Brasil no era el paraíso, pero parecía una salida.
Cuando Maikol y Camila pusieron el pie en tierra brasileña, no venían buscando playas, ni carnaval, ni samba. Venían huyendo. De un país que se les caía encima, de la rutina, del hambre, de la desesperanza. Y también venían buscando algo: un comienzo, una tregua, una vida que doliera menos.
¿Hachiko ? Un milagro Edelvis lo va a cuidar.
Pero no sabían que en este lado del mapa también había trampas.
Aquí no hay dictadura, pero hay mafia. No hay libreta, pero hay hambre ,hambre de luchar . No hay apagones, pero hay oscuridades más grandes: las del alma, las de la calle, las de confiar en quien no se debe.
Maikol lo tenía claro: en la vida se sobrevive como se pueda, y si hay que ensuciarse las manos para llenar el plato, se ensucian. Pero Camila soñaba con una salida limpia, con una vida nueva, con dejar atrás todo. Con amar sin miedo, dormir sin culpa y vivir sin deberle nada a nadie. Ni al pasado, ni a Manuel.
Porque Manuel... era otra cosa. Era más que un socio. Más que un amigo. Más que un problema.
Y de ahí nace esta historia. De ese momento donde todo parece mejorar, pero empieza a torcerse. Cuando la plata entra fácil, pero se va cobrando vidas. Cuando el amor no alcanza para salvarse. Cuando escapar ya no es una opción... y solo queda pelear, o caer.
Esta no es una historia de héroes. Ni de santos.
Es la historia de una pareja que quiso dejar el negocio, y no los dejaron. De una traición. De una muerte. De una verdad tan cruda que nadie la quiere contar.
Pero yo sí.
Porque a veces la única forma de salvar lo que somos… es contando todo lo que fuimos.
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Editado: 03.08.2025