La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 21 — Cuando la loba aparece

El rugido que había estremecido el castillo todavía parecía vibrar entre las paredes.

Ariana permanecía en medio de la habitación.

Sus ojos dorados brillaban.

La marca con forma de corona resplandecía sobre su frente.

Y alrededor de ella comenzaba a formarse una energía plateada que hacía temblar incluso las ventanas.

Isadora la observaba con lágrimas en los ojos.

—Ariana...

Pero la joven no respondió.

Su respiración era profunda.

Demasiado profunda.

Su loba había dejado de susurrar.

Ahora hablaba con una voz que parecía provenir desde algún lugar mucho más antiguo.

Despierta.

Ariana cerró los ojos.

—No sé cómo detener esto.

No tienes que detenerlo.

—Entonces, ¿qué hago?

Aceptarlo.

—Tengo miedo.

La respuesta de la loba fue inesperadamente suave.

Yo también.

Ariana abrió los ojos.

—¿Tú tienes miedo?

Porque nunca habíamos despertado así.

—¿Qué significa?

Que ya no somos solamente Ariana.

La energía aumentó.

Isadora retrocedió un paso.

—¡Ariana!

La puerta se abrió violentamente.

Adrian entró acompañado por Darian.

—¿Qué sucede?

Al ver a Ariana, Adrian se quedó inmóvil.

Su lobo se despertó inmediatamente.

La reina.

Adrian respiró profundamente.

Nuestra reina.

—No —susurró.

Darian lo miró.

—¿Qué?

Adrian no respondió.

La energía alrededor de Ariana creció hasta cubrir toda la habitación.

Lía apareció detrás de ellos.

—¡No se acerquen!

Adrian ignoró la advertencia.

—Ariana.

Ella levantó la mirada.

—Adrian...

Él dio un paso hacia ella.

La energía golpeó su cuerpo.

Pero no lo rechazó.

Al contrario.

La luz plateada se envolvió alrededor de ambos.

Darian abrió los ojos.

—Eso no es normal.

Lía negó lentamente.

—No.

—¿Qué significa?

La bruja observó la conexión entre ellos.

—Que su vínculo está respondiendo al despertar de Ariana.

Adrian miró a la joven.

—¿Estás bien?

—No lo sé.

Él extendió la mano.

—Entonces confía en mí.

Ariana dudó.

Después tomó su mano.

La energía desapareció.

El silencio fue inmediato.

Ariana respiró profundamente.

Sus ojos volvieron lentamente a su color habitual.

Adrian la sostuvo.

—Ya pasó.

Ella apoyó una mano sobre su pecho.

—¿Qué me está ocurriendo?

Adrian la miró.

—No lo sé.

Darian se acercó.

—Pero creo que ya sabemos que tu transformación no será como la de ningún otro lycan.

Horas después, Ariana estaba en el salón del consejo.

Habían reunido a los miembros más importantes de la manada.

Isadora estaba a su lado.

Adrian ocupaba el lugar principal.

Darian y Lía estaban detrás.

Edrik había llevado antiguos libros y documentos.

Ariana observaba todo aquello con creciente incomodidad.

—¿Por qué todos me miran así?

Darian respondió:

—Porque hace unas horas hiciste que medio reino sintiera tu poder.

Ariana suspiró.

—No era mi intención.

Lía sonrió.

—Eso no importa. Al menos no destruiste nada.

Darian la miró.

—Casi destruye una puerta.

—La puerta sobrevivió.

—Apenas.

Ariana soltó una pequeña risa.

La tensión disminuyó por unos segundos.

Entonces Edrik abrió un antiguo libro.

—Tenemos que hablar de la gama real.

Ariana se puso seria.

—Adelante.

Edrik colocó el libro sobre la mesa.

—Durante siglos, la gama real fue considerada una leyenda.

Pasó varias páginas.

—Se decía que una mujer de esta sangre podía despertar los poderes dormidos de los linajes originales.

Ariana miró las ilustraciones.

Una mujer de cabello plateado aparecía rodeada de lobos.

—¿Ella era una gama real?

—Sí.

—¿Qué le ocurrió?

Edrik guardó silencio.

—Murió durante una guerra.

Ariana frunció el ceño.

—¿La mataron?

—No.

Edrik levantó la mirada.

—Se sacrificó para detenerla.

El salón quedó en silencio.

—¿Por qué? —preguntó Ariana.

—Porque descubrió que su poder podía unir a todos los linajes.

—Eso parece algo bueno.

—Lo era.

Edrik cerró el libro.

—Hasta que algunos descubrieron que también podía ser utilizado para controlar a los demás.

Ariana comprendió.

—Por eso me buscan.

—Sí.

Adrian apretó los puños.

—Entonces tendremos que protegerla.

Edrik lo miró.

—No será suficiente.

—¿Por qué?

—Porque ahora que Ariana despertó, todos sabrán dónde está.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Todos?

Edrik asintió.

—Los enemigos de la corona.

—¿Y qué quieren?

—Tu sangre.

Adrian se levantó.

—Que intenten acercarse.

Edrik negó.

—No entiendes.

—Explícame.

—No quieren matarla.

Adrian se quedó quieto.

—¿Entonces?

Edrik miró a Ariana.

—Quieren obligarla a despertar completamente.

Mientras tanto, en una torre abandonada del reino, Selene caminaba de un lado a otro.

Mireya estaba sentada frente a ella.

—El despertar fue más fuerte de lo que esperábamos —dijo Mireya.

Selene apretó los labios.

—¿Y Adrian?

—Está con ella.

Selene cerró los ojos.

—Siempre con ella.

—Porque están vinculados.

—Todavía no ha aceptado el vínculo.

Mireya la miró.

—Pero su lobo sí.

Selene golpeó una mesa.

—¡No me importa!

Mireya permaneció tranquila.

—Debería.

Selene respiró profundamente.

—¿Qué podemos hacer?

Mireya sonrió.

—Separarlos.

—¿Cómo?

—No físicamente.

Mireya se levantó.




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