Ariana permaneció inmóvil.
La palabra seguía resonando en su cabeza.
Pareja.
No sabía por qué, pero al escucharla había sentido inmediatamente la presencia de Adrian.
Como si una parte de ella pudiera localizarlo incluso sin verlo.
Isadora la observaba con el rostro completamente pálido.
—¿Qué escuchaste?
Ariana levantó la mirada.
—Una voz.
—¿Qué dijo?
—Que protegiera a mi pareja.
Isadora cerró los ojos.
Ya no podía seguir negándolo.
La sangre de Ariana había comenzado a reconocer el vínculo.
Y eso significaba que el despertar sería mucho más rápido de lo que esperaba.
—¿Qué significa? —preguntó Ariana.
—Significa que tu poder está despertando.
—Eso ya lo sé.
—No.
Isadora negó suavemente.
—Todavía no entiendes lo que significa.
Ariana se acercó.
—Entonces explícamelo.
Isadora quiso responder.
Pero una explosión se escuchó en el exterior.
Las ventanas temblaron.
Ariana se sobresaltó.
—¿Qué fue eso?
Isadora se puso de pie.
—Quédate aquí.
—No.
—Ariana...
—¡Adrian está ahí afuera!
La reina la miró.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo siento.
Y era verdad.
Sentía el miedo.
La tensión.
El dolor.
Como si todo aquello estuviera ocurriendo dentro de su propio cuerpo.
En el bosque, Adrian estaba rodeado.
Tres guerreros habían caído.
Darian tenía una herida en el brazo.
—Esto no es normal —gruñó.
Adrian observó a los intrusos.
No eran simples rogues.
Se movían como guerreros entrenados.
—Retrocedan.
—¿Majestad?
—¡Ahora!
Uno de los enemigos se lanzó contra él.
Adrian lo esquivó y lo derribó.
Pero antes de poder interrogarlo, una energía oscura atravesó el bosque.
Todos quedaron inmóviles.
El enemigo sonrió.
—Ya despertó.
Adrian sintió que su corazón se detenía.
—¿Quién?
El hombre lo miró.
—Ella.
Darian comprendió.
—Ariana.
Adrian salió disparado hacia el castillo.
Ariana caminaba por el corredor.
Isadora intentaba detenerla.
—No puedes ir.
—Tengo que hacerlo.
—Ariana, no sabes controlar tu poder.
—Pero puedo sentirlo.
—Precisamente por eso tienes que quedarte.
Ariana se giró.
—¿Usted sabía que esto iba a pasar?
Isadora guardó silencio.
—¡Usted lo sabía!
—Sabía que algún día despertaría.
—¿Por qué?
Isadora respiró profundamente.
—Porque naciste diferente.
Ariana se quedó quieta.
—¿Diferente cómo?
Isadora la miró.
—Tu sangre no es como la de los demás.
—¿Soy una licántropa?
Isadora negó.
—No exactamente.
—¿Entonces qué soy?
La reina dio un paso hacia ella.
—Eres una gama real.
Ariana frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que eres la última descendiente de una línea que desapareció hace siglos.
Ariana sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Y usted cómo sabe todo eso?
Isadora bajó la mirada.
—Porque conozco tu historia.
—¿Por qué?
Silencio.
—Porque...
Isadora no pudo continuar.
Ariana la miró fijamente.
—¿Quién era la mujer que me dejó?
La reina comenzó a llorar.
—Alguien que te amaba más que a su propia vida.
Ariana sintió un nudo en la garganta.
—¿Está viva?
Isadora cerró los ojos.
—Sí.
Ariana dio un paso atrás.
—¿La conoce?
Isadora no respondió.
Y esa respuesta fue suficiente.
—Usted la conoce.
—Ariana...
—¡Usted la conoce!
La reina extendió una mano.
—Déjame explicarte.
Pero antes de que pudiera hacerlo, las puertas del castillo se abrieron violentamente.
Adrian apareció.
Estaba cubierto de sangre.
Ariana corrió hacia él.
—¡Adrian!
Él apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que ella lo abrazara.
El contacto provocó una descarga.
Una luz plateada los envolvió.
Todos los presentes quedaron paralizados.
Adrian cerró los ojos.
Su lobo rugió.
Nuestra pareja.
Ariana sintió algo cálido recorrer su cuerpo.
Y entonces apareció detrás de ella una silueta.
Una enorme loba plateada.
No era completamente física.
Era una proyección de energía.
Pero todos pudieron verla.
Darian abrió la boca.
—Bueno...
Lía llegó corriendo.
—¿Qué pasó?
Darian señaló a Ariana.
—Creo que nuestra amiga acaba de tener una presentación oficial.
Lía observó la loba.
—Eso no es normal.
Darian la miró.
—Gracias por la información.
—De nada.
Adrian no podía apartar los ojos de Ariana.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Qué fue eso?
—No lo sé.
La loba plateada detrás de Ariana comenzó a desvanecerse.
Antes de desaparecer, miró directamente a Adrian.
Y él sintió algo que nunca había experimentado.
Respeto.
No.
Reconocimiento.
La loba inclinó ligeramente la cabeza.
Adrian hizo lo mismo.
Ariana lo miró sorprendida.
—¿Por qué hiciste eso?
—No lo sé.
Darian soltó una carcajada.
—El rey acaba de inclinarse ante una loba invisible.
Adrian lo fulminó con la mirada.
—Darian.
—Solo digo la verdad.
Lía le dio un golpe en el brazo.
—Cállate.
—Ay.
Ariana comenzó a reír.
Adrian intentó mantenerse serio.
No pudo.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Por primera vez desde que ella había llegado, ambos rieron juntos.
Pero el momento duró poco.
Selene apareció en el corredor.
Había visto todo.
La loba.
La energía.
El vínculo.
Y la forma en que Adrian había mirado a Ariana.