El grito del mensajero todavía resonaba en el bosque.
—¡Han atacado el palacio!
Adrian se quedó inmóvil durante apenas un segundo.
Después, su expresión cambió por completo.
El rey desapareció.
En su lugar apareció el lobo que estaba dispuesto a defender a su manada con la vida.
—¿Quién atacó? —preguntó.
El guerrero respiró con dificultad.
—No lo sabemos. Las puertas principales fueron abiertas desde dentro.
Darian intercambió una mirada con Adrian.
—Un traidor.
Adrian asintió.
—¿Y la reina?
El guerrero bajó la cabeza.
—No hemos podido localizarla.
Ariana sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Mi madre?
Adrian se volvió hacia ella.
—Ariana...
—Tenemos que regresar.
—Sí.
Selene sonrió ligeramente.
—No llegarás a tiempo.
Adrian la miró con furia.
—¿Qué hiciste?
—Yo no hice nada.
—Mientes.
Selene levantó las manos.
—Quizá deberías preguntarte quién está detrás de todo esto.
Lucien soltó una carcajada.
—Ya es demasiado tarde para preguntas.
Adrian mostró los colmillos.
—Darian.
—Sí.
—Llévate a Ariana al palacio por el camino del este.
Darian asintió.
—¿Y tú?
Adrian miró a Lucien.
—Yo voy a detenerlos.
Ariana lo tomó del brazo.
—No.
Adrian la miró.
—¿Qué?
—No voy a separarme de ti.
—Ariana, esto es peligroso.
—Lo sé.
—Puedes resultar herida.
—También lo sé.
Ella sostuvo su mirada.
—Pero soy parte de esto.
Adrian negó.
—No.
Ariana dio un paso hacia él.
—Sí.
Su marca de corona comenzó a brillar.
—Toda mi vida me dijeron que era humana. Ahora sé que no lo soy. Si alguien quiere utilizar mi sangre, no voy a esconderme.
Adrian la observó con orgullo.
—Eres mucho más valiente de lo que imaginé.
Ariana sonrió.
—Y tú eres mucho más terco de lo que imaginé.
Darian intervino:
—¿Podemos discutir quién tiene razón después?
Lía levantó la mano.
—Apoyo a Darian.
Darian la miró sorprendido.
—¿Milagro?
—No te acostumbres.
El grupo emprendió el regreso al castillo.
Pero algo extraño sucedió antes de llegar al límite del bosque.
Todos los guerreros se detuvieron.
Ariana sintió una presión en el pecho.
—¿Qué pasa?
Darian levantó la cabeza.
—Escucho algo.
Un aullido respondió desde lejos.
Después otro.
Y otro.
Ariana cerró los ojos.
De repente pudo sentirlos.
Decenas.
Cientos.
No solo podía escuchar sus voces.
Podía sentir sus emociones.
Miedo.
Rabia.
Confusión.
Dolor.
—Puedo sentirlos.
Adrian la miró.
—¿A quiénes?
—A todos.
Ariana llevó una mano al pecho.
—Están asustados.
Edran se acercó.
—Tu sangre está despertando una conexión entre los linajes.
—¿Puedo hablar con ellos?
—Todavía no.
Ariana cerró los ojos.
—Sí puedo.
Su energía se expandió.
Una onda plateada atravesó el bosque.
Los lobos comenzaron a calmarse.
Los guerreros se miraron sorprendidos.
Lía abrió la boca.
—Eso fue impresionante.
Darian asintió.
—Y ligeramente aterrador.
Ariana abrió los ojos.
—No quiero controlar a nadie.
Adrian se acercó.
—No lo hiciste.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque cuando te conectaste con ellos, no les ordenaste nada.
Adrian tomó su mano.
—Les diste calma.
Ariana lo miró.
—¿Eso puede hacer una gama real?
Edran respondió:
—Puede hacer mucho más.
En el palacio, Isadora corría por los pasillos.
Los guerreros intentaban contener a los invasores.
Edrik apareció junto a ella.
—Majestad, tenemos que irnos.
—No.
—La princesa corre peligro.
—Entonces debo encontrarla.
—Ella está con Adrian.
Isadora se detuvo.
—¿Están juntos?
—Sí.
Isadora cerró los ojos con alivio.
Pero entonces escuchó una voz.
—No por mucho tiempo.
Isadora se giró.
Mireya estaba al final del corredor.
—Tú.
Mireya sonrió.
—Tenemos una conversación pendiente.
Isadora se colocó en posición defensiva.
—¿Dónde está Ariana?
—Segura.
—¿Con Lucien?
Mireya no respondió.
Isadora comprendió.
—Tú trabajas para él.
—Trabajo para alguien que entiende lo que Ariana realmente es.
—No la quieres.
Mireya negó.
—No quiero poseerla.
—Entonces ¿qué quieres?
Mireya dio un paso.
—Que cumpla su destino.
—¿Aunque tenga que sufrir?
—El poder nunca viene sin sacrificios.
Isadora la miró con tristeza.
—Eso es lo que siempre dijiste.
Mireya sonrió.
—Porque siempre tuve razón.
Isadora apretó los puños.
—No.
Su voz se volvió firme.
—Esta vez te equivocas.
Mireya arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque Ariana no es una herramienta.
Isadora avanzó.
—Es mi hija.
En una sala secreta debajo del palacio, Selene se reunió con varios miembros de las familias nobles.
—La reina debe abdicar —dijo uno.
—La princesa debe ser controlada —dijo otro.
Selene permanecía en silencio.
Uno de los nobles la miró.
—¿Y el rey?
—Adrian tendrá que elegir.
—¿Y si elige a Ariana?
Selene apretó los dientes.
—No lo hará.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
Selene levantó la mirada.
—Porque tengo algo que él no puede ignorar.
—¿Qué?
Selene sonrió.
—El acuerdo matrimonial.
Uno de los nobles negó.
—El rey podría romperlo.
—Entonces perderá el apoyo de las casas nobles.
—Y si lo hace...
Selene respondió:
—Habrá guerra civil.
El silencio fue absoluto.