La Marca De Ceniza

CAPÍTULO 1. LA NOTIFICACIÓN

En Nerath, nadie preguntaba qué clase de persona eras.

Preguntaban cuándo te habían registrado.

La diferencia parecía pequeña, pero Liora Vale sabía que no lo era. En una ciudad construida alrededor de la clasificación biológica, una fecha podía decir más sobre una persona que su nombre.

Los alfas tenían sus propias normas, los betas ocupaban gran parte de los puestos administrativos y de gestión, y los omegas aprendían desde pequeños que su naturaleza podía convertirse en un dato público capaz de decidir dónde vivirían, con quién podrían establecer determinados vínculos y hasta qué grado de libertad tendrían sobre su propia vida. Todo estaba organizado bajo una palabra que aparecía en edificios, documentos, anuncios y discursos oficiales: protección.

Liora siempre había pensado que aquella palabra era una forma elegante de llamar al control.

A sus veintidós años había aprendido a no discutirlo demasiado en voz alta. No porque hubiera cambiado de opinión, sino porque había descubierto que en Nerath algunas opiniones eran más peligrosas cuando se pronunciaban delante de la persona equivocada. Trabajaba en el Archivo Civil, donde pasaba buena parte de sus días rodeada de expedientes, registros y documentos que hablaban de personas a las que jamás había conocido. Había visto miles de historias reducidas a unas pocas líneas: nombre, naturaleza secundaria, fecha de nacimiento, vínculos reconocidos, cambios de domicilio, autorizaciones, restricciones. A veces pensaba que lo más inquietante del Registro Biológico no era que supiera tantas cosas sobre los ciudadanos, sino que consiguiera que casi todos aceptaran que tenía derecho a saberlas.

Aquella mañana, sin embargo, fue su propio nombre el que apareció en uno de aquellos documentos.

La notificación había llegado poco después de las ocho. No era una carta normal. El sobre tenía el sello de prioridad del Registro Biológico Central de Nerath y no llevaba remitente visible. Liora lo había abierto de pie, todavía con el abrigo puesto, esperando encontrar alguna comunicación administrativa relacionada con su trabajo. En lugar de eso, encontró una hoja blanca con el encabezado oficial y una frase que tardó unos segundos en comprender.

REGISTRO BIOLÓGICO CENTRAL DE NERATH. NOTIFICACIÓN DE EVALUACIÓN EXTRAORDINARIA. CIUDADANA: LIORA VALE. HORA: 10:30. PRESENCIA OBLIGATORIA.

Debajo aparecía una advertencia sobre las consecuencias de no presentarse y sobre la posibilidad de que determinados derechos civiles quedaran temporalmente afectados mientras se resolvía la incidencia registrada en su expediente.

Liora volvió a leerlo.

Después lo leyó una tercera vez.

No había ninguna explicación.

Solo una dirección, una hora y la palabra extraordinaria.

Aquello era lo que más le molestaba. En Nerath, cuando una institución no explicaba algo, casi siempre significaba que alguien había decidido que no necesitabas conocer la razón.

Dejó la notificación sobre la mesa y se quitó el abrigo. Durante unos segundos se quedó inmóvil, mirando el papel. Después bajó la vista hacia su muñeca izquierda.

La marca seguía allí.

Era pequeña, apenas una forma de media luna atravesada por una línea que parecía incompleta. La tenía desde que podía recordar. No le dolía ni había cambiado de forma con los años, y durante mucho tiempo había sido simplemente eso: una marca de nacimiento. Cuando era niña le había preguntado a Mara qué significaba. Su madre había respondido sin darle importancia que algunas personas nacían con pequeñas marcas y que no había nada especial en ellas.

Liora había aceptado aquella respuesta porque, de niña, aceptaba casi todo lo que Mara decía.

Más tarde había dejado de hacerlo.

Durante la adolescencia había buscado símbolos parecidos en antiguos registros, libros médicos y documentos que podía consultar gracias al trabajo de Mara. Había encontrado lunas, círculos, líneas, marcas hereditarias y todo tipo de anomalías, pero nunca había encontrado una igual a la suya. Nunca había encontrado una explicación que encajara. Al final había dejado de buscar. Al menos eso se había dicho a sí misma.

Ahora volvió a mirar la marca y sintió una incomodidad que no sabía explicar. No podía evitar pensar que la palabra extraordinaria tenía algo que ver con ella.

También había otra cosa que no encajaba. La dirección de la notificación no era la habitual para una evaluación administrativa y el sello de prioridad significaba que alguien había solicitado que su expediente recibiera un tratamiento diferente. Liora trabajaba con documentos suficientes para saber que aquello no era casualidad.

Y Mara también lo sabía.

Lo comprendió en cuanto entró en la cocina.

Mara estaba junto al fregadero, limpiando una taza que ya estaba limpia. Lo hacía despacio, pasando el paño por el mismo lugar una y otra vez, como si necesitara mantener las manos ocupadas. Tenía cincuenta y un años, el cabello oscuro empezando a mostrar algunas canas y una expresión cansada que Liora había aprendido a reconocer incluso cuando intentaba ocultarla.

—Me han enviado esto —dijo Liora, dejando la notificación sobre la mesa.

Mara levantó la vista.

Durante un instante no dijo nada.

Fue apenas un segundo, pero Liora lo vio. La mirada de su madre pasó del papel a su rostro y después volvió al papel. No parecía sorprendida por la existencia de la notificación. Parecía preocupada por que hubiera llegado.

—¿Cuándo es? —preguntó finalmente.

Liora la observó con atención..

—A las diez y media.

Mara dejó la taza sobre la encimera.

—¿Sabes por qué me han llamado?
Mara no respondió inmediatamente. Fue apenas un segundo, pero Liora lo vio. Después negó con la cabeza.

—No.

—No te creo.

Mara cerró los ojos un instante. No parecía enfadada. Parecía cansada.




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