La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 20 — El secreto de la sangre real

El silencio del antiguo bosque se volvió insoportable.

Ariana permanecía inmóvil frente a Selene.

La frase seguía repitiéndose en su cabeza.

“Tu madre no te dijo toda la verdad.”

Adrian permanecía a su lado, alerta, mientras Darian y Lía observaban a los desconocidos que rodeaban el claro.

Edran tenía el rostro desencajado.

—No la escuches —dijo.

Ariana giró hacia él.

—¿Por qué?

—Porque Selene sabe exactamente qué palabras utilizar para sembrar dudas.

Selene sonrió.

—¿Dudas?

Levantó el documento.

—Yo no necesito sembrar nada. Las dudas ya estaban ahí.

Ariana extendió la mano.

—Dame ese documento.

Selene negó con la cabeza.

—Primero quiero que aceptes algo.

—¿Qué?

—Que Isadora te ocultó cosas.

Ariana apretó los dientes.

—Todos me han ocultado cosas.

—Exactamente.

Selene dio un paso adelante.

—Entonces empieza a preguntarte quién te está diciendo la verdad.

Adrian gruñó.

—Basta.

Selene lo miró.

—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que Ariana descubra que la mujer que llama madre no es tan inocente como parece?

Ariana sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—Adrian...

Él se volvió hacia ella.

—No sabemos qué contiene ese documento.

—Pero ella sabe algo.

—Sí.

Adrian miró a Selene.

—Y quiere utilizarlo para hacerte daño.

Ariana respiró profundamente.

—Necesito saber la verdad.

Edran intervino.

—Yo puedo contártela.

Todos lo miraron.

Selene perdió por primera vez su sonrisa.

—Edran...

Él no le prestó atención.

—Pero debemos salir de aquí.

Darian miró a los hombres que rodeaban el bosque.

—Estoy de acuerdo.

Lía levantó una mano.

—Yo también.

Darian la miró.

—¿Qué vas a hacer?

—Algo que probablemente te parezca brillante.

—Eso me preocupa.

Lía sonrió.

—Esconderme detrás de ti.

Darian parpadeó.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Pensé que ibas a hacer magia.

—También.

Lía levantó ambas manos.

Una luz violeta apareció entre sus dedos.

Darian sonrió.

—Ahora sí.

La magia explotó en el centro del bosque.

Una nube de humo cubrió el lugar.

—¡Corran! —gritó Darian.

Adrian tomó a Ariana de la mano.

—¡Vamos!

Edran los siguió.

Selene gritó:

—¡No los dejen escapar!

Pero la niebla mágica ya había cubierto todo.

Corrieron durante varios minutos.

Cuando finalmente llegaron a una zona segura, Ariana se detuvo.

—¡Basta!

Adrian se volvió.

—¿Qué sucede?

—Quiero respuestas.

Edran respiraba con dificultad.

—Las tendrás.

Ariana lo miró.

—Ahora.

Edran asintió.

—Hace veintidós años, el reino estaba en peligro.

—Eso ya lo sé.

—No. No sabes toda la verdad.

Ariana cruzó los brazos.

—Entonces dime.

Edran miró a Adrian.

—Lo que voy a contarle a la princesa debe permanecer dentro de este círculo.

Adrian asintió.

Darian y Lía también.

Edran volvió a mirar a Ariana.

—Cuando naciste, tus padres descubrieron algo que cambió todo.

—¿Qué?

—Tu sangre.

Ariana frunció el ceño.

—¿Qué tiene de especial?

Edran tragó saliva.

—Eres la última descendiente de la gama real.

El silencio fue absoluto.

Ariana había escuchado ese término antes.

Pero nunca había comprendido completamente lo que significaba.

—¿Qué es una gama real?

Edran respondió:

—Una línea de sangre más antigua que los propios reyes.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Más antigua?

—Sí.

Edran señaló el bosque.

—Los primeros linajes de nuestra especie nacieron de varias ramas. Con el tiempo, algunas desaparecieron. Otras se mezclaron. Pero la gama real permaneció pura.

—¿Y yo soy la última?

—Sí.

Ariana miró sus manos.

—¿Por eso mis poderes?

—Por eso puedes despertar la esencia de otros linajes.

Adrian frunció el ceño.

—¿Qué significa exactamente eso?

Edran lo miró.

—Que Ariana puede hacer algo que ningún otro lycan puede hacer.

—¿Qué?

—Puede unir sangre.

Ariana levantó la mirada.

—¿Unir?

—Puede despertar el poder dormido de otras líneas. Puede fortalecerlas. Puede reconciliarlas.

Darian intervino:

—¿Y también puede destruirlas?

Edran asintió.

—Si pierde el control.

Ariana sintió que el miedo regresaba.

—Entonces todos me quieren por mi sangre.

—No todos.

Edran miró a Adrian.

—Algunos quieren protegerte.

Adrian sostuvo su mirada.

—¿Y otros?

—Quieren utilizarte.

Ariana recordó a Selene.

—¿Selene?

Edran negó lentamente.

—Selene es solo una pieza.

Adrian endureció la expresión.

—¿Quién mueve las piezas?

Edran guardó silencio.

Ariana se acercó.

—Dímelo.

—Todavía no puedo.

—¡Edran!

—Porque la persona que está detrás de todo esto sigue dentro del palacio.

Todos quedaron inmóviles.

Darian llevó una mano a su espada.

—¿Estás diciendo que hay un traidor en el castillo?

—Sí.

—¿Quién?

Edran negó.

—No tengo pruebas suficientes.

Ariana sintió un vacío en el estómago.

—¿Mi madre sabía esto?

Edran bajó la mirada.

—Tu madre sabía que existía una amenaza.

—¿Pero sabía que yo podía despertar esta sangre?

—Sí.

Ariana cerró los ojos.

La duda volvió.

—Entonces Selene tenía razón.

Adrian negó.

—No necesariamente.

—Me ocultó cosas.

—Porque intentaba protegerte.

—¿Cómo sabes eso?

Adrian la miró.

—Porque yo habría hecho lo mismo.

Ariana lo observó.

—¿Incluso si eso significara que me odiaras?




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