La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 16 — La princesa perdida

La noticia de que Edran seguía vivo cambió completamente el ambiente del palacio.

El hombre que había recibido la orden de sacar a Ariana del reino veintidós años atrás podía ser la pieza que faltaba para reconstruir toda la verdad.

Y, por primera vez, Ariana sentía que estaba cerca de conocer realmente su pasado.

Pero también había algo que la inquietaba.

Su padre.

Alexander.

El hombre que había ordenado protegerla.

El hombre que había muerto creyendo que quizá jamás volvería a verla.

Ariana sostenía el pequeño pergamino contra su pecho.

—Quiero encontrarlo.

Edrik asintió.

—Lo haremos.

Adrian dio un paso adelante.

—¿Dónde está registrado Edran por última vez?

—En los archivos aparece como miembro de la guardia real.

—¿Y después?

—Nada.

Darian frunció el ceño.

—Eso no es normal.

—No —respondió Edrik—. Alguien eliminó sus registros.

Ariana miró a Isadora.

—¿Quién tenía acceso a esos archivos?

La reina se quedó pensativa.

—Los miembros del consejo, la guardia real y...

Se detuvo.

—¿Qué?

—La familia real.

Ariana sintió un escalofrío.

—Entonces el traidor estaba muy cerca.

Isadora asintió.

—Demasiado cerca.

Horas después, Ariana caminaba por el jardín con Elena y Lucien.

Era extraño.

Había pasado veintidós años creyendo que no tenía familia.

Ahora tenía una madre.

Un tío.

Una tía.

Y un reino entero que decía pertenecerle.

—¿Todos saben quién soy? —preguntó Ariana.

Lucien negó con la cabeza.

—No todos.

—¿Por qué?

—Porque todavía hay clanes que no saben que la princesa sobrevivió.

Ariana suspiró.

—Y otros sí.

—Sí.

—¿Cuántos?

Elena respondió:

—Los suficientes para que debamos tener cuidado.

Ariana se detuvo.

—No quiero esconderme otra vez.

Elena la miró con ternura.

—No tendrás que hacerlo.

—¿Entonces qué debo hacer?

Lucien sonrió.

—Aprender.

—¿A ser princesa?

—A ser quien realmente eres.

Ariana bajó la mirada.

—No sé si sé hacerlo.

—Nadie nace sabiendo gobernar.

Elena le tomó la mano.

—Pero tú no necesitas convertirte en otra persona.

—¿Entonces?

—Solo necesitas aprender a controlar lo que llevas dentro.

Ariana miró sus manos.

—Mi loba.

—Y tu sangre.

En el campo de entrenamiento, Adrian observaba a Ariana desde lejos.

Lía estaba enseñándole algunos movimientos básicos.

—Otra vez —ordenó Lía.

Ariana atacó.

Lía esquivó.

—Más rápido.

Ariana volvió a intentarlo.

Esta vez consiguió derribarla.

Darian, que observaba desde una banca, comenzó a aplaudir.

—¡Excelente!

Lía se levantó.

—No la felicites todavía.

—¿Por qué?

—Porque me tiró al suelo.

Darian sonrió.

—Eso es precisamente lo que estaba celebrando.

Ariana se rio.

Adrian también sonrió.

Lía lo miró.

—¿Quieres intentarlo tú?

Adrian levantó una ceja.

—¿Con Ariana?

—Sí.

Darian intervino:

—Esto va a ser interesante.

Adrian entró al campo.

Ariana se puso en posición.

—No voy a tratarte con delicadeza.

—No quiero que lo hagas.

Adrian sonrió.

—Bien.

Comenzaron.

Ariana era rápida.

Mucho más de lo que ella misma esperaba.

Adrian bloqueó un ataque.

Ella giró y volvió a golpear.

Él la esquivó.

—Estás aprendiendo rápido.

—Quizá mi instructor no es tan bueno.

Darian soltó una carcajada.

—¡Eso dolió!

Adrian negó con la cabeza.

Ariana volvió a atacar.

Esta vez Adrian la tomó de la cintura para detenerla.

El contacto provocó una descarga plateada.

Ambos quedaron inmóviles.

Sus rostros estaban demasiado cerca.

El vínculo despertó.

Ariana sintió el corazón acelerarse.

Adrian respiró profundamente.

Su lobo rugió:

Bésala.

Adrian cerró los ojos.

¡BÉSALA!

—No —susurró.

Ariana lo escuchó.

—¿No qué?

Adrian la soltó inmediatamente.

—Nada.

Ella retrocedió.

—Claro.

Darian miró al cielo.

—Necesito paciencia.

Lía lo miró.

—¿Por qué?

—Porque estoy viendo a dos personas enamoradas intentar convencerse de que no lo están.

Lía sonrió.

—Será divertido.

Esa noche, Selene entró en la habitación de Ariana.

La joven princesa estaba leyendo uno de los documentos que Edrik había encontrado.

—¿Qué haces aquí?

Selene cerró la puerta.

—Quiero hablar contigo.

—No tenemos nada que hablar.

—Sí tenemos.

Selene se acercó.

—Sobre Adrian.

Ariana cerró el documento.

—¿Qué pasa con él?

—Quiero que sepas algo.

Selene respiró profundamente.

—Antes de que llegaras, él y yo teníamos un futuro.

Ariana permaneció en silencio.

—Nuestros matrimonios estaban planeados desde hacía años.

—Lo sé.

—Entonces sabes que no es tan sencillo.

—¿Qué quieres de mí?

Selene se acercó.

—Que seas realista.

Ariana se puso de pie.

—¿Realista?

—Adrian es el rey.

—Lo sé.

—Necesita una reina.

—También lo sé.

Selene sonrió.

—Y tú tienes una corona que todavía ni siquiera sabes llevar.

Ariana sostuvo su mirada.

—¿Terminaste?

Selene frunció el ceño.

—¿No te preocupa?

—No.

—¿Por qué?

Ariana respondió con tranquilidad:

—Porque yo no estoy luchando por Adrian.

Selene se sorprendió.

—¿No?

—No.

Ariana se acercó.

—Estoy intentando descubrir quién soy.

Selene guardó silencio.

—Si algún día Adrian decide estar conmigo, será su decisión.

Ariana abrió la puerta.




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