Y quizás buscando una justificación, reflexionó sobre la amalgama de capas de las que estamos hechos y en su indagación se puso a calcular, una vez descontada la parte correspondiente a la percepción ajena sobre cada uno, que hemos asumido e incorporado como propia, la porción de bendición recibida de Arriba y la proporción de maldición incorporada al "adn" con el pecado original, qué porcentaje de sí misma era propiamente ella, para poderse atribuir en su justa medida la responsabilidad no solo de de sus actos, sino también de sus omisiones.
Y en cierto punto de su particular reflexión, se sintió ahogada entre tanta elucubración y no queriendo llegar al fondo del asunto regresó a la superficie y a la seguridad de la realidad sensible, aferrándose, cual náufrago, a la evocación del que era su asidero en el, para ella, misterioso mundo de la lógica terrena: su marido.
Ambrosio la protegía como un padre y la requería como un hijo. Con lo cual Ascensión nunca llegaba a sentirse perdida del todo porque siempre que tenía la necesidad se veía arropada por su acogedor abrazo, pero como contrapartida su carácter quisquilloso y sus manías, que rozaban en muchos casos el toc y sus consiguientes rituales, convertían su cotidianidad doméstica en una interminable rutina llena de requerimientos y cuidados en la que el "tiquismiquis" de Ambrosio había convertido, sin querer, a su querida esposa en una especie de asistente personal a jornada completa de la que no podía prescindir
La primera vez que lo vio fue en el bar de la facultad de Psicología, que por aquel entonces era su segunda casa, se fijó en él por el impecable traje de chaqueta y una seriedad que delataba su diferencia de edad respecto al resto y que le hacían sobresalir sobre la clientela que básicamente estaba conformada por el alumnado, el maletín que llevaba la indujo a creer que se trataba de algún profesor nuevo al que todavía no tenía fichado .
Junto a ella, en la barra, estaba Garza Cotton, una amiga de la infancia de cuando vivían en el pueblo y con la que de manera fortuita se reencontró 13 años después de abandonada su tierra, en el baño de la facultad y a la que no reconoció de primeras, preguntándose, sin disimular ni un ápice la mueca de disgusto dibujada en su cara, por qué aquella chica apoyada en la ventana mientras esperaba su turno, la miraba con aquella incómoda fijeza y justo cuando se disponía a responder con una impertinencia a lo que creyó un comportamiento insolente, la familiaridad de aquella sonrisa se hizo presente:
- ¿Choni?.. ¿Eres tú, verdad?.. -le preguntó Garza sin dejarse influenciar por el ceñudo mutismo de su compañera de juegos infantiles-... tienes la misma cara que cuando éramos niñas.. -y añadió al ver que persistía la ausencia de reacción-....¿no me reconoces?.
- ¡Garzaaaaa! ¡eres tú!,- dijo emocionada Ascensión tras asimilar la sobrevenida situación-....... pero.. ¿Qué haces en Madrid?... ¿Desde cuando estás aquí?...
- Trasladaron a mi padre hace dos años y aquí estoy............ la nota de selectividad me alcanzaba para Filosofía y Letras o para Psicología y al final...es lo que he escogido.. ¿ Y tú...?
Choni no la dejó terminar y pasando de la actitud reticente de una desconocida a la más absoluta alegría por el ínesperado reencuentro, la "abdujo" en un interminable abrazo que abarcaba el inmenso diámetro de la olvidada infancia compartida, con todas sus travesuras y desatinos, ante las curiosas miradas del resto de alumnas que esperaban pacientemente para el desahogo de su biología.
Y desde aquel providencial día no se volvieron a separar, como si "el desierto" de esos trece años se hubiera borrado de un plumazo y tuvieran que reescribirlos lo antes posible para que no se volviera a perder ni un segundo de amistad.
Así que ese día en el bar de Psicología, almorzando ambas en la barra un pincho de tortilla y una coca cola y disfrutando del momento más grato de su habitual rutina universitaria. Choni tapándose la boca por educación, mientras masticaba, le dijo a Garza:
- No te vuelvas, ¡"profe"nuevo!....¡y está bueníiiisimooo!
-CONTINUARÁ-