Ariana pasó la noche sin volver a dormir.
Las palabras de Adrian seguían repitiéndose en su cabeza.
“Rechazo nuestro vínculo.”
Por más que intentaba convencerse de que no le importaba, su corazón parecía empeñado en demostrarle lo contrario.
Pero aquella madrugada había aparecido algo nuevo.
Su loba.
Hasta ese momento, Ariana había sentido presencias, voces, destellos de poder y aquella misteriosa energía plateada.
Ahora podía escucharla.
Claramente.
Como si otra conciencia habitara dentro de ella.
—¿Quién eres? —susurró Ariana.
La respuesta llegó desde lo más profundo de su mente.
Soy tú.
Ariana se estremeció.
—No.
Sí.
—Entonces... ¿por qué nunca te había escuchado?
Hubo un breve silencio.
Porque dormía.
Ariana se incorporó lentamente.
—¿Y por qué despertaste ahora?
La voz respondió con una calma inquietante.
Porque él nos rechazó.
Ariana cerró los ojos.
—No quiero hablar de él.
Mientes.
—¡No miento!
Tu corazón lo busca.
Ariana se llevó una mano al pecho.
—No puedo querer a alguien que me rechazó.
Puedes.
—Pues no quiero.
Lo quieres.
Ariana bufó.
—Eres insoportable.
Por primera vez, la voz pareció divertida.
Y tú eres terca.
Ariana abrió los ojos.
—¿Acabas de reírte?
Tal vez.
La joven se quedó unos segundos en silencio.
—Perfecto. Ahora tengo una loba sarcástica dentro de mí.
La voz respondió:
Y yo tengo una humana dramática.
Ariana abrió la boca, indignada.
—¡Oye!
Una pequeña risa escapó de su interior.
Por primera vez desde el rechazo de Adrian, Ariana sonrió.
Pero la tranquilidad duró poco.
Un fuerte golpe se escuchó afuera.
Ariana se levantó de inmediato.
Algo estaba pasando.
En el patio de entrenamiento, Adrian estaba enfrentando a Darian.
—Otra vez —ordenó Adrian.
Darian respiró agitado.
—Llevamos dos horas.
—Otra vez.
—Majestad, si continúo así, voy a necesitar un ataúd.
Adrian lo miró seriamente.
—Entonces entrena más rápido.
Darian suspiró.
—Definitivamente extrañas a Ariana.
Adrian se quedó inmóvil.
—No estamos hablando de ella.
—Yo sí.
—Darian.
—Adrian.
—Entrena.
—Está bien.
Darian levantó las manos.
—Pero si me rompes una costilla, le voy a decir a Ariana que fue porque estás frustrado.
El rey gruñó.
Darian sonrió.
—Sabía que funcionaría.
Adrian lanzó un ataque.
Darian apenas logró esquivarlo.
—¡Eso fue innecesario!
—Concéntrate.
—Estoy concentrado. Tú eres el que está pensando en otra mujer.
Adrian se detuvo.
Sus ojos cambiaron ligeramente.
—No vuelvas a mencionarla.
Darian lo observó con atención.
—¿Sabes qué es lo curioso?
—¿Qué?
—Tu boca dice que la rechazas.
Se acercó un poco.
—Pero tus ojos dicen que estás desesperado por verla.
Adrian no respondió.
Darian sonrió.
—Tu lobo debe estar volviéndose loco.
—Ya lo está.
—¿Y qué dice?
Adrian cerró los ojos.
La voz de su lobo resonó en su mente.
Idiota.
Adrian suspiró.
—Lo mismo que tú.
Darian soltó una carcajada.
—Entonces quizá por fin alguien dentro de tu cabeza tiene sentido común.
Mientras tanto, Ariana salió de la casa.
Lía intentó detenerla.
—¿Adónde vas?
—A caminar.
—¿Sola?
—Sí.
—Ariana...
—Necesito pensar.
Lía la miró unos segundos.
Finalmente asintió.
—No te alejes demasiado.
Ariana caminó hacia el bosque.
Pero no estaba sola.
Una presencia la seguía.
No era Adrian.
No era Darian.
Y tampoco era humana.
Ariana se detuvo.
—Sé que estás ahí.
Silencio.
—Sal.
Entre los árboles apareció un hombre.
Era alto, de cabello oscuro y ojos amarillos.
Ariana retrocedió.
Su loba despertó inmediatamente.
Peligro.
—¿Quién eres?
El hombre sonrió.
—Alguien que lleva mucho tiempo buscando a la princesa.
Ariana sintió que su cuerpo se tensaba.
—No sé de qué hablas.
—Sí sabes.
El hombre miró el medallón que llevaba al cuello.
—Ese objeto te delató.
Ariana apretó el medallón.
—¿Qué quieres?
—Llevarte con aquellos que esperan tu despertar.
—No voy a ninguna parte.
El hombre avanzó.
Ariana retrocedió.
—No te recomiendo que sigas acercándote.
Él se rio.
—¿Y qué harás?
La energía plateada apareció alrededor de Ariana.
El hombre dejó de sonreír.
—Interesante.
Ariana sintió a su loba despertar completamente.
Déjame salir.
—No sé cómo.
Confía en mí.
El hombre atacó.
Ariana levantó las manos.
Una explosión plateada salió disparada y lo lanzó varios metros.
El desconocido cayó al suelo.
Se levantó lentamente.
—Así que es verdad...
Sus ojos brillaron.
—La gama real despertó.
Ariana sintió un escalofrío.
Entonces el hombre desapareció entre los árboles.
Ella quedó inmóvil.
—¿Quién era?
Su loba respondió:
Uno de muchos.
Adrian sintió el ataque.
Se quedó completamente quieto.
Su corazón se aceleró.
—Ariana.
Darian lo miró.
—¿Qué ocurre?
Adrian no respondió.
Ya estaba corriendo.
Darian lo siguió.
—¡Adrian!
El rey atravesó el bosque a toda velocidad.