, justo sobre el pueblo, con el aire fresco de la noche y las primeras estrellas apareciendo en el cielo.
Abajo, toda la gente nos esperaba en silencio, mirando hacia arriba con esperanza. Pero justo cuando íbamos a bajar, Mara se detuvo y nos miró a los dos con una expresión muy seria.
-Yo no puedo bajar todavía -dijo-. Debo arreglar todo el daño que hice, cara a cara y pagando lo que merezco. Pero antes, quiero darles esto.
Sacó de su bolsillo un pequeño pergamino que había guardado todo este tiempo.
-Es la última parte del acuerdo original. Con esto, ustedes dos podrán gobernar y proteger este pueblo juntos, como debió haber sido siempre. Lila, perdóname por todo lo que te hice. Y Damian... cuídala, ella es la única que pudo lograr lo que nadie más.
Se dio la vuelta y tomó un camino distinto que bajaba hacia el bosque. Antes de que pudiéramos decirle algo, se perdió entre la niebla. Y en ese momento, vimos que desde la cueva dejada atrás salía una luz blanca y serena que subía hacia el cielo: la piedra se había estabilizado, y la energía antigua ya estaba bajo control, gracias a que habíamos actuado unidos.
Pero la calma duró muy poco. De repente, escuchamos un grito desgarrador que venía desde la plaza. Al mirar hacia abajo, vimos que entre la gente aparecían unas sombras extrañas que no habíamos visto antes, y que todos señalaban hacia el bosque gritando: ¡Vienen los que estuvieron escondidos todo este tiempo! ¡El verdadero peligro apenas comienza!