Capítulo 15—
Destiny Collin's
Después del desafortunado evento de la caída y que por fin Olivia eligió el vestido perfecto nos dirigimos al restaurante más cercano, ya que la reina de Inglaterra tenía hambre:
spoiler: Hablo de Olivia.
Y es que esa niña podía no comer nada y mucho al mismo tiempo, pero lo más peligroso que había notado era que cuando el hambre se hacía presente ella escalaba un nivel más de volverse completamente irritable y más parlanchina.
"Como si eso fuera científicamente posible"
Olivia tomó nuestras manos y comenzó a guiarnos hacia la salida de la tienda.
—Primero vamos a comer —anunció—. Tengo hambre.
—¿No acabas de decir que querías ir al salón de belleza? —pregunté.
—Sí, pero también tengo hambre.
—Entonces comeremos primero.
—¡Sí!
Mi jefe caminó a mi lado mientras Olivia avanzaba delante de nosotros, abrazada a sus bolsas. Durante unos minutos, ninguno de los dos dijo nada y de haber sido por mí lo hubiera mantenido así hasta que Olivia fuera a la universidad porque seguía evitando mirarlo, aunque era consciente de cada uno de sus movimientos.
—Destiny—Su voz me hizo tensarme y al mismo tiempo los vellos de mi cuello se erizaron como si tuviera los poderes del hombre araña.
—¿Sí?—respondí en un hilo de voz mientras tragaba un nudo atorado en mi garganta.
—Sobre lo de antes…—inició con disimulo intentando evitar que Olivia notara nuestra conversación. Mi corazón dio un salto.
—¿La caída?—interpelé y luego me arrepentí porque era obvio que estaba hablando de eso, que las podía ser sino.
—Sí.
—No fue nada—le resté importancia.
—Lo sé.
—Fue un accidente.
—También lo sé—añadió un poco aturdido y lo miré de frente por primera vez desde que habíamos salido de la tienda.
—Entonces no hay nada que hablar.
—Quizá no, pero...
—¿Pero qué?—quise saber y él se detuvo, yo también lo hice. Olivia por su parte observaba con atención un aparador donde se encontraba una cantidad exhorbitante de muñecas, lo que nos dio tiempo para poder aclarar esa situación.
—Señorita, creo que la noto incómoda y...—hizo una pausa rascándose el cuello y luego echando un vistazo rápido a Olivia—Realmente no quiero que haya malos entendidos, lo que ocurrió únicamente fue un accidente y no quisiera que hubiera ningún tipo de tensión por eso—explicó con detenimiento y suspiré sintiendo un ligero alivio.
—Entiendo, realmente me alegra que hayamos aclarado eso—respondí y él asintió con una sonrisa de labios cerrados.
—¿Por qué se detienen?—cuestionó Olivia.
—No nos detuvimos —respondí rápidamente—. Solo estábamos caminando más despacio.
Aiden no apartó los ojos de mí.
—Solo quería asegurarme de que la señorita Collin's está bien—le respondió su padre y ella entrecerró los ojos como si estuviera pensando en algo bastante relevante.
—Ah, porque se cayó ¿verdad?—preguntó y él asintió—Pero tú también te caíste, ¿estás bien?—quiso saber ella.
—Sí, princesa estoy bien—respondió con calma y ella alzó las cejas.
—¿Pero no te rompiste nada?
—No, Olivia estoy bien.
—Pero eres viejito, los viejitos no pueden caerse porque se pueden romper algo —expresó con una convicción que no contuve la risa y la tuve que ahogar en el dorso de mi mano formando un puño. El señor Aiden me miró de reojo negando y luego a su hija.
—No soy viejo.
—Pero eres muy mayor, papá —prosiguió y volví a ahogar una risa que se quedó en mi garganta.
—Olivia, ¿qué te parece si mejor vamos al restaurante?—propuso y ella afirmó varias veces.
—¡Sí! —exclamó
La niña volvió a tomar nuestras manos y nos condujo hacia los restaurantes del centro comercial. Yo caminé en silencio, intentando recuperar la calma.
No estaba nerviosa, tampoco incómoda y definitivamente no estaba pensando en la caída.
Quise convencerme a mi misma de que no era así y aunque el señor Blackwood ya había aclarado ese punto, algo dentro de mí como esa lucecita de alarma titilaba constantemente advirtiendo que aquellas miradas no fueron precisamente "accidentales". Seguimos caminando y Olivia comenzó a protestar por hambre antes de que llegáramos al área de restaurantes.
—Tengo hambre.
—Ya casi llegamos —dijo Aiden.
—Tengo mucha hambre.
—Lo sabemos.
—Mi estómago está vacío.
—Debiste comer todo tu desayuno y así no tendrías tanta hambre—señalé.
—Es que en ese momento no tenía mucha hambre—contestó soltando un suspiro. Se detuvo frente a un restaurante de aspecto elegante.—¡Aquí!
—¿Quieres comer aquí? —preguntó Aiden.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque huele rico.
El aroma que salía del restaurante era, en efecto, bastante agradable, mi jefe suspiró también tratando de no perder la paciencia y asintió.
—Está bien.
Entramos.
Una anfitriona nos recibió y nos condujo hasta una mesa junto a una ventana. Olivia se sentó entre Aiden y yo, aunque después decidió que quería sentarse frente a nosotros para poder vernos a ambos.
Yo tomé asiento frente al señor Aiden y sentí que fue mala idea comenzando a arrepentirme de haberlo hecho. Desde allí podía verlo con claridad y él podía verme a mí.
La anfitriona dejó las cartas sobre la mesa y se retiró.
Olivia tomó la suya de inmediato.
—Quiero pasta.
—Todavía no has visto el menú —dijo Aiden.
—Sé que quiero pasta.
—Entonces puedes buscar la pasta en la carta.
Olivia abrió el menú y comenzó a pasar las páginas, yo la imité sumergiéndome por completo en la lectura de platillos del menú para evitar cualquier contacto visual con mi jefe, pero en realidad era difícil por lo cual estaba intentando concentrarme en las opciones, pero...
No funcionaba.
Sentía la mirada del señor Aiden sobre mí de vez en cuando. Cada vez que levantaba los ojos, él parecía estar leyendo la carta.