René entró a la habitación pensando que encontraría a Álex ya dormida, pero no era así. Estaba en la cama viendo algo en su móvil y levantó la cabeza cuando lo oyó llegar.
—Uy, que serio ¿Pasa algo?—era raro verlo así.
—Nada, hermanas insoportables—no le apetecía dar más explicaciones.
—¡Qué me vas a contar! No creo que Mía sea insoportable, es una muchacha curiosa, un poquito echá palante, como decimos por aquí y puede que un pelín intensa, pero es tu hermana y te quiere tanto como tú a ella.
—¿Desde cuándo te volviste defensora de Mía?—se sentó al otro lado de la cama.
—Desde que asumiste el papel de mi defensor ¿Quizás?—lo miró fijamente y él tuvo que apartar la vista de ella, estaba consiguiendo intimidarlo—Sé lo que estás haciendo y desde ya te digo que lo dejes. Aunque parezca mentira, soy muy capaz de librar mis propias batallas, siempre lo he hecho y lo último que quiero es que el poco tiempo que tienes con ellas lo paséis discutiendo por mí.
—¿Lo has…?
—Lo he escuchado todo, y me siento fatal René, de verdad. Tenéis que hablar y dejar de pelearos por insignificancias. Déjalas que digan y hagan lo que quieran, te puedo asegurar que a mí no me ofenden, en serio.
—Si lo decís para hacerme sentir mejor…
—Creo que lo poco que me conoces, sabes perfectamente que nunca digo o hago algo para complacer a nadie si no lo siento.
—Cierto. A parte que nunca supiste mentir—eso consiguió tranquilizarlo y creerla.
—¿Ves? Tú mismo lo has dicho. Al final se nos va a dar bien ser amigos y todo.
—Eso parece…—se levantó lentamente—Voy a cambiarme, ha sido un día largo.
René desapareció de allí y Álex volvió a mirar el móvil, Noe ya le había respondido y finalmente aceptó la idea de Valentina y Mía e iría allí al día siguiente. Instantes después, el joven volvió, se metió en la cama y apagó la luz.
En la oscuridad, percibió un aroma dulce, diferente al que había podido oler esa misma mañana, pero igual de atrayente.
—¿Qué es ese olor?—preguntó en voz alta.
—¿Este?—Álex alargó el brazo para acercárselo.
—Sí, ese ¿Qué es?
—Bálsamo labial. Con el frío se me cortan los labios, a veces me salen heridas y es muy doloroso—le explicó—¿Huele mal?
—No, para nada… Está bueno eso, hay que cuidarse—no sabía que responder y le soltó lo primero que se le vino a la cabeza tras ser noqueado por segunda vez en el mismo día—¿Te puedo preguntar algo?
—Ya se ha vuelto una costumbre preguntar cosas antes de dormir… Tú dirás.
—¿Por qué dejaste de cantar? Tiene que haber una razón y se me hace medio injusto que, si sos tan buena, no lo aproveches—sabía que se la estaba jugando preguntándole algo así y que probablemente jamás respondería.
—La pregunta del millón…—Álex respiró hondo—Para empezar, no soy tan buena, todos exageran, no les hagas ni caso, siento desilusionarte.
—Siempre tendés a infravalorarte, así que… ¿A quién debo creer? ¿A ellos o a vos? A no ser que me dejés escucharte algún día—René no necesitaba una prueba porque ya la tenía, pero ella nunca lo sabría—¿No me vas a responder a la pregunta?
—Dejé de cantar cuando mi padre murió—confesó finalmente—Yo cantaba por y para él, sobre todo cuando cayó enfermo. Mi madre siempre me decía que yo era su mejor medicina, aunque en esa época yo no tenía ni idea que él se iba a ir. Cuando todo pasó, yo no quise volver a hacerlo durante muchos años.
—Entonces sí volviste a hacerlo ¿No?—una parte de él lamentaba que Álex tuviera que recordar la peor época de su vida, pero otra, quería saberlo todo de ella.
—Juanmi también canta y cuando éramos adolescentes me convenció para grabarnos cantando y hacernos super famosos. Pero cuando su actual representante nos descubrió, ni siquiera sé cómo fue eso, me eché atrás. Yo no estoy hecha para ser el centro de atención, no me gusta. Además, justo entonces fue cuando le detectaron la enfermedad a mi madre y…otras cosas de las que no merece la pena hablar ¿Responde eso a tu pregunta?
—Claro que sí, gracias por la confianza. Podés devolverme el golpe si querés, creo que es lo justo después de todo.
—¿Recuerdas algo de tu padre? ¿Has vuelto a saber algo de él?
—Buen golpe querida… Lo poco que recuerdo de él cuando estaba chico, es todo malo. Trataba mal a mi mamá, a mis hermanos y a mí. La poca plata que mi madre conseguía reunir con mucho esfuerzo, él se la gastaba en sus vicios horrendos. El día que se fue y nos dimos cuenta que nunca más volvería, fue el más feliz para nosotros. A partir de entonces, comenzamos a vivir.
—Siento mucho que tuvierais que pasar por eso. Pero como dicen por ahí, no hay mal que por bien no venga.
—Tenés razón…Y lo de si volvimos a saber de él, desgraciadamente sí. En cuanto supo que uno de sus hijos tenía guita, no dudó en acercarse de nuevo. Lástima que pensó que el del dinero era mi hermano Rocco y no yo. El muy imbécil no sabe ni distinguir a sus hijos, por suerte yo no lo vi porque ya estaba acá. Mi hermano se encargó de dejarle lo más claro posible que si volvía a acercarse a cualquiera de nosotros, lo lamentaría. Y como es un cobarde por naturaleza, no ha vuelto hacerlo.