Maxus Medici estaba en el puerto aéreo, una estructura flotante con la apariencia de una estación de tren mezclada con la tecnología antigravitacional Moloty. Un edificio al centro de ladrillos y techos rojos con cuatro extensiones donde los enormes destructores voladores Medici, el orgullo de su flota, vigilaban siempre desde el cielo y escondidos de toda la humanidad.
El rey Medici estaba viendo cómo el transporte personal de Viktor llegaba al puerto y, desde lo lejos, vio cómo llegaba la Orca, el transporte aéreo de los McFarlane. Un colosal transporte negro con la parte inferior de color blanco, con sistemas de despegue vertical y armamento pesado para asaltos rápidos y recuperación de tropas en territorios hostiles.
Al tocar puerto, la rampa bajaba y de ella bajaban Connan con su imponente estatura de 3 metros y su hacha gigante apoyada en su hombro y, a su lado, su incondicional esposa Olga McFarlane, una mujer descomunal con una musculatura escultural pero con una belleza sin igual. Su cabello rubio iba agarrado en dos largas trenzas que caían a cada lado de sus esculturales hombros e iba cargando un escudo tipo rodela y una lanza.
—Connan —dijo Maxus saludando a su amigo—, Olga. —Saludó besando la mano de la escudera.
Ahí estaba ya Viktor Moloty con su uniforme blanco, su cabello impecablemente recortado y su postura militar inalterable.
—Connan —dico Viktor esbozando una sonrisa.
El rey oso solo volteó y le dio un abrazo que casi rompe las costillas del ruso.
—¡Maldita sea! ¡Viktor, me has hecho falta! —rugió el gran rey escocés.
Luego Olga abrazó a Viktor dándole un beso en la boca que hizo sonrojar al rey alquimista.
—¡Jaja! —sonrió Connan al ver a Maxus—. También te eché de menos, viejo amigo —dijo al ver a Maxus, que siempre ha sido más estoico en su forma de ser y, pese a su estoicismo, también se notó su alegría por ver a sus viejos amigos reunidos una vez más para lo que podría ser una última misión.
—Vinimos lo más rápido que pudimos —dijo Viktor—. ¿Nos vamos ya?
—¿Nos vamos ya? —lo secundó Connan.
—Sí, solo debemos esperar a Damian, él vendrá también —dijo Maxus.
—No me pidas que me encargue de ese mocoso irresponsable —dijo Olga con un gesto de enojo—. La última vez tuve que ir a sacarlo de un embrollo con un grupo de zoántropos y me costó un zarpazo en la espalda.
—Esta vez será diferente —dijo Maxus—, lo sé.
Todos solo trabaron los ojos con escepticismo; ya sabían que el joven Medici era una bala perdida. Todo un irresponsable que tenía la capacidad de desperdiciar su talento con cada paso que da.
Unos 10 minutos después llegó Damian junto a Malenna y Alessandra. Lo llevaban tambaleándose de borracho. Maxus al verlo se azotó la cara con frustración.
—¡Creí que lo llevarías a tomar una ducha, no a emborracharse! —le reclamó a Malenna.
—¡Se emborrachó en la ducha! —respondió la boticaria.
—¡No tiene remedio! —dijo Alessandra.
Todos cruzaron los brazos y negaron con la cabeza.
—Yo no lo cuido —dijo Olga mientras abrazaba a Malenna.
—Ella es Alessandra, una novata que está aprendiendo sobre médico de combate. Ella merece más tu escudo —dijo Malenna mientras presentaba a Alessandra al grupo.
—Vas a aprender de la mejor —dijo Olga mientras avanzaban hacia la Orca, el que sería su transporte para este viaje, cortesía de los McFarlane.
—Bueno —dijo Connan cuando finalmente todos estaban a bordo—. ¡Vámonos!
#1089 en Fantasía
#593 en Personajes sobrenaturales
#145 en Paranormal
#54 en Mística
cambiaformas, romance fantasía acción aventuras, poder divino
Editado: 28.10.2026