La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 8 — El rey que dejó de respirar

Adrian permaneció inmóvil en la puerta.

Ariana estaba de pie frente a la ventana, con el medallón entre sus dedos.

Sus ojos todavía conservaban un leve brillo dorado.

—¿Qué ocurrió? —preguntó él.

Ariana tardó unos segundos en responder.

—Volví a verla.

Adrian cerró la puerta.

—¿A quién?

—A la mujer de mis sueños.

Él se acercó lentamente.

—¿Qué te dijo?

Ariana levantó la mirada.

—Que tuvo que dejarme.

Adrian sintió un escalofrío.

—¿Eso fue todo?

—Antes de desaparecer dijo que era...

Ariana frunció el ceño.

—No pude escuchar el final.

Adrian observó el medallón.

—¿Lo tocaste?

—Sí.

—¿Y apareció la visión?

—Sí.

Adrian respiró profundamente.

Su lobo se agitó.

Es ella.

—¿Qué? —preguntó Ariana.

Adrian se dio cuenta de que había hablado en voz alta.

—Nada.

—No me digas nada otra vez.

Ariana se acercó.

—Estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mí menos yo.

Adrian sostuvo su mirada.

—Lo entiendo.

—No, no lo entiendes.

Ella señaló su pecho.

—Me despierto con sueños de una vida que no recuerdo. Mis ojos cambian. Puedo hacer cosas que no sé controlar. Una criatura me atacó y terminó huyendo de mí. La reina me mira como si hubiera perdido a alguien parecido a mí.

Adrian guardó silencio.

—Y tú...

Ariana tragó saliva.

—Tú me miras como si yo significara algo.

Aquellas palabras atravesaron al rey.

—Significas algo.

Ariana dejó de respirar por un instante.

—¿Qué?

Adrian se acercó.

—No sé cómo explicarlo.

—Inténtalo.

—Desde que llegaste, mi vida dejó de sentirse normal.

Ariana bajó la mirada.

—La mía también.

Adrian levantó suavemente su barbilla.

—Cuando te vi por primera vez...

Se detuvo.

No quería decirlo.

No todavía.

Pero su lobo rugía dentro de él.

Díselo.

—¿Qué? —susurró Ariana.

Adrian acercó su rostro.

—Sentí que ya te conocía.

Ariana cerró los ojos.

Por un instante ninguno de los dos se movió.

Sus rostros quedaron a centímetros.

La respiración de ambos se mezcló.

Ariana abrió los ojos.

—Adrian...

Él iba a responder cuando un golpe estremeció la puerta.

Ambos se separaron.

—¡Majestad!

Era Darian.

—¿Qué ocurre? —preguntó Adrian.

—La reina Isadora quiere hablar contigo inmediatamente.

Adrian miró a Ariana.

—Quédate aquí.

—No.

—Ariana...

—Si la reina quiere hablar contigo sobre mí, quiero estar presente.

Adrian la observó.

Y comprendió que no podría convencerla.

—Entonces vienes conmigo.

El salón privado de la reina estaba completamente cerrado.

Isadora esperaba junto a Edrik.

Cuando Ariana entró, la expresión de la reina cambió.

Sus ojos se humedecieron.

Ariana lo notó.

—¿Por qué me mira así?

Isadora respiró profundamente.

—Porque hay cosas que todavía no puedo explicarte.

—¿Por qué?

—Porque si te digo todo ahora, podrías estar en peligro.

Ariana apretó el medallón.

—¿Más peligro del que ya estoy?

Isadora no respondió.

Adrian intervino.

—¿Qué está ocurriendo?

Edrik colocó un pergamino sobre la mesa.

—Encontramos esto.

Adrian lo tomó.

Era un mapa antiguo.

Marcaba varios territorios.

Algunos estaban señalados con símbolos negros.

—¿Qué significa?

—Son los clanes que participaron en la antigua guerra —respondió Isadora.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Qué guerra?

Isadora la miró.

—La guerra que comenzó la noche en que desapareciste.

El silencio fue absoluto.

Ariana frunció el ceño.

—¿Desaparecí?

Isadora se dio cuenta demasiado tarde de lo que había dicho.

Adrian la miró.

—¿Qué quiso decir?

Isadora cerró los ojos.

—Edrik.

El anciano entendió.

—Majestad...

—No.

Isadora levantó una mano.

—Ya no podemos seguir ocultándolo.

Ariana dio un paso hacia ella.

—¿Ocultarme qué?

La reina la miró.

Durante unos segundos parecía incapaz de hablar.

Entonces una alarma sonó fuera del salón.

Todos se giraron.

Darian entró apresuradamente.

—¡Majestad! ¡Tenemos intrusos en el territorio!

Adrian se puso inmediatamente en guardia.

—¿Cuántos?

—No lo sabemos.

—¿Dónde?

—Cerca del bosque.

Adrian miró a Ariana.

—Quédate con la reina.

—No.

—Ariana...

—No voy a esconderme mientras ustedes arriesgan la vida.

—No es una discusión.

—Pues yo no estoy de acuerdo.

Darian murmuró:

—Esto se está poniendo familiar.

Adrian lo fulminó con la mirada.

—No es momento para bromas.

—Yo no estaba bromeando.

Lía apareció detrás de él.

—Darian, deja de provocar al rey.

—Solo intentaba relajar el ambiente.

—Pues no funciona.

Ariana soltó una pequeña risa.

Incluso Adrian tuvo que contener una sonrisa.

Por unos segundos, la tensión desapareció.

Hasta que otro rugido se escuchó desde el bosque.

Esta vez fue diferente.

Más profundo.

Más poderoso.

Ariana sintió que algo dentro de ella respondía.

Sus ojos se volvieron dorados.

—Ariana... —susurró Isadora.

La joven miró hacia el bosque.

—Hay alguien allí.

Adrian se acercó.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo siento.

—¿Qué sientes?

Ariana llevó una mano al pecho.

—Miedo.

Isadora palideció.

—No es miedo.

Ariana la miró.

—¿Entonces qué es?

La reina respondió en voz baja:

—Reconocimiento.

Adrian salió con sus guerreros.

Darian lo acompañó.

Antes de alejarse, Adrian miró una última vez hacia Ariana.




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