La oscuridad tras el silencio

Capítulo 18: Dos golpes

Perspectiva de Ralph

El Brazolargo se abalanzó hacia la abertura que había dejado a mi izquierda.

Extendió sus dos largos brazos hacia delante.

Justo como esperaba.

Di un paso hacia un lado con el pie derecho y giré el cuerpo.

La criatura ya estaba en el aire. Había puesto todo su peso en el ataque y era demasiado tarde para cambiar de dirección.

Blandí la espada en un único movimiento.

Le corté ambos brazos extendidos de un solo golpe.

El Brazolargo siguió avanzando por el impulso del salto. Al caer al suelo, intentó recuperar el equilibrio con las patas traseras.

Pero no le di la oportunidad.

Me acerqué a él de una sola zancada.

Descargué mi espada por segunda vez, esta vez contra su cuello.

La criatura no volvió a moverse.

El Brazolargo que apenas unos segundos antes se preparaba para atacarnos yacía ahora inmóvil en el suelo.

Lo observé durante unos instantes.

Después miré a mi alrededor.

No se veía ningún otro movimiento entre las rocas. Sin embargo, haber acabado con uno no significaba que no hubiera más Brazolargos cerca.

Bajé la espada y me volví hacia Tarin.

—Tarin, ¿cómo está Lenn?

Tarin estaba agachado junto a una gran roca. Lenn permanecía sentado, con la espalda apoyada contra ella y una mano sobre el hombro herido.

—Está consciente, pero necesita que le examinen el hombro.

Me acerqué a ellos.

Lenn levantó la cabeza.

Primero me miró a mí y después al Brazolargo que yacía a mis espaldas.

—¿Lo ha matado con solo dos golpes?

—Sí.

El joven guardia pareció querer decir algo, pero finalmente guardó silencio.

Tarin continuó examinándole el hombro.

—Has tenido suerte —dijo—. Si hubiéramos llegado un poco más tarde, las cosas podrían haber terminado mucho peor.

Lenn bajó la mirada.

—Lo siento. Estaba examinando las huellas y…

—Olvidaste vigilar tus alrededores —dije.

Asintió.

—Sí.

—Seguir las huellas es importante. Pero, si solo miras al suelo mientras rastreas a una criatura, no podrás defenderte.

Esta vez, Lenn me miró directamente a los ojos.

—No volverá a ocurrir.

—Eso espero.

Tarin se puso de pie.

—Puede caminar, pero sería conveniente que el sanador le revisara la herida.

—Entonces volvamos.

Envainé la espada.

Mientras Lenn se levantaba, dirigió una última mirada al Brazolargo.

Yo, por mi parte, me encaminé hacia el paso por el que habíamos llegado.

Nuestra prioridad ahora era regresar a la caravana.

Abandonamos el paso rocoso y comenzamos a descender por la ladera.

Esta vez no dedicamos tanto tiempo a las huellas que habíamos seguido cuidadosamente durante el ascenso. Nos limitamos a avanzar sin dejar de vigilar nuestro entorno.

La herida de Lenn había reducido un poco nuestro ritmo.

El joven guardia podía caminar, aunque procuraba no mover demasiado el brazo derecho. Tarin avanzaba unos pasos detrás de él.

—¿Qué tal el hombro? —pregunté.

—No me duele demasiado mientras no lo mueva.

—No lo fuerces hasta que te examine el sanador.

—De acuerdo.

Caminamos en silencio durante un rato.

Cuando nos acercábamos a la parte baja de la ladera, Tarin se puso a mi lado.

—¿Crees que podría haber más Brazolargos cerca?

—Es posible, pero hasta ahora no hemos encontrado otras huellas.

—De todas formas, habrá que inspeccionar los alrededores.

—Se lo diremos a Edric.

Cuando el camino comenzó a aparecer entre los árboles, escuchamos voces procedentes de abajo.

Al regresar al lugar donde estaba la caravana, encontramos la zona algo más ordenada que cuando habíamos llegado.

El carro que habíamos llevado para transportar a los heridos ya no estaba allí.

Varios hombres recogían los sacos esparcidos por el suelo y amontonaban los que seguían intactos junto al camino. Otro estaba arrodillado junto al carro volcado, examinando las uniones de las ruedas.

Edric hablaba con uno de los trabajadores de la caravana. Al vernos, dio por terminada la conversación y se acercó.

—¿Qué habéis encontrado?

—Encontramos al Brazolargo. Ya no representa ningún peligro.

Edric asintió.

—¿Estaba solo?

—Solo nos encontramos con uno. Era un ejemplar joven. No vimos señales de otros Brazolargos cerca, pero no puedo asegurarlo.

—Entiendo.

Su mirada se desplazó hacia Lenn.

—¿Qué te ha pasado en el hombro?

Lenn se enderezó ligeramente.

—Fui descuidado, comandante. La criatura se abalanzó sobre mí mientras examinaba las huellas.

Edric observó el hombro herido.

—¿Puedes caminar?

—Sí, comandante.

—Bien. Cuando volvamos al pueblo, harás que te examine el sanador. Hasta entonces, no fuerces el brazo.

—A sus órdenes.

Edric se volvió hacia mí.

—Envié a los heridos de vuelta hace un rato. El sanador también se fue con ellos.

—¿Cómo están?

—Ya recibieron los primeros auxilios. Cuando lleguen al pueblo, podrán atenderlos mejor.

Asentí.

—¿Y qué vamos a hacer con la mercancía?

Edric señaló el carro que seguía intacto.

—Hemos recogido la mayor parte de lo que se puede recuperar. Ya cargamos una parte, pero de los tres carros solo uno está en condiciones de utilizarse.

Miré el carro volcado.

—¿Habéis intentado enderezarlo?

—Vamos a intentarlo, aunque una de sus ruedas también está dañada. Repararlo aquí podría llevar bastante tiempo.

—¿Vas a pedir que traigan otros carros del pueblo?

—Cuando envié a los heridos, le pedí al cochero que mandara otros dos carros de carga vacíos. Tardarán un poco en llegar, pero deberíamos poder terminarlo todo hoy.

Observé los sacos amontonados junto al camino.

—¿Nos dará tiempo antes de que anochezca?

—Mientras no surja otro problema, sí. Después de todo, no estamos demasiado lejos del pueblo.




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