La otra Anna

Capítulo 27

—¿La primera qué, mamá?

Mi madre no contestó enseguida. Se secó la cara con el dorso de la mano, con un gesto brusco, casi de rabia contra sí misma, y cuando por fin habló, lo hizo mirando hacia la casa a oscuras, no hacia mí, como si le resultara más fácil confesar algo dirigiéndose a una ventana vacía que a los ojos de su propia hija.

—Antes de conocer a vuestro padre, hubo otro hombre —dijo—. Yo era muy joven. Nos íbamos a casar. Y una noche, en su casa, discutimos por algo que ahora ni siquiera recuerdo bien, algo pequeño, algo que en cualquier otra pareja se habría olvidado a la mañana siguiente. Discutimos en lo alto de unas escaleras, Claudia. Y él cayó.

Sentí que el aire del jardín se volvía más frío de golpe, aunque no había cambiado nada a nuestro alrededor.

—¿Lo empujaste?

—No lo sé. —Fue lo más honesto que le había oído decir en toda la conversación—. Llevo treinta y cinco años haciéndome esa pregunta y todavía no tengo una respuesta que pueda sostener del todo. Sé que discutíamos. Sé que yo estaba muy cerca de él. Sé que grité, que él gritó, que hubo un instante de contacto físico que ni siquiera fue violento, solo desesperado, y al segundo siguiente estaba en el suelo, con el cuello en un ángulo que no debía tener nunca un cuello humano.

—¿Y qué hiciste?

—Lo mismo que hice con Ana. Huir. —Su voz sonó hueca, vaciada de toda emoción, como si repetir la palabra tantas veces le hubiera arrancado el peso que debería tener—. Se investigó como un accidente doméstico. Nadie sospechó nunca de mí, porque nadie sabía que yo había estado allí esa noche. Conocí a vuestro padre dos años después. Se lo conté todo antes de casarnos, porque no podía empezar una vida entera sobre una mentira tan grande. Estuvo a punto de dejarme. Casi lo hace. Pero decidió quedarse, por amor, o por miedo a estar solo, nunca lo supe con certeza, y los dos acordamos que aquello moriría con nosotros.

—Y ahora ha muerto con Ana.

Mi madre cerró los ojos.

—Ana encontró unas cartas viejas hace un año, en una caja que yo creía bien escondida. No las cartas del hombre, exactamente, sino la correspondencia entre tu padre y yo, de aquella época, donde él mencionaba lo que le había contado. Ana no llegó a entenderlo todo, no de golpe, pero empezó a tirar del hilo. Empezó a investigar. Y cuanto más descubría, más se convencía de que tú tenías derecho a saberlo también.

—Por eso el trastero. Por eso las carpetas.

—No solo por Marcos y su dinero. —Mi madre asintió, despacio, como si cada movimiento le costara un esfuerzo físico—. Ana estaba investigando dos cosas a la vez, Claudia. La ruina de su marido, y la verdad sobre mí. Y las dos, juntas, terminaron matándola.

Nos quedamos en silencio, las dos, sentadas en el suelo frío de aquel jardín, mientras dentro de la casa las luces se iban apagando una a una, como si incluso el edificio hubiera decidido que ya había presenciado suficiente por una noche.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó ella por fin, con una voz que ya no pedía perdón, solo esperaba una sentencia.

No supe qué contestarle. Porque la verdad era que no lo sabía. Tenía delante de mí a la mujer que me había criado, que me había mentido durante treinta y cinco años, que había matado dos veces sin querer matar ninguna de las dos, y que ahora esperaba de mí una decisión que ningún hijo debería tener que tomar jamás sobre su propia madre.

Me levanté del suelo despacio, sacudiéndome la tierra de los pantalones.

—Voy a llamar a la policía, mamá —dije, y mi propia voz me sonó extraña, como si perteneciera a otra persona—. No esta noche. Pero voy a hacerlo.

No esperé su respuesta. Entré en la casa, subí las escaleras evitando el escalón número nueve por puro instinto, y me quedé mucho rato despierta en mi cuarto, mirando el techo, preguntándome cuántas veces más aquella casa iba a obligarme a decidir entre la verdad y la sangre que compartía con quienes la ocultaban.



#1046 en Thriller
#347 en Suspenso

En el texto hay: vioencia

Editado: 13.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.