Y así junio partió, y los inicios de julio comenzaron, mismas fechas en las que yo cumplía años. Muchos amigos y familiares habían escrito en mi muro, subido una historia o enviado un mensaje deseándome un feliz cumpleaños.
Recibí más mensajes de lo esperado, pero como estaba tan ocupado en aquel entonces, me esperé a que anocheciera para responder aquellos buenos deseos, pero mis ojos siempre buscaban su mensaje, el cual jamás llegó, o bueno, jamás vi llegar...
Decidí concentrarme en mí mismo, pero jamás desinstalé mis redes sociales; más bien pasaba concentrado en la barra de notificaciones esperando su mensaje, y así transcurrió el tiempo. Una semana antes de que termine julio, Daniela me escribió, y decidimos cortar nuestra relación de la manera más sana posible. Terminamos en buenos términos, y yo le aclaré que ella podía escribirme siempre que me necesitara.
Por primera vez alguien llegó a amarme con la misma intensidad que yo amaba, y también por primera vez me sentí arrepentido de haber roto ese corazón de hielo que me hacía ver fuerte; después de la ruptura, Queen, José José, Adolescentes, Mana, Nino Bravo, y muchos otros artistas me acompañaban en mi desamor.
Solía estar siempre decaído y un tanto distraído; aún no lo creía. Así los últimos días de julio las pasé escuchando música, entrenando, trabajando y comiendo un poco más de lo debido.
Me decía a mí mismo que yo podía volver a ser el de antes; solo tenía que volver a congelar mis sentimientos, pero muy en el fondo aquel fuego resurgía para demostrarme que era débil, que era un hombre acabado.
El 1 de agosto en la tarde había llegado del entrenamiento, y decidí entrar a mis redes sociales antes de ir a tomar una ducha, y entonces vi algo que me terminó de destruir.