Me zafé de las obligaciones que mi puesto requería. Me olvidé que era el presidente del país, al menos en lo político pues de mi autoridad y poder militar, aún estaba haciendo uso.
Nos montamos en varias camionetas blindadas. Varios miembros de mi seguridad con algunas instituciones privadas, formaron mi equipo de cacería para entregarme a mi rival.
Luis dominaba ese estado y contaba con varios escondites, pero nuestra jugada principal seguía siendo el rastreador que le colocamos a Miriam.
El secretario pudo ver que estaba en una casa no muy lejos de ahí. Pudimos corroborar que ese inmueble le pertenecía a Luis, así que no había duda, lo iba a buscar y lo hundiria de una buena vez.
Solicité a mi equipo un chaleco antibalas así como un arma. Se sorprendieron mucho por mi petición ya que no era común que el presidente se uniera a ese tipo de actividades.
De hecho, desconocían que yo tuviera algún tipo de preparación para hacerlo.
Cuando inició mi carrera política tomé varios cursos, lo hice pensando en unirme a la guardia presidencial si la oportunidad se presentaba. De una u otra forma quería formar parte del gobierno y quizá esa era una variante.
Logré que me dieran lo que pedí, estaba listo para usarlo aunque lo haría solo si hacía falta. No me iba a exponer yendo al ataque directamente.
Mi guardia, la que siempre me acompañaba, estaba ahí conmigo. Hombres que si siguieron una preparación militar muy completa y en los que confiaba plenamente.
Se buscó un mapa del terreno al que iríamos. Todo para no dejarle un escape a ninguno de esos hombres. Tenía que recuperar a Miriam como diera lugar. Si les diera más tiempo, él buscaría la forma de esconderse en cualquiera de sus agujeros. Ya estaba decidido y necesitabamos movernos.
—Señor, los radares y cámaras nos han mostrado que el objetivo está ahí.—Me dijo el secretario al corroborar que Luis y sus hombres ahí estaban.
—¿Miriam está con ellos?—Pregunté muy serio, hasta yo me sorprendi de mi actitud en esos casos.
—Las cámaras nos dejaron ver el momento en que entró.—Dijo igual de serio.—Pero desconocemos si sigue en la casa o en qué parte está.
—Entonces no perdamos más tiempo. ¿Están listos?
Todos los hombres respondieron afirmativamente. Se colocaron sus cascos y equipo para avanzar en la misión.
La misión empezó. Sus hombres no nos vieron venir, entramos en acción con muchos disparos. Mis hombres los acribillaron rápidamente. El elemento sopresa fue muy beneficioso para nosotros.
Los francotiradores de nuestro equipo bajaron rápidamente a los que estaban vigilando. Después de eso, pudimos detonar con una bomba las entradas e ingresar por ahí para aniquilarlos.
Era un patio muy grande. Había varios automóviles ahí, así que tuvieron que disparar con precaución una vez que entraron. Todo eso porque podrían explotar y quedaría involucrada Miriam.
Tenía que quedar muy claro que era una misión de rescate y no una de aniquilación. Aunque cierto era que planeaba dar esa orden una vez que ella estuviera con nosotros.
Tenía mucho coraje acumulado. Esa situación ya me había cansados necesitaba conseguir esos documentos y a cada instante ocurría algo que lo evitaba. Desde la traición del padre de Miriam, era como una maldición que me seguía y que no me dejaba hacer mi trabajo.
Hubo un punto en que me quedé atorado detrás de nuestra propia camioneta. Los enemigos abrieron fuego desde lo alto de la casa y nos impedían el paso. Mis hombres trataron de abrirme paso mientras yo esperaba atrás.
Los entendía mucho, ellos eran responsables de mi vida y si algo me pasaba serían los primeros en pagarlo, todo por un capricho mío.
A mí tampoco me culpo, era tanta mi frustración que sentí que ese era el modo correcto para sacarlo. Fue una gran experiencia acompañada de una gran adrenalina.
La experiencia fue aún mayor al tener como adversario a quien se presumía ser mi gran amigo. Una persona desde la prepa que me había metido el pie en muchas ocasiones mientras que en otras nos dimos la mano.
Una relación que se fue terminando con el tiempo.
Él estaba en el interior de aquella casa, tenía tantas ganas de agarrarlo yo mismo aunque sabía que no era fácil. En ese momento algo me dió mucho valor… imaginar a Miriam atrapada ahí pidiendo desesperadamente mi ayuda. Con eso en mente, me armé de valor y salí corriendo en dirección a la casa.
Había balas como obstáculos, pero gracias a mi adrenalina corrí lo suficiente para evadirlas. En el camino disparé a uno de los hombres que estaban arriba. Le dí a la primera lo que me hizo darme mucha confianza.
Deseaba que todos mis hombres me hubieran visto para presumirles y cerrar su boca al decir que yo era una carga.
No todos me pudieron observar pero si algunos, con eso fue suficiente para decir que el presidente era un valiente.
Me motivé aún más y continúe el recorrido, tenía que llegar adentro y me faltaba muy poco.
Alcé mi cara y pude ver que faltaban dos guardias más para llevar hasta ahí. Corrí rápidamente para enfrentarme a uno de ellos. Fue tanto que logré llegar hasta él antes de que volteara y lo tumbé. Quedé arriba de él pero le dí la vuelta para que él me cubriera de los balazos que su compañero estaba tirando hacia mi.
No tenía idea si Luis y sus hombres sabían que era yo el que ahí estaba, pero me estaban tratando de igual a igual intentando matarme.
Las balas entraron en el cuerpo del hombre que tenía sobre mi, solo necesitaba una oportunidad para disparar desde ahí y poder defenderme.
Noté que las balas se habían detenido así que supe que esa era la oportunidad que estaba esperando. Descubrí la parte de arriba, mi rostro quedó completamente libre y listo para que mis ojos me brindaran la información que quería.
Ví a ese hombre intentando recargar su arma, fue muy descuidado pues se quedó en la zona de tiro. Ese descuido le costó que yo pudiera disparle. Fueron tres tiros, uno de ellos dió en su cabeza, otro más en su hombro y el tercero se fue por el aire para nunca más volver.