La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 14 — El primer despertar

La voz antigua desapareció, pero sus palabras permanecieron en la mente de Ariana.

“Cuando la princesa despierte, deberá elegir entre la corona y el vínculo.”

Ariana miró la marca plateada de su muñeca.

—¿Qué significa eso?

Adrian seguía observándola.

—No lo sé.

—Eres el rey.

—Eso no significa que conozca todos los secretos de mi reino.

Ariana arqueó una ceja.

—Qué decepcionante.

Adrian la miró sorprendido.

—¿Acabas de burlarte del rey?

—Un poco.

Por primera vez en días, Adrian sonrió.

—Me alegra saber que todavía puedes hacerlo.

La sonrisa de Ariana desapareció lentamente.

—No confundas una sonrisa con perdón.

—No lo hago.

—Bien.

Adrian asintió.

Pero ninguno de los dos se marchó.

La conexión seguía allí.

Invisible.

Innegable.

Y cada vez más fuerte.

A la mañana siguiente, Isadora convocó a Ariana, Adrian, Darian, Lía y Edrik.

Sobre la mesa había varios pergaminos antiguos.

—He pasado toda la noche revisando los archivos —dijo Isadora.

Darian bostezó.

—Yo también pasé toda la noche despierto.

Lía lo miró.

—Tú dormiste seis horas.

—Eso es poco para un hombre tan trabajador.

—Te escuché roncar.

—Era concentración.

Ariana soltó una pequeña carcajada.

Isadora sonrió.

—Me alegra que todavía podamos reírnos.

Después su expresión se volvió seria.

—Porque lo que voy a contarles puede cambiarlo todo.

Extendió uno de los pergaminos.

—La gama real no es simplemente una descendencia de sangre.

Ariana se inclinó.

—¿Entonces qué es?

—Es un linaje capaz de conectar a todos los lycanthropos.

Adrian frunció el ceño.

—¿Conectarlos cómo?

—A través de su sangre.

Edrik señaló un dibujo antiguo.

Aparecía una mujer rodeada por diferentes lobos.

—Las primeras generaciones de nuestra especie estaban divididas en clanes —explicó—. Algunos eran rivales. Otros eran enemigos. La gama real apareció cuando una de las antiguas reinas consiguió unirlos.

Ariana observó el dibujo.

—¿Y qué pasó con ese linaje?

—Fue perseguido.

—¿Por qué?

Isadora respondió:

—Porque quien controla ese poder puede influir en todas las líneas de sangre.

Ariana palideció.

—Entonces por eso me buscaban.

—Sí.

—¿Y por eso me ocultaste?

Isadora asintió.

—Sí.

Ariana bajó la mirada.

Durante unos segundos, nadie habló.

Finalmente preguntó:

—¿Mi padre sabía que yo tenía ese poder?

Isadora tragó saliva.

—Sí.

—¿Y él estaba de acuerdo con esconderme?

—Él fue quien más insistió en protegerte.

Ariana levantó la mirada.

—Entonces ¿por qué existe ese documento con su sello?

Isadora se quedó inmóvil.

—Eso todavía no lo sabemos.

Edrik intervino:

—Pero podemos descubrirlo.

Adrian observó el pergamino.

—¿Qué significa exactamente “despertar”?

Isadora miró a Ariana.

—Significa que comenzará a recordar lo que su sangre sabe.

—¿Recordar?

—No recuerdos de tu infancia.

Isadora negó con la cabeza.

—Recuerdos de la línea real.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Cómo?

—A través de sueños, visiones y cambios en tu cuerpo.

Darian levantó una mano.

—¿Y cuánto falta para que eso ocurra?

Isadora miró a Ariana.

—Ya comenzó.

Aquella tarde, Ariana volvió a sentirlo.

Estaba caminando por el bosque cuando un dolor intenso atravesó su cabeza.

Cayó de rodillas.

—¡Ah!

Lía, que caminaba cerca, corrió hacia ella.

—¡Ariana!

La joven no podía responder.

Una visión apareció ante sus ojos.

Un enorme salón.

Cientos de lycanthropos estaban arrodillados.

Al fondo, un trono.

Sobre él estaba sentada una mujer.

Una mujer con cabello plateado.

La misma loba que Ariana había visto detrás de ella.

La mujer levantó la mano.

Todos inclinaron la cabeza.

—La sangre real ha regresado.

Ariana quiso hablar.

Pero no podía.

Entonces la mujer se levantó.

—Cuando llegue el momento, tendrás que elegir.

—¿Entre qué?

La mujer la miró directamente.

—Entre el poder que heredaste...

Hizo una pausa.

—Y el hombre al que amas.

Ariana abrió los ojos.

Despertó jadeando.

Lía estaba arrodillada frente a ella.

—¿Qué viste?

Ariana tardó en responder.

—A una mujer.

—¿Quién?

—No lo sé.

Lía la ayudó a levantarse.

—¿Te hizo daño?

—No.

Ariana miró sus manos.

—Me habló de Adrian.

Lía suspiró.

—Por supuesto.

Ariana la miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Lía.

—Solo digo que aparentemente hasta tus visiones quieren meterse en tu vida amorosa.

Ariana soltó una pequeña risa.

—No es gracioso.

—Un poco sí.

Pero alguien más había sentido el despertar.

Muy lejos de allí, un grupo de lycanthropos se reunió alrededor de una fogata.

El líder levantó la cabeza.

Sus ojos se volvieron dorados.

—Ya despertó.

Uno de los hombres preguntó:

—¿La encontramos?

—Todavía no.

—Entonces ¿qué hacemos?

El líder sonrió.

—Esperamos.

—¿Por qué?

—Porque ella vendrá a nosotros.

—¿Cómo lo sabes?

El líder levantó una pequeña piedra plateada.

—Porque su sangre está llamando a la nuestra.

Mientras tanto, Adrian no podía concentrarse.

Desde la mañana sentía una extraña presión en el pecho.

Darian entró en sus aposentos.

—¿Sigues pensando en Ariana?

—No.

Darian se sentó.

—Mentiroso.

Adrian lo ignoró.

—¿Sabes qué es lo peor?

—¿Qué?

—Que mi lobo no deja de decirme que debo aceptarla.




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