La Mentira [saga Contratos del Corazón #1]

Capítulo 43: Construyendo un Reino

=El Loft, Lauría - Mañana=

La mañana siguiente se sintió como el primer día de un mundo nuevo. La tensión que había impregnado el loft como un veneno se había disipado, reemplazada por una intimidad silenciosa y profunda. Andrea se despertó antes que Nicolás, observando la forma en que la luz del amanecer trazaba los contornos de su rostro dormido. El monstruo y el salvador. El carcelero y el liberador. Eran el mismo hombre, y ahora, por fin, era suyo. Y ella era de él.

Más tarde, después del desayuno, él la llamó a su estudio. La puerta, que antes había sido una barrera entre sus mundos, ahora permanecía siempre abierta. En la pantalla gigante, no había planes de guerra ni ataques corporativos. En su lugar, había un complejo organigrama de fideicomisos, corporaciones y activos.

—Esto es mío —dijo Nicolás, su voz era tranquila. Se paró detrás de ella, su calor una presencia reconfortante—. No de Barreiros Corp. Mío. La fortuna que he construido en privado durante los últimos diez años.

Le mostró inversiones, empresas de tecnología que había financiado, propiedades. Era un imperio en la sombra, construido con la misma genialidad depredadora con la que había dirigido la empresa de su padre.

—Te muestro esto porque ya no eres una prisionera en mi mundo, Andrea. Eres mi socia —continuó, su mano descansando sobre el hombro de ella—. Y necesitas entender el tablero para saber cómo protegerte, para protegernos.

Le mostró los detalles del ataque al "Poseidón", la escala de la pérdida, la precisión de la traición. Andrea escuchaba, absorbiendo cada palabra, su mente de escritora buscando la narrativa, el motivo oculto.

—Fue un golpe brillante —dijo él—. Humillante. Me dejó vulnerable.

—No —respondió Andrea en voz baja, sin apartar la vista de las cifras—. Fue un error.

Nicolás la miró, sorprendido.

—¿Un error? Me costó casi mil millones de dólares.

—El dinero es secundario —dijo ella, girándose para mirarlo—. El ataque fue demasiado vistoso, demasiado público. Un empresario inteligente te habría desangrado en silencio, con mil cortes pequeños. Este ataque fue un grito. Fue diseñado para llamar la atención, para herir tu orgullo. No fue un movimiento de negocios, Nicolás. Fue un acto de pasión. De despecho. Es… personal. Quienquiera que esté detrás de Luciano no solo quiere ganarte. Quiere destruirte a un nivel emocional.

El silencio llenó el estudio mientras Nicolás procesaba sus palabras. Ella tenía razón. Cegado por la rabia y la rivalidad corporativa, no lo había visto. Había estado jugando al ajedrez, pero su oponente estaba jugando con el corazón. Y eso lo hacía impredecible. Y más peligroso.

La miró con una nueva admiración. No era solo la mujer que amaba. Era su mejor estratega.

=El Loft, Lauría - Tarde=

Mientras estaban discutiendo, el teléfono de la oficina de Nicolás sonó. Era Stella Valenti. Con una mirada a Andrea que era a la vez una pregunta y una declaración, Nicolás activó el altavoz.

—Nicolás, querido —dijo la voz de Stella, suave y confiada—. He estado analizando las repercusiones del ataque de Ferrer. Tengo algunas ideas para un contraataque devastador. Y también he estado pensando en nuestra… fusión. Creo que es el momento perfecto para mostrar una fuerza unida.

Andrea se tensó, pero Nicolás le puso una mano tranquilizadora en la espalda. Su rostro era una máscara de fría cortesía.

—Stella —dijo, su tono era educado pero glacial—, aprecio tu ayuda en el frente profesional. La alianza de nuestras empresas para desmantelar a Ferrer continuará como acordamos. Tus ideas siempre son bienvenidas.

Hizo una pausa, y el silencio que siguió fue deliberado, pesado.

—Pero quiero ser absolutamente claro. Mi vida personal no es, y nunca será, parte de ningún acuerdo de negocios. Estoy con Andrea. Ella es la mujer con la que voy a casarme. Nuestra relación es estrictamente profesional. Espero que lo entiendas.

El silencio al otro lado de la línea fue atronador. Andrea contuvo la respiración. Podía sentir la conmoción y la furia helada de Stella a través del teléfono. Cuando finalmente habló, su voz era puro hielo.

—Entendido, Nicolás. La claridad ante todo. Ha sido un placer hacer negocios contigo.

La llamada se cortó. El cabo suelto había sido cortado. Nicolás había trazado una línea en la arena, no solo para Stella, sino para el mundo entero. Se giró hacia Andrea, sus ojos grises llenos de una devoción inquebrantable.

—Nadie —dijo, su voz era un voto— se interpondrá entre nosotros de nuevo.

=Terraza del Loft - Atardecer=

Esa tarde, mientras el sol comenzaba a teñir el cielo de Lauría con tonos de naranja y púrpura, Nicolás la tomó de la mano y la llevó a la terraza. El aire era cálido, y la ciudad se extendía a sus pies como una alfombra de luces parpadeantes.

—Lo que le dije a mi padre era verdad —dijo, mirando el horizonte—. Y lo que te dije a ti también. Barreiros Corp fue mi jaula tanto como tuya. Ahora soy libre. Somos libres.

Se giró para mirarla, la luz del atardecer suavizando las líneas duras de su rostro.




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