-¿Se encuentra bien? - preguntó Room.
- Sí - respondió Kent con cierto nerviosismo -, estoy bien. Sólo estaba pensando, pensando en la excursión en el Everest.
- Ah, sí - dijo Room -. Claro, la excursión. Debió haber sido una experiencia bastante traumática para usted. ¿No es cierto? Lo lamento mucho, pero debería sentirse agradecido de haber salido de allí con vida. Eso fue un milagro, como dicen los creyentes.
- Sin dudas lo fue - dijo Kent-. ¿Y ha sabido de alguna novedad?
- Parece que van a traer un nuevo armamento - dijo Room-, aunque sinceramente no sé de qué pueda servirles. Esa máquina sabe dónde estamos, interpreta nuestros movimientos y no deja de observarnos incluso a través de nuestros propios satélites. Yo expuse ya mi propuesta, y no ha sido tomada en cuenta, así que no tengo por qué intervenir en lo que los otros quieran hacer. Si desean hacerlo a su modo, que lo hagan así. Olvidan que no es poco lo que sé acerca de esa maquinaria. Crane y yo hemos sido los últimos que la hemos visto, revisado y perfeccionado antes de que la envíen al espacio exterior. Bueno, más precisamente, Crane ha sido el último, pero él ya no puede compartir con nosotros sus conocimientos.
- En tal caso - dijo Kent-, no sabemos si Crane no realizó alguna última modificación de la cual no sabemos nada.
- Supuestamente indicó esos "últimos retoques" en el registro de actividades del laboratorio - dijo Room-, pero nadie puede estar absolutamente seguro de que esos hayan sido, efectivamente, los últimos. Eso es cierto, pero tampoco hay motivos para sospechar que hubo otros posteriores. ¿Por qué le resulta tan importante esto? ¿Cree que la máquina pueda poseer alguna cualidad de la que no sabemos nada, absolutamente nada?
- No lo sé - dijo Kent-, no entiendo por qué nos cuesta tanto localizarla, saber el sitio exacto en el que se encuentra. Yo sé que su tamaño y su forma pueden variar, ¿pero hasta qué punto? ¿Podría estar escondida, por ejemplo, debajo de una piedra submarina?
- Claro que podría - afirmó Room-, pero, aunaun así, si estuviera allí deberíamos poder localizarla con los recursos que todavía nos quedan, a no ser que los neurones también los hayan atacado.
- ¿Y cree que pudieron haberlos atacado? - preguntó Kent.
- No tenemos comunicación con ninguna de nuestras bases- dijo Room-, no podemos saber qué sucede fuera del radio de nuestro propio operativo. Incluso nuestros teléfonos personales han quedado inhabilitados. No, no podemos saber si eso ha sucedido.
Un grupo de refugiados empezó a desplazarse desde aquel sector al siguiente. Posiblemente otra reorganización de la concurrencia recomendada por Fast o por quien en ese momento haya adquirido la autoridad necesaria para implementar esos cambios.
Kent y Room simplemente miraban al contingente que se alejaba, si saber exactamente qué pensar acerca de lo que estaban viendo.
Editado: 21.10.2026