La oscuridad tras el silencio

Capítulo 19: Una vieja amiga

Perspectiva de Lucas

Después de descansar un poco tras el entrenamiento matutino con Gareth, decidí ir a visitar a Thea por la tarde.

Últimamente no veía a mis amigos tan a menudo como antes. Desde la llegada de Gareth, nuestros entrenamientos se habían alargado y había empezado a pasar la mayor parte de mi tiempo libre en casa.

Cuando me acerqué al taller de Daren, escuché el sonido de unas espadas de madera chocando entre sí.

Al entrar en el patio, vi a Thea y Bram frente a frente. Ambos sostenían espadas de madera.

Un poco más allá, Mira estaba sentada en un pequeño taburete, concentrada en su libro.

—¡Luke! —me llamó Thea.

Bram bajó su espada.

—Justo estábamos hablando de ti.

—¿De qué hablabais?

Thea apoyó la espada sobre su hombro.

—Bram ya no es tan fácil de vencer.

—¿Y eso no es bueno?

—¡Claro que sí! ¡Pero antes era más fácil!

Bram protestó.

—Tú siempre atacas por el mismo lado.

—¡Porque no sabes defenderte por ahí!

—Ahora sí sé.

Thea se colocó inmediatamente frente a él.

—¡Pues demuéstralo!

Me aparté para observarlos.

Como de costumbre, Thea fue la primera en atacar. Cuando lanzó su espada hacia el lado derecho de Bram, él bloqueó el golpe y dio un paso hacia un lado.

Después intentó contraatacar.

Thea saltó hacia atrás justo a tiempo.

—¡Casi te doy! —exclamó Bram.

—¡Pero no lo conseguiste!

Volvieron a colocarse frente a frente.

Era evidente que Bram había mejorado. Antes se limitaba a intentar bloquear los ataques, pero ahora también aprovechaba cualquier oportunidad para atacar.

Aun así, Thea seguía siendo más rápida.

Tras varios intercambios, Bram perdió el equilibrio y Thea aprovechó para tocarle el brazo con su espada.

—¡He ganado!

Bram bajó la espada.

—Otra vez.

—Primero voy a luchar contra Luke.

Thea se volvió hacia mí.

—¿Qué dices?

—Vale.

Intercambié mi lugar con Bram.

Como esperaba, Thea atacó de inmediato. Bloqueé su espada, me aparté a un lado y contraataqué.

Mi espada de madera rozó suavemente su hombro.

—Te pillé.

Thea me miró sorprendida.

—¡Has sido muy rápido!

—Últimamente estoy entrenando con Gareth.

—¡Entonces otra vez!

Nuestro segundo enfrentamiento duró más. Esta vez, Thea observó atentamente mis movimientos y consiguió bloquear varios de mis ataques.

Incluso hubo un momento en que me obligó a retroceder.

Pero al final volví a ganar.

—¿Qué te está enseñando Gareth? —preguntó.

—Sobre todo me señala los errores que cometo.

—¿Puedes enseñarme a mí también?

—Claro.

Justo entonces escuchamos la voz de Mira.

—¿Por fin vais a prestarme atención?

Los tres nos volvimos hacia ella.

Mira había cerrado su libro y se había levantado.

—Tengo algo que enseñaros.

Thea corrió inmediatamente hacia ella.

—¿Magia?

Mira asintió con orgullo.

—¡Sí! ¡Por fin lo he conseguido!

Se dirigió a una zona despejada del patio y nos pidió que nos apartáramos un poco.

Extendió ambas manos hacia delante y comenzó a recitar lentamente el encantamiento.

Al principio no ocurrió nada.

Entonces, las hojas secas del suelo empezaron a moverse.

Se levantó una suave brisa que hizo que las hojas flotaran en el aire. Unos segundos después, el viento ganó fuerza y algunas salieron despedidas hacia el otro extremo del patio.

Mira bajó las manos.

—¿Lo habéis visto?

Thea aplaudió emocionada.

—¡Ha sido increíble!

Bram observó las hojas esparcidas por el suelo.

—¿De verdad has hecho eso tú?

—¿Quién más iba a hacerlo?

Al ver lo orgullosa que estaba Mira, sonreí.

—Felicidades. Te ha salido muy bien.

—¡Gracias!

Entonces se volvió hacia mí.

—Tú también puedes usar Viento Susurrante, ¿verdad?

—Sí.

—¿Qué te parece el mío? ¿Se parece al tuyo?

Lo pensé un momento.

El viento que había creado Mira era más fuerte de lo que esperaba. Además, no llevaba demasiado tiempo aprendiendo magia.

—Creo que está bastante bien —respondí.

—¡Entonces hazlo tú también! Vamos a compararlos.

Mira se apartó.

Extendí la mano y recité el encantamiento de Viento Susurrante.

Al dirigir mi maná, el viento comenzó a formarse.

Las hojas del suelo se elevaron y empezaron a girar frente a mí.

Pensé en hacerlo un poco más fuerte.

Sin embargo, cuando el viento empezó a intensificarse, mantuve estable el flujo de maná.

Unos segundos después, terminé el hechizo.

Mira observó las hojas del suelo.

—El tuyo se formó más rápido.

—Llevo mucho tiempo practicando.

—Lo sé. Pero tenían casi la misma fuerza, ¿no?

Yo había estado pensando lo mismo.

—Supongo que sí.

Mira juntó las manos con entusiasmo.

—¡Entonces sí que he mejorado!

—Desde luego.

Me alegré por ella.

Sin embargo, había algo que me inquietaba.

Mira acababa de empezar a aprender magia, mientras que yo llevaba mucho tiempo practicando.

Aun así, la diferencia entre los vientos que habíamos creado no era ni de lejos tan grande como esperaba.

Me miré la mano.

Sentía que podía lanzar un hechizo más poderoso.

Entonces, ¿por qué siempre obtenía el mismo resultado?

Perspectiva de Ralph

Cuando regresé a casa después de terminar mis obligaciones en el pueblo, encontré a Gareth sentado junto a la mesa del patio.

Había extendido el cuaderno de Aren y varias hojas de papel frente a él.

—¿Otra vez con eso? —pregunté.

Levantó la cabeza.

—Creo que esta vez he encontrado algo.

Me senté a su lado.

Gareth colocó tres páginas frente a mí.

—Mira esto.

La primera contenía breves explicaciones sobre los experimentos mágicos de Aren. Las otras dos recogían observaciones similares.




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