La princesa mística

Capítulo 7

Astra

El sol está cubierto por nubes grises enormes. El aire es frío. Los rayos apenas se asoman junto con pequeñas gotas de lluvia. La Tierra hace años se volvio inestable, pero hay una gran diferencia cuando se trata de la naturaleza y de la magia élfica. Tantos elementos a la vez es sínonimo de que ellos estan aquí, buscando a la culpable de asesinar a dos de los suyos, entienden el peligro de lo ocurrido; nadie en su sano juicio los enfrenta, mucho menos los mata a menos que sea en grupo o de igual poder...

¿Recordaran la época donde se enfrentaron a la maga de fuego? En ese momento todos le tenian miedo a algo que creyeron imposible y que ahora siguen llamando leyenda con tal de callar los escandalos políticos.

—¡Saben que esto es imperdonable! —grita el hombre de traje parado frente al pueblo humano mientras detrás tiene a varios elfos con armadura verdosa—. Ayudaremos a la Tierra élfica para tomar cartas en este asunto. —Los elfos murmuran al burlarse de sus palabras. Para ellos ofrecerles ayuda humana, es como no darles nada. Espero algún día ver a las criaturas de todos los reinos rogar por una humana—. Así que por favor, pido de su colaboración.

La multitud empieza a arrojar todo lo que encuentra hacia los impenetrables escudos plateados de los elfos mientras les gritan calamidades. Un ruido los estremece, las nubes parecen brillar en el cielo, se oscurecen y un rayo cae en medio de la base de madera donde se encuentra el hombre humano. Antes de que salga herido, uso el aire para tirarlo hacia un lado y a su vez hacer que las partes de la madera golpeen al ejercito. Cuando el humo se dispersa, el elfo responsable voltea, dejando visible unos ojos rojos furiosos debido a la herida sangrante de su mejilla. Busca algo fuera de lo normal. Inspecciona a su equipo lleno de astillas. Se muestra confundido, es obvio, es como si la rafaga de viento en lugar de caer hacia aquí, la hubieran empujado hacia ellos.

Jox me agarra con fuerza del brazo—. ¡¿Qué carajo te pasa?! —Se contiene en gritar—. ¡Vámonos! —Me jala fuera de las personas.

Al adentrarnos en un callejón me safo de su mano—. Puedo caminar sola.

—Tus imprudencias nos meteran de nuevo en problemas.

—Es imprudencia cuando lo haces sin motivo. Ayudar a gente inocente no tiene nada de imprudente. —Paso de largo, golpeando hombro con hombro.

—Astra, lento nena. —suplica Janet.

Disminuyo la velocidad de mala gana, ocasionando que Tharás me alcance—. Reina, hiciste lo correcto.

Las palabras me toman por sorpresa. Mato y lastimo a los suyos, aún con eso me sigue viendo de la misma forma que la primera vez. Es un elfo raro.

—¿Cómo sigue tu tobillo?

Sonríe—. Mejor, gracias. Casi no duele y puedo caminar más rápido.

Lo veo cojear un poco—. Es un camino muy largo.

—Lo sé.

—Luego no descansaremos. Partiremos de inmediato a Alfheim, tu Tierra.

Los ojos prupura le brillan—. Veo que ya visto el nombre en el mapa.

—¿Sabes lo que pasará allá?

Se sobresalta—. ¿A qué te refieres?

Suspiro. Planeo mentalmente dejar la conversación hasta ahí; sin embargo, continua observando mi siguiente movimiento. Es observador, sigiloso, habilidoso con su poder y tampoco dudo que sea inteligente. Es genético, los de su especie son así. Los suyos...

Entrecierra los ojos, lo imito. Vuelve a aliviar la experesión, yo igual.

Hay coincidencia que me duele. "Eres como ellos..." Aparto las palabras de mi hermano.

—Reina, eres decidida.

—¿Qué...?

—No es imprudencia, es decisión.

—Mate a los tuyos.

Asiente—. Ya me lo dijiste varias veces.

Resople—. Quizá, allá en Alfheim lo haga otra vez.

Bajo la cabeza un momento—. Será por una buena razón.

Negue varias veces, me estaba enojando y no sabia si era con él por ser tan ingenuo o conmigo por querer que me reprochara la situación.

<<—Lo haces asumiendo las consecuencias, eso es saber tomar decisiones. En cambio, un imprudente se arrepiente después de haberlo hecho

¿Yo me arrepiento? No. De otras cosas si. Pero son las que sepulte en mi pasado. Esas, siempre me perseguiran sin importar cuantos años aún viva.

Cruzamos el arco negro roto que marca el final del mercado. Silas tenía razón, los elfos protegerian entradas principales en lugar de unas cuantas casas en ruinas en medio del sol infernal que a duras penas protege a las familias aquí. Un joven de al menos quince años pasa a lado nuestro, cubriendo a una mujer con una manta.

—Agua—murmura con las labios secos.

El joven la mira con los ojos llorosos—. Ya busque mamá, no hay.

Un recuerdo me golpea el pecho al ver al chico con la piel suavemente bronceada, la ropa rota y desidratado. Se nota cansado; no obstante, sigue acariciando la carita de su mamá.

Respiro profundo, buscando la calma. Invoco el agua en cada movimiento ligero que hago con la mano. Siento la corriente, lo fresca que esta. Abro los ojos y me encuentro con una burbuja enorme. Nunca habia sido tan sencillo. Muevo las manos despacio para ponerla en un tarro. Sujeto una hoja que siempre llevo en el cabello para enrollarla hasta formar un cono que lleno con esa misma agua.

La llevo hasta ellos—. Aquí tienes. —El joven la ve como si se tratara de magia—. Hay mucha en ese tarro. —Señalo—. Les ayudara por un tiempo, cuidala.

Una lágrima se desplaza por su mejilla en cuanto asiente.

—Mamá, bebe.

Giro de vuelta al grupo donde Jox frunce el entrecejo y los demás sonrien.

—Bien hecho, Reina.

—Gracias a ti, Tharás.

—¿Yo?

—Gracias por salvarme en esa cueva, y por mostrarme...—miro una vez más a esa familia—, que soy más de lo que pienso.




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