La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 22 — El rey contra su propio corazón

Ariana permaneció inmóvil.

Frente a ella estaba el hombre que había visto tantas veces en los retratos familiares.

El hermano del antiguo rey.

Lucien.

Pero aquello era imposible.

Lucien había sido presentado como uno de los familiares que habían sobrevivido al ataque y que llevaban años buscando a Ariana.

Sin embargo, el hombre frente a ella tenía una expresión completamente diferente.

Fría.

Calculadora.

Peligrosa.

Ariana retrocedió.

—Tú eres Lucien.

El hombre sonrió.

—Al fin recuerdas mi rostro.

—Mi tío...

—Así es.

Detrás de él aparecieron varios lycanes.

Sus ojos dorados brillaban en la oscuridad.

Ariana sintió que su loba despertaba.

No confíes en él.

—¿Qué quieres?

Lucien avanzó.

—Lo que pertenece a mi familia.

—¿La corona?

—No.

Sus ojos se clavaron en ella.

—Tu sangre.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

Lucien sonrió.

—Porque durante veintidós años todos creyeron que la gama real había desaparecido.

—¿Y tú sabías que estaba viva?

—Desde hace mucho.

—Entonces ¿por qué nunca me buscaste?

Lucien soltó una pequeña carcajada.

—Porque necesitaba que crecieras.

Ariana sintió que el miedo se transformaba en rabia.

—¿Para qué?

—Para que despertaras.

Una energía plateada comenzó a rodear a Ariana.

—No te acercarás a mí.

Lucien levantó una mano.

—No tienes idea de lo poderosa que eres.

—Y tú no tienes idea de lo difícil que es hacerme enojar.

Lucien sonrió.

—Eres igual que tu padre.

Aquellas palabras hicieron que Ariana se quedara quieta.

—¿Conociste a mi padre?

—Lo conocí mejor que nadie.

—¿Qué sabes de él?

Lucien dio otro paso.

—Sé que Alexander murió creyendo que nunca volvería a verte.

Ariana sintió que el pecho le dolía.

—¿Tú estabas allí?

—Sí.

—¿La noche del ataque?

Lucien asintió.

—Estuve allí.

—Entonces dime qué ocurrió.

—Todavía no.

Ariana frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque antes necesito saber si eres capaz de controlar lo que llevas dentro.

El aire comenzó a vibrar.

Ariana cerró los puños.

—No voy a hacer nada por ti.

Lucien sonrió.

—Eso es exactamente lo que esperaba.

Levantó una mano.

Los guerreros detrás de él comenzaron a avanzar.

Ariana sintió el rugido de su loba.

Déjame salir.

—Todavía no.

Si no me dejas salir, nos atraparán.

Ariana cerró los ojos.

—Entonces hazlo.

La transformación comenzó.

Adrian corría por el bosque.

Había sentido la energía de Ariana desde el otro extremo del territorio.

Su lobo estaba desesperado.

¡Está en peligro!

—Lo sé.

¡Más rápido!

—¡Estoy corriendo!

Darian corría a su lado.

—¿Sabes dónde está?

—Sí.

—¿Y quién está con ella?

Adrian no respondió.

Darian lo miró.

—Eso no me gusta.

Lía apareció detrás.

—A mí tampoco.

Darian la miró.

—¿No deberías estar cansada?

—Soy bruja.

—Eso no explica nada.

—Pero suena impresionante.

Darian negó con la cabeza.

—Definitivamente estoy enamorado de una mujer extraña.

Lía sonrió.

—Y yo de un hombre que habla demasiado.

Adrian los miró.

—¿Pueden concentrarse?

—Sí, majestad —respondieron al mismo tiempo.

La transformación de Ariana continuó.

Sus huesos comenzaron a cambiar.

Su cabello se agitó con el viento.

La energía plateada se extendió alrededor de ella.

Lucien observaba fascinado.

—Magnífico.

Ariana cayó sobre una rodilla.

El dolor era insoportable.

—¡No!

Su loba rugió.

Confía en mí.

Ariana cerró los ojos.

No luches contra la transformación.

—Tengo miedo.

Yo también.

—Entonces hazlo conmigo.

Siempre.

La luz explotó.

Y la loba apareció.

Una enorme loba plateada.

Sus ojos eran dorados.

Su pelaje parecía reflejar la luz de la luna.

Los guerreros de Lucien retrocedieron.

Uno de ellos cayó de rodillas.

—La gama real...

Lucien sonrió.

—Por fin.

La loba enseñó los colmillos.

Lucien levantó una mano.

—No la ataquen.

La loba gruñó.

Lucien continuó:

—Todavía no.

Pero entonces un rugido mucho más poderoso atravesó el bosque.

Adrian.

La loba plateada levantó la cabeza.

Y sus ojos se encontraron con los de un enorme lobo negro que apareció entre los árboles.

El corazón de Ariana se aceleró.

Es él.

El lobo negro avanzó.

Era Adrian.

Y estaba furioso.

Adrian volvió a su forma humana.

—Aléjate de ella.

Lucien sonrió.

—El rey.

Adrian mostró los colmillos.

—Te lo diré una sola vez.

Se colocó frente a Ariana.

—No la tocarás.

Lucien soltó una carcajada.

—Siempre tan protector.

—No sabes con quién estás hablando.

—Al contrario.

Lucien lo observó.

—Sé exactamente quién eres.

Adrian apretó los puños.

—Entonces sabes lo que ocurrirá si la lastimas.

Lucien inclinó la cabeza.

—¿Y tú sabes lo que ocurrirá si la eliges?

Adrian se quedó inmóvil.

Lucien sonrió.

—Ese es tu verdadero problema.

Darian llegó junto a ellos.

—¿Qué quiere decir?

Lucien respondió:

—El rey tiene un compromiso.

Adrian lo miró con furia.

—No vuelvas a hablar de eso.

—¿Por qué?

Lucien señaló a Ariana.

—Porque ella todavía no sabe que si rompe el acuerdo matrimonial, algunas casas nobles podrían considerarlo una traición a la corona.




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