La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 12 — La ahijada de la reina

El amanecer encontró a Ariana sentada junto a la ventana.

No había dormido.

Después del encuentro en el bosque, demasiadas preguntas daban vueltas en su cabeza.

La última de nuestra sangre.

La gama real.

La princesa.

Y, por supuesto, Adrian.

Ariana suspiró.

—No voy a pensar en él.

Su loba respondió inmediatamente:

Ya estás pensando en él.

—Tú no ayudas.

Nunca prometí hacerlo.

Ariana puso los ojos en blanco.

—¿Sabes? Antes estaba sola.

Ahora me tienes a mí.

—Ese es precisamente el problema.

La loba pareció reírse.

Ariana sonrió por primera vez aquella mañana.

Pero la sonrisa desapareció cuando escuchó tres golpes en la puerta.

Lía entró.

—La reina quiere verte.

Ariana se tensó.

—¿Isadora?

—Sí.

—¿Dijo para qué?

Lía negó con la cabeza.

—Solo dijo que es importante.

Ariana respiró profundamente.

No sabía si estaba preparada para volver a hablar con su madre.

Pero necesitaba respuestas.

—Vamos.

El salón principal estaba casi vacío.

Isadora esperaba junto a una ventana.

Cuando vio entrar a Ariana, sus ojos se llenaron de emoción.

—Gracias por venir.

Ariana se mantuvo a distancia.

—Dijiste que era importante.

Isadora asintió.

—Lo es.

Sobre la mesa había una caja de madera.

Ariana reconoció inmediatamente el símbolo grabado en la tapa.

La luna y la garra.

—¿Qué es?

—Algo que perteneció a tu padre.

Ariana se quedó inmóvil.

—¿Mi padre?

Isadora abrió la caja.

Dentro había documentos antiguos, un pequeño fragmento de tela plateada y una fotografía.

Ariana tomó la fotografía.

Era un hombre de cabello oscuro y mirada firme.

A su lado estaba Isadora.

Y entre ambos...

Un bebé.

Ariana sintió un nudo en la garganta.

—¿Él es mi padre?

—Sí.

—¿Cómo se llamaba?

Isadora acarició la fotografía.

—El rey Alexander.

Ariana cerró los ojos.

Otra pieza de su pasado aparecía ante ella.

—¿Dónde está?

El rostro de Isadora cambió.

—Murió.

Ariana levantó la mirada.

—¿Cómo?

Isadora tardó en responder.

—Durante el ataque al castillo.

Ariana apretó la fotografía.

—Entonces él también murió intentando salvarme.

—Sí.

—¿Y tú?

Isadora bajó la cabeza.

—Yo sobreviví.

Ariana la observó.

—Y seguiste buscándome.

—Todos los días.

Por primera vez, la voz de Isadora se quebró.

—No hubo un solo día en que no pensara en ti.

Ariana quiso acercarse.

Pero todavía había demasiado dolor.

—Necesito tiempo.

Isadora asintió.

—Lo tendrás.

Entonces un golpe fuerte resonó en el salón.

Ambas se giraron.

Darian apareció en la entrada.

—Tenemos un problema.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Isadora.

—Encontramos a uno de los intrusos de anoche.

Ariana se levantó.

—¿Lo capturaron?

Darian negó con la cabeza.

—No.

—¿Entonces?

—Lo encontraron muerto.

El silencio cayó sobre la habitación.

—¿Quién lo mató? —preguntó Isadora.

Darian miró a Ariana.

—No lo sabemos.

En otra parte del palacio, Selene observaba por la ventana.

No estaba sola.

Una mujer cubierta por una capa negra estaba frente a ella.

—La princesa está despertando demasiado rápido —dijo Selene.

—Lo sabemos.

—Entonces hagan algo.

—¿Tú no eres capaz de detenerla?

Selene apretó los puños.

—No puedo enfrentarme a ella directamente.

—¿Por qué?

Selene recordó la energía plateada de Ariana.

—Porque todavía no sé hasta dónde llega su poder.

La mujer sonrió.

—Entonces no luches contra su poder.

Selene frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Lucha contra su corazón.

Selene comprendió.

—Adrian.

—Exactamente.

—Él ya la rechazó.

—Pero su lobo no.

Selene sintió un escalofrío.

—¿Y qué propones?

La mujer se acercó.

—Haz que Ariana crea que Adrian nunca podrá aceptarla.

Selene sonrió lentamente.

—Puedo hacerlo.

Mientras tanto, Adrian estaba en la sala de reuniones con varios miembros del consejo.

—La situación es peligrosa —dijo uno de los ancianos—. La existencia de la princesa cambiará el equilibrio entre los clanes.

—Lo sé.

—Debe permanecer protegida.

—Lo estará.

Otro consejero habló.

—Majestad, existe otro problema.

Adrian levantó la mirada.

—¿Cuál?

—Selene.

El rey permaneció en silencio.

—La alianza entre su familia y la corona sigue vigente.

Adrian apretó la mandíbula.

—No voy a discutir esto ahora.

—Debe hacerlo.

—No.

El consejero insistió.

—La llegada de la princesa cambia todo.

Adrian se levantó.

—Precisamente por eso.

—Majestad...

—He dicho que no.

La puerta se abrió.

Selene entró.

—Quizá debería escuchar al consejo.

Adrian la miró.

—No te invité.

—Lo sé.

Selene caminó hacia él.

—Pero tenemos asuntos pendientes.

Adrian cruzó los brazos.

—No hay nada pendiente.

—¿Seguro?

Selene sonrió.

—Porque durante años todos creímos que yo sería tu reina.

—Eso era una expectativa.

—Una expectativa respaldada por nuestras familias.

Adrian no respondió.

Selene bajó la voz.

—Ahora apareció ella.

—Ariana tiene un nombre.

—Y un destino.

—También lo tienes tú.

Selene sonrió.

—¿Todavía?

Adrian la observó fijamente.

—No confundas un acuerdo político con amor.

La sonrisa de Selene desapareció.

—Entonces dime algo.




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