La niñera del Ceo

Casi románticos

Capítulo 14

Destiny Collins

Después de la caída, el ambiente dentro de la boutique cambió por completo.

Olivia continuó buscando vestidos con la misma energía de siempre, pero entre Aiden y yo se instaló un silencio incómodo que ninguno de los dos parecía saber cómo romper.

Yo evitaba mirarlo.

No porque quisiera ser grosera, sino porque cada vez que recordaba su cuerpo sobre el mío, su mano en mi cintura y la forma en que sus ojos habían descendido hasta mis labios, sentía que el calor me subía por el cuello.

Así que decidí concentrarme en Olivia.

Era mucho más seguro.

—¿Qué opinas de este? —preguntó ella, saliendo del probador con un vestido azul claro.

—Es precioso —respondí de inmediato.

—¿Y papá?

Sentí la mirada del señor Aiden sobre mí antes de atreverme a observarlo.

—También es bonito —dijo él.

—¿Solo bonito?

—Te ves hermosa, princesa—añadió, Olivia sonrió satisfecha y volvió a girar frente al espejo.

Yo fingí estar interesada en una fila de vestidos mientras intentaba ignorar la presencia del señor Blackwood a unos pasos de distancia, pero no funcionaba para nada porque podía sentirlo a unos pasos de distancia. Era como una pesadilla interminable de la cual no podía huir y como si ya las cosas no estuvieran la suficiente mal mi corazón decidió traicionarme latiendo a la velocidad de un tren en Japón. No terminaba de comprender que rayos me estaba ocurriendo.

"Concentración Destiny, olvida eso y solo concéntrate"

De vez en cuando, su mirada se posaba sobre mí. No era constante ni descarada, pero bastaba para ponerme nerviosa. Cada vez que levantaba la vista, él parecía estar observando algún vestido o revisando su teléfono.

Y, aun así, sabía que me había estado mirando.

—Destiny, ¿te gusta este? —preguntó Olivia.

—Sí.

—¿Y este?

—También.

—¿Y este?

—Es precioso.

—No estás mirando.

—Claro que estoy mirando.

—No. Estás mirando ese perchero desde hace mucho tiempo—se quejó ella poniendo un expresión de inconformidad.

—Es un perchero muy interesante—me excuse.

—No lo es—dijo frunciendo el entrecejo y por primera vez desde la caída mi jefe soltó una risa baja.

"Rayos, condenada risa... Por qué tiene que ser tan perfecta y revolverme todo por dentro"

Me quejé internamente, la verdad a ese paso terminaría perdiendo la cabeza.
No me atrevía a mirarlo porque temía que mis emociones me traicionaran, pero aún así con el rabillo del ojo lo vi por un segundo que se hizo eterno. Sus ojos brillaron, estaba viéndonos como si la escena entre su hija y yo le pareciera de lo más interesante.

—Este es el último —anunció Olivia sacándome de la ensoñación en la cual me hallaba.

—Eso dijiste hace tres vestidos —señalé volviendo a poner los pies sobre la tierra.

—Ahora sí es el último.

—¿Lo prometes?—interpelé. Olivia levantó una mano.

—Lo prometo—confesó y sentí un poco más de alivio porque si pasaba más tiempo en esa tienda quizás la barrera de la incomodidad se rompería dentro de mí.

Olivia se probó el último vestido y, esta vez, cuando salió del probador, no pidió nuestra opinión de inmediato. Se quedó frente al espejo, observándose en silencio.

Era un vestido rosa pálido con pequeñas flores bordadas en el corpiño y una falda amplia de tul. La cintura estaba decorada con una cinta plateada y, bajo la luz de la tienda, los detalles brillaban suavemente.

—Este es —dijo finalmente.

Su voz sonó convencida.

—¿Estás segura? —pregunté y ella asintió.

—Sí. Este es mi vestido—respondió convencida. El señor Aiden se acercó a ella y se agachó para quedar a su altura.

—Entonces este será.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¿Y tendrá una corona?

—Por supuesto.

—¿Y zapatos?

—También.

—¿Y una capa?

Aiden la miró durante unos segundos.

—Podemos buscar una capa.

Olivia sonrió con tanta felicidad que sentí que algo se ablandaba dentro de mí.

—¡Entonces es perfecto!

La empleada tomó el vestido para llevarlo a la caja, mientras Olivia se quedaba frente al espejo, imaginándose seguramente en la fiesta.

Yo observé a mi jefe de reojo con mucho cuidado de no ser sorprendida viéndolo, Él seguía mirando a su hija con una expresión serena y afectuosa. Y realmente era difícil reconciliar al hombre que había caído sobre mí con aquel padre atento que parecía dispuesto a comprarle una corona, unos zapatos y una capa solo para verla sonreír.

Aparté la mirada antes de que él notara que lo estaba observando.

—Ahora te toca a ti —dijo Olivia.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?—cuestioné con un tono que sonó más a "no por favor" que emoción.

—Elegir tu vestido—aseguró ella de brazos cruzados.

—Ya me probé uno—afirmé volviendo a recordar la escena que por supuesto hizo que mis mejillas volvieran a arder.

—Pero no elegiste ninguno—replicó con la barbilla arriba.

"Rayos esa niña debería estar en el congreso defendiendo leyes porque nada la detenía"

—El azul era bonito.

—No dijiste que te gustaba.

—Dije que era bonito.

—Eso no es lo mismo—mencionó dando unos pasos en dirección hacia una fila de vestidos que estaban a su derecha, rebuscó entre ellos y sacó uno para entregármelo.—Ten, pruébate este—pidió y lo analice un poco recelosa.

—Es del mismo color que el tuyo—señalé y ella asintió.

—Sí. Así pareceremos princesas hermanas—confesó con el rostro iluminado y la idea era tan dulce que no pude negarme.

—Está bien.

Tomé el vestido y regresé al probador. Esta vez, mientras me cambiaba, intenté no pensar en el señor Aiden. No en la caída. No en su mirada. No en la forma en que su mano había rodeado mi cintura.

Solo en el vestido.

Cuando salí, Olivia abrió los ojos con entusiasmo.

—¡Es perfecto!

—¿De verdad?




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