La niñera del Ceo

Caos en el salón de belleza y una corona de princesa peligrosa

Capítulo 16—

Destiny Collins

Si alguien me hubiera dicho que terminaría mi jornada en un salón de belleza con una niña peligrosamente convincente decidiendo el destino de mi cabello, habría pedido pruebas antes de creerle.

Pero allí estaba.

Sentada frente a un espejo enorme, con una capa de tela alrededor de los hombros y Olivia a mi lado, supervisando cada movimiento de la estilista como si estuviera a cargo de una operación quirúrgica.

—¿Puedes hacerle ondas bonitas? —preguntó por cuarta vez—. Como las princesas de las películas.

La mujer sonrió mientras desenredaba un mechón de mi cabello.

—Por supuesto, cariño.

—¿Y puedes ponerle brillitos?

—Olivia —intervine—, creo que mi cabeza ya ha recibido suficiente atención por hoy.

Ella me miró a través del espejo.

—Pero todavía no estás lista.

—¿Y cuándo estaré lista?

—Cuando parezcas una princesa de verdad.

Suspiré.

La estilista disimuló una sonrisa y continuó trabajando.

No podía negar que tenía buenas manos. Poco a poco, mis ondas naturales fueron tomando forma, con rizos suaves que enmarcaban mi rostro sin hacerme parecer otra persona. Después llegó el maquillaje: una base ligera, un poco de rubor, sombras delicadas en los párpados y un tono rosado en los labios.

Nada exagerado.

Solo lo suficiente para resaltar mis facciones.

Cuando terminó, me retiró la capa de los hombros y me giró suavemente hacia el espejo.

—Listo. ¿Qué te parece?

Me quedé contemplando mi reflejo.

Por un instante no supe qué decir.

Mi cabello caía en ondas definidas sobre los hombros, con algunos mechones recogidos discretamente a los lados. El maquillaje destacaba mis ojos y le daba un aspecto más fresco a mi rostro. No parecía que llevara horas en un salón, sino que alguien había encontrado la manera de sacar a relucir una versión de mí que normalmente permanecía escondida detrás de mis prisas, mis preocupaciones y mis mañanas en las que apenas tenía tiempo de peinarme.

—¡Estás preciosa! —exclamó Olivia, levantándose de su silla.

La pequeña se acercó y me abrazó con cuidado para no deshacerme el peinado.

—Ahora sí pareces una princesa.

Sonreí.

—Gracias, mi amor.

—¿Crees que Ashley también tendrá el cabello bonito?

—Estoy segura de que sí.

—¿Y su mamá?

—Probablemente.

Olivia se quedó pensativa.

—¿Y papá?

La sonrisa se me congeló.

—¿Qué pasa con tu papá?

—¿Crees que le gustará cómo te ves?

La estilista bajó la cabeza, fingiendo ordenar sus herramientas.

Yo miré a Olivia a través del espejo.

—Estoy segura de que tu papá tiene cosas más importantes en las que pensar.

—Como su trabajo —respondió ella—. Pero también puede mirar tu cabello.

Claro. Por supuesto.

Porque aparentemente mi apariencia física se había convertido en un asunto de interés familiar.

—¿Terminamos aquí? —pregunté, poniéndome de pie—. Creo que debemos irnos antes de que tu papá empiece a cobrarme por cada minuto que pasamos fuera de casa.

Olivia soltó una carcajada.

—¡Papá no haría eso!

No estaba tan segura, por eso de igual manera no iba a arriesgarme, además todavía le debía el vestido que obviamente iba a pagarle en cuanto recibiera mi sueldo.

Cuando salimos del salón, el aire fresco de la tarde me acarició el rostro. Damián nos esperaba junto a la limusina, apoyado discretamente cerca de la puerta del conductor.

Estaba revisando algo en su teléfono, pero al escuchar nuestros pasos levantó la cabeza.

Primero miró a Olivia, que llevaba el cabello cuidadosamente arreglado y no paraba de sonreír. Después sus ojos se posaron en mí.

Y se quedó quieto.

No fue una reacción exagerada. No abrió la boca ni se llevó las manos a la cabeza. Simplemente dejó de moverse durante un instante, como si necesitara unos segundos para procesar el cambio.

Luego guardó el teléfono.

—Vaya, señorita Collins… —dijo, con una sonrisa que apareció lentamente—. Se ve… muy bien.

El pequeño titubeo antes de terminar la frase no pasó inadvertido.

Sentí que el calor me subía a las mejillas.

—Gracias, Damián.

—No, en serio. Está muy bonita.

—Gracias —repetí, sonriendo con nerviosismo—. Olivia ha sido la directora creativa de todo esto.

—¡Porque Destiny es una princesa! —anunció la niña.

Damián la miró con solemnidad.

—Ahora entiendo.

—¿Entiende qué?

—Que hoy debo tener mucho cuidado. No todos los días se tiene el privilegio de transportar a una princesa.

Olivia soltó una risita y le mostró su corona.

—¡Y también tengo una!

—Entonces tendré que conducir con todavía más cuidado.

Me reí, agradecida por aquella conversación que me permitía olvidar por unos segundos que mi jefe podía estar a punto de verme transformada en una princesa de cuento.

Damián abrió la puerta.

—Adelante, señoritas.

Olivia subió primero y se acomodó con su bolso y su muñeca. Yo entré detrás de ella acomodándome en el asiento. Cuando estuve más relajada alcancé a ver a Damián por última vez antes de que cerrara la puerta.

Todavía sonreía.

Suspiré.

Al menos alguien parecía disfrutar de mi transformación.

El trayecto de regreso a la mansión transcurrió entre las conversaciones interminables de Olivia y el silencio de Aiden, que esta vez no nos acompañaba porque había tenido que regresar a la oficina para resolver unos asuntos de última hora.

No sabía por qué, pero su ausencia me permitió respirar con mayor tranquilidad. Quizá porque no tenía que preocuparme por encontrarlo observándome de reojo o porque no tendría que soportar alguna de sus bromas sobre mi nuevo aspecto. Aunque, si era sincera conmigo misma, había algo más, una pequeña parte de mí se había preguntado cómo reaccionaría al verme.

Y esa idea me molestaba profundamente.




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