Capítulo 10
Destiny Collins
—Es un secreto —repitió Olivia mientras me arrastraba por el pasillo.
—Entonces espero que sea realmente importante—señalé y ella soltó una risita asintiendo.
—Lo es.
Entramos en su habitación y cerró la puerta detrás de nosotras con una solemnidad que me hizo pensar que estaba a punto de contarme algo de extrema importancia.
Olivia caminó hasta el centro de la habitación. Después miró hacia la puerta y finalmente hacia la ventana, después de eso se acercó a mí y bajó la voz.
—Hoy escuché algo—empezó con la seriedad de quien comenta un secreto de estado.
—¿Algo?—repetí confundida.
Asintió.
—Una de las mamás de mis compañeras estaba hablando con otra mamá—continuó y no podía negar que eso le generó curiosidad. Por lo tanto, me senté al borde de la cama.
—¿Y qué dijeron?—quise saber. Olivia se llevó una mano a la boca, como si aquello fuera información clasificada. Demoró unos segundos en decirme, pero se decidió a soltar lo que para ella era el mayor secreto de la historia.
—Dijeron que mi papá es muy guapo—confesó y por un segundo me quedé mirándola.
Después una carcajada escapó de mis labios.
—¿Ese era el gran secreto?—contesté sin poder contener las ganas de reírme.
—¡Sí!
—Olivia, creo que medio Nueva York ya sabe eso—expresé con honestidad.
Ella frunció el ceño.
—Pero ellas estaban hablando de él.
—Bueno… eso sí es interesante—añadí nuevamente intentando contener las ganas de reírme porque esa niña honestamente podía ser todo un caso en muchas ocasiones. Así que por más fuerza que aplicara en no reírme fue imposible contenerme.
Porque, lamentablemente, la mujer que había hecho aquel comentario no estaba equivocada.
Aiden Blackwood era atractivo.
Muy atractivo.
Tenía esos ojos grises que parecían capaces de atravesarte con una sola mirada, el cabello oscuro siempre perfectamente arreglado y una expresión seria que, de alguna manera, solo conseguía hacerlo más interesante.
Y cuando sonreía…
Sacudí ligeramente la cabeza.
No.
Definitivamente no iba a pensar en eso.
—Además —continuó Olivia—, una dijo que parece un príncipe.
—¿Un príncipe?
—Sí.
—Bueno, eso ya es exagerar.
—¿Por qué?
—Porque…
Me detuve.
Porque no podía decirle a una niña de 7 años que su padre tenía cierto parecido con los protagonistas de esas novelas románticas que jamás admitiría haber leído.
—Porque es tu papá.
—Eso no responde la pregunta—se quejó cruzando los brazos.
—¿Desde cuándo haces tantas preguntas?—cuestioné intentando evadir la respuesta y ella encogió los hombros.
—Desde que nací.
Solté una risa.
—Tiene sentido.
Olivia se sentó a mi lado y me observó unos segundos que se volvieron peligrosamente eternos.
Entrecerré los ojos.
—¿Qué?—inquirí
—Nada.
—Me estás mirando raro—le hice saber y ella suspiró llevándose el dedo índice al medio de los labios mientras daba unos golpecitos.
—Estoy pensando.
Aquellas palabras deberían haberme advertido del peligro. Pero no lo hicieron.
—¿En qué?—indagué y Olivia ladeó la cabeza.
—¿Tú crees que mi papá es guapo?—lanzó la pregunta sin ningún tipo de analgésico y como siempre casi me atraganté con mi propia saliva.
—¿Qué?—la palabra salió sola de mis labios con una exageración que fue imposible contener.
Abrí los ojos de par en par, Olivia me observó tranquilamente como si acabara de preguntarme qué quería cenar.
—¿Que si creo que…?
—Sí.
—Bueno…—no pude contestar a eso, definitivamente no podía hacerlo. Mi cerebro se quedó completamente en blanco.
¿Qué se suponía que debía responder?
¿No?
Sería una mentira.
¿Sí?
Definitivamente no podía decirle eso a la hija de mi jefe.
—Yo…—volví a quedarme muda y tragué saliva.
—Tu papá es…
—¿Guapo?
—Sí, bueno…—intentaba buscar una palabra adecuada que no fuera esa, pero que fuera lo suficientemente convincente para que esta niña pudiera dejar de presionarme.
"Jamás me sentí tan incómoda en mi vida"
Pensé arrepentida de haber indagado en aquello.
Mis mejillas comenzaron a calentarse.
Olivia alzó una ceja como si no terminara de comprender que me sucedía.
"Siento que esta niña fue entrenada por el servicio secreto de los Estados Unidos"
Porque evidentemente era demasiado observadora.
—¿Por qué siempre pones cara de fantasma?
—¿Cara de fantasma?
—Sí.
—No pongo cara de fantasma—evadí y ella negó.
—Sí la pones.
—No lo hago.
—Sí lo haces, parece que fueras a desmayarte—comentó y amplié los ojos.
—Olivia…
Ella sonrió y supe inmediatamente que estaba disfrutando de mi sufrimiento. A pesar de que era una niña de 7 años, sabía bien lo que hacía y cómo incomodar a una persona.
—Creo que estás roja.
Me llevé una mano a la mejilla.
—Hace calor—mentí y ella arrugó el ceño mirando hacia la ventana.
—Está haciendo frío.
—Entonces… tengo calor interno—contesté en un intento desesperado por ocultar lo obvio.
La pequeña soltó una carcajada.
Yo también terminé riéndome.
—Bueno, ya basta—me levanté antes de que aquella conversación se volviera todavía más peligrosa.
—¿Qué te parece si leemos un libro?
Olivia asintió.
—Está bien—aceptó y pude suspirar con alivio.
Había sobrevivido. Al menos por ahora. Tomé uno de sus cuentos favoritos y me senté junto a ella.Durante los siguientes minutos conseguí concentrarme completamente en la historia.
O eso intenté.
Porque, en algún momento, mi mente volvió a traicionarme.
¿Es guapo?
La respuesta apareció inmediatamente.
Sí.
Demasiado, tanto que ni siquiera sabría cómo podía mantener la compostura frente a él...