Así el tiempo pasó; después vi que publicó nuevamente una historia. Ahora ya había sanado un poco. Intentaba olvidar, pero a veces el destino puede llegar a ser tan cruel, que me volvió a poner a Daniela en mi camino, dándome nuevamente una oportunidad para salvar algo que yo sabía muy bien que hace tiempo ya estaba perdido.
Sabía perfectamente que lo que estábamos haciendo estaba mal, tanto así que mi amiga Nicole me decía que no regresara con ella, que me apreciara un poco y no cayera en lo mismo, pero fui un tonto, aquel amigo al que le escribes, o dices un testamento para que lo envíe directo a la basura sin importarle nada más que caer en los mismos vicios.
Nuevamente volvimos a nuestra relación; fue como cuando nos conocimos. El amor fue tan fugaz que con el frío de las corrientes de aire lo apagaban poco a poco.
Nuevamente la historia se repitió; era como si nunca hubiéramos estado destinados, como si por más que lo intentáramos volviéramos al mismo camino lleno de piedras en las que nos tropezábamos una y otra vez, tanto así que ya no queríamos dar nuestro esfuerzo para levantarnos.
Un lunes 30 de septiembre, alrededor de las 6 de la mañana, Daniela dio fin nuevamente a nuestra relación. Mismos momentos en los que mi vida comenzaba a derrumbarse poco a poco debido a varios problemas. En su mensaje me decía que ya no me quería lastimar, pero hace mucho que me había matado. Ahora el indiferente a la situación fui yo. Acepté sin nada más que decir y ella desactivó su cuenta, y así fugaz como todo empezó, fugaz terminó.