La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 25 — El vínculo verdadero

La oscuridad era absoluta.

Ariana intentó abrir los ojos, pero todo a su alrededor parecía moverse.

Sentía frío.

Un frío profundo que le recorría los huesos.

Intentó levantar una mano, pero descubrió que sus muñecas estaban sujetas.

—¿Dónde estoy? —murmuró.

Su voz sonó débil.

Entonces escuchó una respiración.

No estaba sola.

—Despierta, princesa.

Ariana abrió finalmente los ojos.

Frente a ella había una habitación de piedra iluminada por antorchas.

Lucien estaba de pie a unos metros.

Mireya permanecía detrás de él.

Y Selene observaba desde una esquina.

Ariana intentó incorporarse.

—¿Dónde está Adrian?

Lucien sonrió.

—Ni siquiera preguntas dónde estás.

—Te pregunté dónde está Adrian.

—Siempre preocupándote por él.

—Respóndeme.

Lucien se acercó lentamente.

—Está vivo.

Ariana soltó el aire.

—¿Herido?

—No lo suficiente para detenerlo.

Ariana sintió una pequeña esperanza.

—Entonces vendrá por mí.

Lucien soltó una carcajada.

—Eso es exactamente lo que queremos.

Ariana lo miró con desconfianza.

—¿Qué significa eso?

—Que finalmente entendiste cómo funciona el vínculo.

—No sabes nada de mi vínculo con Adrian.

Lucien inclinó la cabeza.

—Sé mucho más de lo que imaginas.

Mireya intervino:

—El vínculo entre un rey y una gama real no es como el de cualquier pareja.

Ariana se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres decir?

Mireya se acercó.

—Cuando la sangre real despierta por completo, el vínculo destinado deja de ser únicamente emocional.

—¿Entonces qué es?

—Una unión de poder.

Ariana recordó la sensación que había experimentado cuando Adrian fue herido.

Su energía había reaccionado de una manera que ni siquiera ella comprendía.

—¿Por eso sentí lo que él sentía?

Mireya asintió.

—Y él también puede sentirte.

Ariana abrió los ojos.

—¿Adrian puede encontrarme?

Lucien sonrió.

—Ahora sí.

Ariana comprendió inmediatamente.

—Me secuestraron para utilizarme como señuelo.

—Exactamente.

—No conseguirán que él venga.

Lucien soltó una carcajada.

—Ariana, tu rey ya está en camino.

Adrian avanzaba por el bosque.

Su herida todavía le dolía, pero no le importaba.

Cada paso parecía impulsado por una fuerza que no podía controlar.

Su lobo estaba completamente despierto.

Está viva.

—Lo sé.

Está asustada.

Adrian apretó los dientes.

—También lo sé.

Tenemos que encontrarla.

—La encontraremos.

Darian caminaba detrás de él.

—Adrian.

El rey no respondió.

—Adrian.

Nada.

Darian suspiró.

—Si sigues caminando así, vas a atravesar un árbol.

—Entonces apártate.

—Excelente. El rey está de mal humor.

Lía apareció junto a ellos.

—¿Ahora te das cuenta?

Darian la miró.

—¿Tú sabes cómo hacerlo reaccionar?

—Sí.

—¿Cómo?

Lía señaló a Adrian.

—Dile que Ariana está en peligro.

Darian miró al rey.

—Eso ya lo sabe.

—Entonces dile que tú estás preocupado.

Darian hizo una mueca.

—Eso sería mentira.

Lía levantó una ceja.

—¿No estás preocupado?

—Estoy aterrorizado.

—Ah.

Lía sonrió.

—Entonces estamos progresando.

Adrian finalmente se detuvo.

—Basta.

Ambos guardaron silencio.

Adrian cerró los ojos.

Y entonces lo sintió.

Una presencia.

Una conexión.

Ariana.

Muy débil.

Pero real.

—La siento.

Darian dio un paso adelante.

—¿Dónde?

Adrian abrió los ojos.

—Al norte.

Lía frunció el ceño.

—Eso es territorio de los clanes rebeldes.

—Entonces allí está.

Ariana se encontraba sentada frente a una mesa de piedra.

Había intentado escapar tres veces.

Las tres habían terminado igual.

Los guardias eran demasiado numerosos.

Pero había descubierto algo.

Sus poderes seguían funcionando.

Solo que estaban contenidos.

Una especie de magia bloqueaba parte de su energía.

Ariana miró sus manos.

—¿Qué me hicieron?

Mireya respondió:

—Nada permanente.

—No te creo.

—Deberías.

Ariana levantó la mirada.

—¿Por qué?

Mireya se acercó.

—Porque yo te conocí cuando eras una bebé.

Ariana sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué?

Selene se tensó.

Lucien permaneció en silencio.

Mireya continuó:

—Estuve allí la noche en que naciste.

Ariana se levantó lentamente.

—Tú...

—Sí.

—Conocías a mi madre.

—Era una de sus personas de mayor confianza.

—Entonces ¿por qué haces esto?

Mireya bajó la mirada.

—Porque creí que la única forma de salvarte era esconderte.

—¿Y secuestrarme es salvarme?

—No.

Mireya levantó los ojos.

—Esto es algo diferente.

Ariana sintió que su rabia aumentaba.

—¿Qué?

Mireya no respondió.

Lucien lo hizo.

—Queremos que despiertes completamente.

Ariana se quedó helada.

—¿Por qué?

—Porque solo tú puedes despertar el poder que llevamos siglos buscando.

—¿Qué poder?

Lucien sonrió.

—El poder de controlar a todos los lycanthropos.

Ariana negó con la cabeza.

—No quiero controlar a nadie.

—No importa lo que quieras.

—Sí importa.

—No para la sangre que corre por tus venas.

Ariana sintió que su marca comenzó a arder.

Su loba apareció dentro de su mente.

No dejes que te hagan creer que somos un arma.

—No lo haré.

Lucien se acercó.

—¿Qué dijiste?

Ariana levantó la mirada.

—Que no soy un arma.

La energía plateada comenzó a rodearla.




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