No sabía si decirlo, si confesar que se encontraba completamente desorientado.
Mucha gente dependía de él y debía proceder con cautela.
Examinó otra vez esa pantalla y en su delicado esplendor azulado trató de adivinar alguna señal que le ayude a entender lo que estaba sucediendo.
Pero no consiguió percibir nada con suficiente claridad, y finalmente la pantalla se apagó así como se habían apagado tantas pantallas alrededor del planeta entero.
Tomó entonces su maleta y salió de la sala. Caminó solitariamente por los pasillos de aquel Centro de Control perdido entre los bosques y llegó al helicóptero. Dejó la maleta detrás de uno de los asientos. Consideró alguna posibilidad: el droide podría haberse desprendido del 99 % de su estructura corporal, quedando reducido a su núcleo intelectual con algún que otro medio de desplazamiento.
Era posible, claro. Pudo haberlo hecho para esconderse o porque, en su huida, esas partes descartadas sufrieron alguna avería. Pero tenía que haber algo más, un recurso más...
Subió. Dentro de la cabina todavía se preguntaba si era una bujía lo que había visto en esa pantalla, tendida en el fondo del mar, como el vestigio de un naufragio sobre el cual a veces caminaba algún crustáceo o que acariciaban las algas sin proponérselo. Tenía el aspecto, la forma, el color de una simple bujía, pero Fast sabía a qué otra cosa podrían corresponder esas características. Ya había visto algo parecido, alguna vez, hacía muchos años, en el plateado recipiente de un penumbroso laboratorio del cual deseaba irse para siempre.
Aunque no estaba seguro, no. La visión había durado apenas un instante.
Uno de los camiones militares que habían participado de la evacuación de la ciudad regresaba del refugio y se dirigía hacia donde Fast estaba a punto de hacer despegar ese helicóptero.
El camión se detuvo, y después vio a un militar que se acercaba a él.
- Lo estábamos buscando, ingeniero- le dijo -. ¿Se encuentra bien?
- Estoy bien- dijo Fast-. Se me ocurrió usar el Centro de Control de Emergencia que está aquí, a menos de un kilómetro. Tenía la esperanza de que todavía esté funcionando. Funcionaba, en efecto, pero ya no. De manera que ahora no contamos con ningún medio de rastreo satelital. Lo siento.
El militar lo miró con cierta perplejidad. Parecía no haber entendido de qué hablaba Fast. Era un hombre moreno, fornido, pero con un rostro agradable, casi cómico.
- ¿Entonces? - dijo- ¿Qué haremos con la gente que hemos amontonado en el refugio? ¿Qué les digo?
- No puedo responder a todas las preguntas - dijo Fast-. Sólo acepté hacerme cargo del operativo provisoriamente, estoy tan desconcertado como cualquiera de ustedes y ni siquiera dispongo de un Centro de Control que funcione. Lamentablemente, esto se ha complicado demasiado, mucho más de lo que yo esperaba. Mi temor es que... Mantenga a esa gente allí, es el lugar más seguro en estos momentos. Mi temor es que el droide se haya instalado en un punto estratégico del planeta, desde el cual pueda influir en toda su estructura. En algún lugar de la Tierra hay una piedra que, si fuera movida, desataría un caos global. Una piedra, o el curso de un río, o lo que sea. Nadie ha localizado nunca ese punto, pero una mente como la que estamos persiguiendo podría escanear nuestro planeta por completo, entender su configuración, hallar su punto más débil. Alguna vez se pensó que ese punto era la Falla de San Andrés, o el volcán Krakatoa, pero no, hay una zona aún más sensible que conecta incluso estas dos regiones de alta concentración energética. Y debemos tomar en cuenta también que el droide puede convertir cualquier elemento artificial en una parte de su cuerpo. Bien, eso ya lo sabemos, pero lo que no sabemos es si no puede hacer lo mismo con cualquier elemento natural, si no puede adaptarlo a sí mismo o adaptarse él a cualquier componente de la naturaleza. ¿Cómo pudo mover aquella montaña? ¿Cómo pudo abarcar todo su fundamento y desestabilizarlo o encontrar el punto exacto con el que podría causar un derrumbe general? Imagínese que pueda manipular los elementos naturales como lo hace con los artificiales. Apoderarse así de nuestro planeta, dejando a la humanidad entera a su merced, controlando los cursos de agua, las placas tectónicas, el clima y la duración de los días. Hacer de la Tierra una parte más de su cuerpo...
- Nunca se mencionó algo así - dijo el militar -, nunca nadie dijo que eso fuera posible. ¿Por qué se le ocurre pensar que eso pueda suceder?
Fast no respondió. Desvío su mirada hacia los bosques que ocultaban aquel Centro de Control ya inutilizable. "Hay una piedra, en algún lugar de nuestro planeta, que si fuera movida causaría una catástrofe universal", había dicho Hatcher, alguna vez, en alguno de aquellos laboratorios secretos. No se necesitaba demasiada fuerza, según él, para aplastar a toda una civilización, sino sólo encontrar ese punto exacto...
- Vuelva - le dijo finalmente al militar -, lo necesitarán en el refugio. Yo iré en busca de Hatcher. Creo que él sabe algo más... Algo, no sé... Creo que sería oportuno encontrarlo y hablar con él.
- No lo he visto en el refugio - dijo el militar -, ni en los vehículos de traslado.
- Está bien - dijo Fast-, yo me encargaré de eso, y luego regresaré al refugio. No puedo hacerlo ahora, no sin una respuesta. Trate de tranquilizar a los que estén allí, yo iré apenas pueda hacerlo. Ahora lo entiendo, Hatcher, su teoría del fin de otras civilizaciones, la expedición a la selva... Su sospecha acerca de un cataclismo tan poderoso que pudo haber partido en pedazos a la maquinaria de oro que lo provocó... Todo esto siempre estuvo relacionado, siempre tuvo algo en común, algo que sólo Hatcher, hasta ahora, presentía.
El militar dio unos pasos hacia atrás mientras el helicóptero empezaba a elevarse. Lo vio perderse entre las nubes de uno de los peores días de su vida. Luego, regresó a su vehículo, donde aún perduraba el aroma de los refugiados, una mezcla de perfumes y de olores a sudor, a ropa vieja y apresurado equipaje. Ya desprovistos de voces y de rostros, lo envolvieron como fantasmas en busca de un poco de calor humano apenas tomó asiento.
Editado: 21.10.2026