La Omega Del Norte

El príncipe que aprendió a esperar

El tiempo dejó de medirse en horas. Se convirtió en algo más pesado, como plomo en las venas. Cada amanecer que veía sin ella era un recordatorio de lo que había perdido, y cada noche que caía sin haber encontrado su rastro... era otra puerta que se cerraba en mi cara.

No dormía. No podía. Cuando cerraba los ojos, la veía: parada en la puerta de mis aposentos, con el rostro iluminado por esa emoción que yo mismo había destrozado con mis propias palabras. Escuchaba mi propia voz diciendo esas cosas terribles. No significa nada... una distracción... una simple Omega. Y despertaba con el corazón latiéndome desbocado, sudando frío, con la sensación de que si me levantaba rápido, si corría lo suficientemente lejos y lo suficientemente deprisa, podría alcanzarla antes de que fuera demasiado tarde.

Pero siempre era demasiado tarde.

La busqué en cada rincón del castillo. En cada jardín, en cada pasillo olvidado, en cada aldea cercana. Cabalgaba hasta el amanecer y regresaba al anochecer con las manos vacías y el alma más vacía aún. Mis guardias me miraban con lástima disfrazada de respeto. Los sirvientes bajaban la cabeza cuando pasaba. Sabían que buscaba a alguien que según las reglas de este palacio... no debía importarme tanto.

Y lo peor de todo: no había rastro. No su olor, no su huella, no nada. Era como si el aire mismo se la hubiera llevado. Vorath pasaba los días en silencio, y cuando hablaba, su voz sonaba más antigua y más cansada que nunca.

-Es como si alguien hubiera cerrado la puerta de su mundo al nuestro -decía-. No está muerta. Eso lo sé con certeza. Si su corazón se hubiera detenido, lo sentiría como si se detuviera el mío. Pero está... ausente. Como una vela que alguien ha apagado y escondido entre sus manos. Sabes que la llama existe, pero no puedes verla ni sentir su calor.

-¿Por qué no me odias a mí también? -le pregunté una noche, sentado en el alféizar de mi ventana, mirando hacia la oscuridad del bosque-. Fui yo quien la hizo huir. Fui yo quien le dijo que no era nada. Si no la hubiera amado tanto, si no hubiera tenido miedo de perderla... nunca habría dicho esas palabras. Y ahora... la perdí de todas formas.

-No la perdiste porque la amaste demasiado -dijo Vorath suavemente-. La perdiste porque creíste que protegerla significaba alejarla de ti. Y te equivocaste. El amor no se aleja cuando hay peligro. Se pone delante. Pero no te culpo por no saberlo antes. Nadie te enseñó a amar, Darek. Solo te enseñaron a gobernar. Y son cosas muy distintas.

Mi padre me llamó a su despacho al tercer día. Su tono era de alguien que corrige un error esperando que te disculpes y vuelvas al redil. Entré con la cabeza alta, pero por dentro cada paso dolía.

-Has hecho suficiente teatro -dijo sin levantar la vista de sus documentos-. La gente murmura. Un príncipe no pasa sus días buscando a una chica que se fue por su propia voluntad. Ya diste el mensaje. Ya se alejó. Ahora cumple tu parte del trato. Acércate a Seraphina. Sé amable. Que todo parezca correcto. Eso es lo que se espera de ti.

Me quedé quieto frente a su escritorio. Por un momento no supe si había escuchado bien.

-¿Correcto? -repetí en voz baja-. ¿Romperle el corazón a la única persona que me ha visto de verdad... eso es correcto? ¿Dejar que crea que no significa nada para mí mientras alguien la amenaza... eso es lo que se espera de un rey?

Mi padre levantó la vista entonces. Sus ojos eran fríos, como siempre, pero ahora había algo más en ellos: sorpresa de que su hijo se atreviera a cuestionarlo.

-Hiciste lo necesario -dijo con firmeza-. Sacrificio. Es lo que hace un líder. No dejes que la nostalgia te haga olvidar tu lugar. Ella está a salvo lejos de aquí. Tú estás aquí. Cumple con tu deber.

-¿Y si mi deber ya no tiene sentido sin ella? -pregunté, y mi voz tembló pero no se quebró-. ¿Y si este trono pesa menos que una sola de sus sonrisas?

El Rey se puso de pie de golpe. El golpe de su palma sobre la mesa retumbó en la habitación.

-¡No seas ridículo! -bramó-. Eres el príncipe. Tienes responsabilidades que van más allá de tus caprichos sentimentales. Seraphina llegará en cualquier momento. Estate listo. Y no me hagas repetirlo.

Salí de esa habitación con la sensación de que algo en mí se había roto para siempre. No por su grito. Sino por la comprensión de que para él... yo nunca había sido un hijo. Solo había sido una pieza en su tablero. Y esa pieza se estaba saliendo de su lugar.

Seraphina no tardó en presentarse en mis aposentos. Llegó con esa sonrisa que nunca llegaba a sus ojos, como si ya todo estuviera decidido y yo solo tuviera que aceptar mi lugar.

-He oído que la buscas -dijo, entrando como si fuera dueña del lugar-. Es encantador, de verdad. Pero inútil. Si ella se fue, es porque sabía que no tenía aquí lo que merecía. Mejor así. Los dos sabemos dónde está tu verdadero lugar, Darek. Y es aquí. Conmigo.

Me puse de pie. No estaba furioso. Estaba cansado. Tan profundamente cansado de todo este juego.

-No estás aquí porque yo te quiera -le dije, y cada palabra salió clara y pesada-. Estás aquí porque amenazaste con quemar todo lo que ella amaba si no decía lo que querías escuchar. Y lo hice. Dije las peores palabras que existían. Y se fue. Y ahora no sé si está bien, si tiene frío, si está sola, si... -me interrumpí, tragando amargura-. No me hables de lo que merezco. No sabes nada de lo que merezco. Y desde este momento... el trato se acabó.

Seraphina parpadeó. Por primera vez vi duda en su rostro.

-¿Se acabó? No puedes decidir eso solo. Tu padre...

-Mi padre puede decirme lo que quiera -dije, dando un paso hacia ella-. Pero mi corazón no le responde a ningún rey. Y ciertamente no te responde a ti. Si quieres informarle que me he rebelado, hazlo. Si quieres llevar tus soldados y buscarla tú misma, adelante. Pero ya no tendrás mi colaboración. Ya no fingiré que te quiero. Ya no diré que ella no importa cuando es lo único que de verdad me importa en este maldito palacio. Aléjate de mí. Y si sabes dónde está... si le has hecho algo... que Dios te ayude, Seraphina, porque yo no te perdonaré jamás.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.