Capítulo 13—
Destiny Collin's
El centro comercial apareció ante nosotros poco después, enorme y resplandeciente bajo el sol de la mañana. Sus fachadas de cristal reflejaban el cielo y las filas de automóviles que avanzaban lentamente hacia el estacionamiento.
En cuanto la limusina se detuvo frente a la entrada principal, Olivia pegó las manos a la ventanilla.
—¡Ya llegamos! ¡Ya llegamos!—anunció enérgicamente.
—Lo hemos notado —dije, mientras Damián descendía para abrirnos la puerta.
Olivia salió primero y esperó impaciente a que yo bajara. Aiden apareció detrás de mí, ajustándose el reloj con una calma que contrastaba por completo con la energía de su hija.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó.
Olivia señaló hacia el interior del centro comercial.
—¡Por las tiendas de vestidos!—indicó como quien da órdenes de estado.
—Me parece razonable —respondió él.
Yo me coloqué a su lado mientras Olivia nos tomaba de las manos. La niña avanzaba entre nosotros dando pequeños saltos, incapaz de contener la emoción.
—Primero veremos una tienda, después otra y después otra —anunció—. Y si no encontramos el vestido perfecto, seguiremos buscando hasta encontrarlo.
—¿Y si el vestido perfecto está en la primera tienda? —pregunté.
—Entonces tendremos que comprobar que no haya uno todavía más perfecto en la segunda—explicó con seriedad y sentí ganas de volverme humo y desvanecerme con la brisa. Miré a Aiden hablando en un tono bajo mientras la niña observaba atentamente la fila de aparadores que nos esperaban.
—¿Siempre es así?
—Cuando se propone algo, sí.
—Entonces entiendo de dónde heredó la determinación—comenté por lo bajo. Él me dirigió una mirada de reojo.
—¿Eso es un cumplido?—cuestionó y tragué saliva.
—No se acostumbre—contesté manteniendo la compostura.
Recorrimos varias tiendas. Olivia se detenía frente a cada escaparate, señalando los vestidos que llamaban su atención y describiendo con absoluta seguridad cuáles eran dignos de una princesa y cuáles no.
En una tienda encontró un vestido azul con una falda de tul.
—Ese parece de Elsa —dijo, pegando la nariz al cristal.
—Es bonito —comenté.
—Pero no tiene suficientes brillitos.
En la siguiente había un vestido amarillo con mangas abombadas.
—Ese parece de Bella —dijo Olivia.
—También es bonito —opinó Aiden.
—Pero no tiene corona.
—La corona se puede comprar aparte —señalé.
Olivia me miró como si acabara de sugerirle que asistiera a la fiesta sin vestido.
—No es lo mismo.
Después de recorrer varias tiendas, finalmente entramos en una boutique infantil cuya fachada estaba decorada con estrellas doradas y maniquíes vestidos como pequeñas princesas.
Los ojos de Olivia se iluminaron.
—¡Esta es! ¡Aquí encontraremos el vestido perfecto!
La tienda estaba llena de colores, telas brillantes y faldas de tul. Había vestidos rosados, azules, lilas, blancos y dorados, algunos con bordados de flores y otros cubiertos de pequeñas lentejuelas.
Olivia soltó nuestras manos y corrió hacia el primer perchero.
—¡Miren este!
Sacó un vestido rosa pálido con una falda amplia y varias capas de tul.
—Pruébatelo —dije.
—¡Sí!
Una empleada se acercó para ayudarla y la condujo hasta los probadores. Olivia desapareció detrás de una cortina y, menos de un minuto después, salió girando sobre sí misma.
El vestido tenía pequeñas flores bordadas en el corpiño y una cinta brillante alrededor de la cintura.
—¿Cómo me veo? —preguntó, extendiendo los brazos.
—Te ves hermosa —respondí.
—Muy hermosa —añadió Aiden.
Olivia sonrió de inmediato, satisfecha.
—¿De verdad?
—De verdad, princesa —confirmó él.
Ella se miró en el espejo, inclinando la cabeza de un lado a otro.
—Creo que este es bonito, pero quiero probarme otro.
—Por supuesto —dije.
Volvió al probador y salió con un vestido azul celeste. Después apareció con uno lila, uno blanco con detalles dorados y otro rosa intenso con una falda tan amplia que casi golpeó un perchero al girar.
Cada vez que salía, nos preguntaba lo mismo.
—¿Cómo me veo?
Y cada vez, Aiden y yo respondíamos que se veía hermosa.
Olivia sonreía con una felicidad evidente. Era obvio que le encantaba escuchar aquellas palabras, especialmente cuando provenían de su padre. Cada cumplido parecía hacerla crecer unos centímetros y enderezar la espalda con orgullo.
—Este me gusta mucho —dijo después de probarse un vestido lavanda con mangas transparentes—. ¿Me veo hermosa?
—Te ves preciosa —respondió Aiden.
—Como una princesa —añadí.
Olivia se llevó ambas manos a las mejillas.
—¡Lo sabía!
La empleada regresó con otro vestido y ella volvió a desaparecer detrás de la cortina.
Yo observaba la escena con una sonrisa, apoyada junto a un perchero. Aiden permanecía a mi lado, con los brazos cruzados y una expresión mucho más relajada que la que solía llevar en la oficina.
—Parece que está disfrutando esto —comenté.
—¿El qué?
—Verla probarse vestidos.
—Me gusta verla feliz.
La respuesta fue sencilla, pero algo en su tono me hizo mirarlo.
Aiden observaba el probador con una atención tranquila. No parecía estar fingiendo interés ni cumpliendo con una obligación. Realmente disfrutaba de aquel momento.
—Es un buen padre —dije antes de poder detenerme. Sus ojos se desviaron hacia mí.
—¿Eso también era un cumplido?—interpeló y sentí que el calor subía a mis mejillas.
—No se acostumbre—me limité a responder desviando la mirada a otro lado y una sonrisa lenta apareció en su rostro antes de que terminara de apartar el mío.
—Lo intentaré.
Olivia salió con otro vestido, esta vez de color dorado.
—¡Miren!
—Hermosa —dijimos Aiden y yo al mismo tiempo.