La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 19 — Entre dos mujeres

La madrugada llegó acompañada de una tensión que nadie podía explicar.

Ariana permanecía frente al espejo de su habitación, observando la nota que había encontrado horas antes.

“Si quieres saber quién te entregó a los humanos, ven sola al antiguo bosque antes de medianoche.”

La había leído tantas veces que prácticamente podía repetir cada palabra de memoria.

Su loba seguía inquieta.

Es una trampa.

—Lo sé.

Entonces no entiendo por qué sigues pensando en ir.

Ariana suspiró.

—Porque necesito respuestas.

Y podríamos conseguirlas de otra manera.

—¿Cuál?

Preguntándole a alguien.

—¿A quién?

La loba guardó silencio.

Ariana levantó una ceja.

—Eso pensé.

No seas sarcástica.

—Tú empezaste.

La loba gruñó.

Ariana sonrió.

Desde que había despertado completamente, aquella voz se había convertido en una presencia constante.

Y aunque todavía le costaba aceptar que aquella loba formaba parte de ella, empezaba a descubrir que podía confiar en su instinto.

Unos golpes interrumpieron sus pensamientos.

—¿Ariana?

Era Lía.

—Pasa.

Lía entró y cerró la puerta.

—Tenemos que hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre Adrian.

Ariana puso los ojos en blanco.

—No.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Precisamente por eso.

Lía cruzó los brazos.

—Te conozco.

—Llevamos pocos días aquí.

—Eso no significa que no pueda reconocerte cuando estás enamorada.

Ariana se quedó inmóvil.

—No estoy enamorada.

—Claro.

—Lía...

—Sí, sí. No estás enamorada. Solo te quedas mirándolo como si fuera el último chocolate del mundo.

Ariana se puso roja.

—¡No lo miro así!

—Darian dice que sí.

—¡Darian no tiene nada que decir!

Lía sonrió.

—Entonces admites que lo miras.

Ariana tomó una almohada y se la lanzó.

Lía la atrapó riéndose.

—¡Violencia contra una bruja!

—Te lo mereces.

—Lo sé.

Ambas comenzaron a reír.

Pero la risa desapareció cuando Lía vio el papel en la mano de Ariana.

—¿Qué es eso?

Ariana dudó.

Después se lo entregó.

Lía lo leyó.

Su expresión cambió.

—Esto no es normal.

—Lo sé.

—¿Vas a ir?

Ariana asintió.

—Sí.

—Entonces yo voy contigo.

—La nota dice sola.

—La nota puede decir muchas cosas. Yo no obedezco a desconocidos.

Ariana sonrió.

—Gracias.

Lía le devolvió el papel.

—Pero hay otro problema.

—¿Cuál?

—Si Darian se entera de que vamos al bosque a medianoche, va a querer acompañarnos.

Ariana suspiró.

—Y Adrian también.

Lía sonrió.

—Exactamente.

En otra parte del castillo, Adrian tenía un problema completamente diferente.

Darian lo observaba desde el otro lado de la mesa.

—Estás inquieto.

—No.

—Sí.

—No.

—Llevas diez minutos caminando de un lado a otro.

Adrian se detuvo.

—Estoy pensando.

—Eso es peor.

Adrian lo miró.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando piensas demasiado, terminas tomando decisiones impulsivas.

Adrian cruzó los brazos.

—No hago eso.

Darian soltó una carcajada.

—¿Quieres que te recuerde el día que rechazaste el vínculo con Ariana?

Adrian hizo una mueca.

—No.

—Entonces no digas que no eres impulsivo.

Adrian se dejó caer en una silla.

Su expresión se volvió seria.

—Algo no está bien.

—¿Por Ariana?

—Sí.

—¿Qué sientes?

Adrian cerró los ojos.

—Miedo.

Darian dejó de bromear.

—¿Miedo?

—No a ella.

Adrian miró hacia la ventana.

—Tengo miedo de que alguien intente utilizarla.

—Eso ya está sucediendo.

—Lo sé.

Darian se acercó.

—Entonces protégela.

Adrian guardó silencio.

Su lobo habló dentro de él.

No vuelvas a perderla.

Adrian apretó los puños.

—No lo haré.

Mientras tanto, Selene estaba en una habitación privada con Mireya.

Sobre la mesa había varios documentos antiguos.

—¿Estás segura de que funcionará? —preguntó Mireya.

Selene asintió.

—Ariana necesita respuestas.

—Y tú piensas dárselas.

—No todas.

Mireya tomó uno de los documentos.

—¿Qué es esto?

—Una copia del registro de aquella noche.

Mireya la miró.

—¿El registro de la desaparición de la princesa?

—Sí.

—¿Cómo lo conseguiste?

Selene sonrió.

—Tengo más acceso a los archivos reales del que Ariana imagina.

Mireya comenzó a leer.

Su expresión cambió.

—Selene...

—¿Qué?

—Esto menciona a Edran.

—Lo sé.

—Pero también menciona...

Mireya se quedó callada.

Selene le quitó el documento.

Leyó la línea.

Y sonrió.

—Exactamente.

—Esto podría destruirla.

—No.

Selene levantó la mirada.

—Esto hará que Ariana dude de la única persona en quien empieza a confiar.

—¿Adrian?

—No.

Selene negó con la cabeza.

—Su madre.

Al caer la noche, Ariana salió de su habitación.

Llevaba una capa oscura.

Lía la esperaba en el corredor.

—¿Lista?

—Sí.

—¿Segura?

—No.

Lía sonrió.

—Perfecto. Yo tampoco.

Ambas caminaron hacia una salida lateral.

Pero antes de llegar, una voz las detuvo.

—¿A dónde creen que van?

Las dos se congelaron.

Darian estaba apoyado contra una columna.

Lía cerró los ojos.

—Sabía que esto iba a pasar.

Darian levantó una ceja.

—¿Van al bosque?

—No.

—Lía.

—Sí.

—¿A medianoche?

—Técnicamente todavía no es medianoche.

Darian miró a Ariana.

—¿Y la nota?

Ariana se quedó sorprendida.




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