Tan pronto como llegué a la casa presidencial se cumplió lo que predije. El secretario ya tenía todo listo para irnos a ver a Miriam. Había desplegado varios carros de seguridad en la zona así como un rastreo previo. La seguridad era lo más importante. Además había evadido la agenda para que no se me requiera por un rato, y sobre todo, dió un gran pretexto a los que observaban pues seguía siendo una misión secreta.
De inmediato nos dirigimos a su casa. Mi secretario se encargó de confirmar que ella estuviera ahí todavía, lo cual me daría la ventaja.
—Recibió un comunicado para ir a Guadalajara.—Me dijo mientras el automóvil nos llevaba.—El reconocimiento del cuerpo sigue siendo prioridad, le pidieron ir a realizar esa tarea.
Hizo una ligera pausa mientras movía sus hojas, ese hombre era capaz de tener todo ordenado en esas libretas y folders que siempre cargaba.
—Por lo que veo aquí, el seguro puede cubrir todos los gastos —Dijo con ese tono de estratega que le caracterizaba.—Un seguro que nos pertenece a nosotros claro.
—¿Qué estás pensando?—Pregunté para resumir sus palabras.
—Lo pensé y ya lo ejecuté señor.—Su astucia era demasiada incluso para hablar.—Ordené que le quitaran el seguro para que así ella lo tenga que pagar.
—Eres malvado, creo que entiendo lo que planeas.—Le dije un poco asustado por su manera de hacer las cosas.
—Asi es señor. Pedí que la cantidad fuera muy alta. Hice un balance económico de ella y estoy seguro que no tendrá para pagar.—Cerró su libreta y me miró a los ojos.—Ahi es donde entra usted. Le ofrecerá esa ayuda económica y le pondrá solución a todos sus problemas. No se resistirá a entregarle su corazón y confianza después de eso.
En ocasiones me arrepiento de las cosas que tenemos que hacer para que nuestros planes se cumplan. Lo digo en un sentido filosófico pues la bondad y maldad están cuestionadas según la conveniencia de cada persona. Pero hay una conciencia, algo que te dice que no deberías hacer y que si, esa voz que existe desde que empiezas a relacionarte con las personas en tu vida.
Luego esta la cuestión moral, esa que la sociedad implementó para decirte si eres buena o mala persona y si estás haciendo algo provecho para el mundo.
Esta última sin duda es la más cuestionable de todas.
Sin importar cual de las tres era. Yo sentía algo así en ese momento. Culpa por manipular las circulares a mi favor para lograr un objetivo. Pero ya estaba ahí, metido profundamente en ese problema así que no me quedó más remedio que continuar.
Llegamos muy rápido, consideré que aún no estaba listo mentalmente para lo que venía pero no había más opción.
Mi secretario se bajó dejándome en el auto. Él se encargaría de abrirme camino pues a mí no podrían verme en la calle. Me puse mis lentes obscuros y me quedé ahí esperando a que hiciera su trabajo.
Desde ahí puede ver como Míriam salió muy a prisa topandose con él. Me pareció que llegamos justo a tiempo para aún encontrarla.
Suspiré un poco al verla, es común que te suceda cuando ves a alguien que te gusta.
Aunque esta vez se veía muy distinta, cansada y preocupada, en verdad la estaba pasando muy mal. No me refiero a que físicamente estuviera desarreglada, a mi no me parecia que se viera mal de ninguna forma. Simplemente el semblante que tenía, era el de alguien que se ha desgastado mucho.
Volví a sentir culpa por esa situación. Fue gracias a mi, mi gobierno y decisiones que ella estaba pasando por esa situación y sin saberlo, se pondría peor.
Ellos conversaron un poco, Miriam se asomó para verme en el auto en el que esperaba, aunque estaba protegido por el cristal, sentí mucho nervio al ser observado por ella.
Con todo eso lo que predominaba en mi era el deseo de salir y estar cerca de ella. Ser el héroe que necesitaba y así no solo ganarme su confianza como era parte del plan, quería ganarme su amor.
Llegó el momento y recibí la señal para bajar del auto. Lo hice y caminé lo más rápido que pude para llegar hasta donde ella estaba.
Me recibió con una sonrisa muy noble y sincera, de esas que solo le das a alguien que te importa demasiado. Eso me hizo sentir bien pues más allá del ego, tenía un buen avance al ser importante para ella. Podríamos decir que la misión iba por buen camino.
Llegué y saludé como yo esperaba que tuviera un efecto más positivo. Dejé de lado los estereotipos actuales y lo hice de una manera más educada, como se hacia antes. No porque yo fuera así, si no porque creí que eso tendría más impacto. A muchas mujeres les gusta la caballerosidad y creen que los que estamos arriba del escalón social somos así, no quise romper ese parámetro.
La tomé de su mano y le di un beso. Esto pareció gustarle y me sentí bien con eso. Sin duda lo seguiría repitiendo con ella.
Cruzamos unas cuantas palabras antes de entrar. Ella me explicó la situación que yo ya sabía, aunque claro, lo hizo desde su versión.
No quería poner mucha atención pues eso me hacía sentir culpable, así que distraje mi mente pensando en mi novia y en todo lo positivo que me traería esa misión.
Después de escucharla y ofrecerle una solución, ella nos invitó a pasar. Dijo que su madre estaba dormida y eso estaba mejor para mí pues se convertiría en una visita muy corta.
Su casa era muy bonita, me recordaba en la que yo viví cuando era muy joven. Tenía el espacio correcto para poner los muebles y para sentir cerca a todos los que vivían en ella.
Mis casas actuales son muy grandes pero se sienten muy vacías, frías, con los espacios tan grandes que muchas personas podrían vivir en ella. Tan grandes que ni con los que trabajan ahí se logra sentir la diferencia.
Sus atenciones fueron muy lindas en todo momento, se olvidó de sus males por atendernos, eso debo reconocerlo.
Mi dispersión fue tan notoria en un punto que mi secretario comenzó a hacerme señas. Quería que yo participara más en la conversación.