La mañana llegó cubierta de una extraña tensión.
El palacio entero parecía contener la respiración.
Después de lo ocurrido la noche anterior, nadie sabía exactamente qué había cambiado, pero todos podían sentirlo.
Ariana caminaba por el corredor principal junto a Adrian.
Sus manos estaban entrelazadas.
Ya no había dudas entre ellos.
El vínculo verdadero había despertado.
Y aunque ninguno comprendía todavía todo su alcance, ambos podían sentir la presencia del otro incluso cuando estaban separados.
Ariana se detuvo frente a una ventana.
—¿Lo sientes?
Adrian asintió.
—Sí.
—Es extraño.
—¿El vínculo?
—Sentirte incluso cuando estás a mi lado.
Adrian sonrió.
—Yo puedo sentir cuando estás preocupada.
Ariana levantó una ceja.
—Entonces sabes que estoy preocupada.
—Sí.
—¿Y sabes por qué?
—Porque llevas cinco minutos mordiendo tu labio.
Ariana soltó el labio inmediatamente.
—No hago eso.
Adrian sonrió.
—Lo acabas de hacer.
—No es cierto.
—Lo hiciste otra vez.
—¡Adrian!
Él soltó una carcajada.
—Perdón.
Ariana intentó mantener una expresión seria, pero terminó sonriendo.
Por unos segundos pudieron comportarse como una pareja normal.
Hasta que Edrik apareció.
—Majestad.
La sonrisa desapareció del rostro de Adrian.
—¿Qué ocurre?
Edrik miró a Ariana.
—Encontramos algo.
—¿Qué?
—Una cámara secreta debajo del ala antigua del palacio.
Ariana sintió un escalofrío.
—¿Y qué había dentro?
Edrik respiró profundamente.
—Documentos.
Adrian frunció el ceño.
—¿Sobre qué?
—Sobre la noche en que desapareció la princesa.
Ariana sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Quiero verlos.
—Eso imaginé.
La cámara secreta se encontraba detrás de una pared aparentemente normal.
Edrik utilizó una antigua llave real.
La puerta se abrió con un sonido pesado.
Dentro había estanterías llenas de documentos.
Ariana caminó lentamente.
Cada papel parecía pertenecer a una vida que había perdido.
Su vida.
Edrik tomó un pergamino.
—Este tiene veintidós años.
Adrian se colocó junto a Ariana.
—Ábrelo.
Edrik lo hizo.
Leyó en silencio.
Su expresión cambió.
—¿Qué dice? —preguntó Ariana.
Edrik levantó la mirada.
—Habla de la ruta que debía seguir Edran aquella noche.
—¿La ruta?
—Sí.
Ariana recordó las palabras de Edran.
—Él dijo que alguien se apoderó de mí antes de llegar a los humanos.
Edrik asintió.
—Y este documento confirma que alguien cambió la ruta.
Adrian frunció el ceño.
—¿Quién autorizó el cambio?
Edrik miró la parte inferior.
Su rostro perdió color.
—Aquí aparece una firma.
Ariana se acercó.
—¿De quién?
Edrik no respondió.
—Edrik.
El anciano cerró los ojos.
—De la familia real.
—¿Alexander?
—No.
Ariana sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Entonces quién?
Edrik levantó lentamente el documento.
—Mireya.
Ariana quedó paralizada.
—No...
Adrian endureció la mandíbula.
—¿Estás seguro?
—La firma es auténtica.
Ariana negó con la cabeza.
—Mireya era amiga de mi madre.
—Y aparentemente sabía exactamente dónde enviarte.
Ariana sintió una mezcla de rabia y tristeza.
—Ella dijo que quería salvarme.
Edrik respondió:
—Quizá eso fue lo que creyó.
—¿Y qué hizo?
Edrik miró el documento.
—Cambió tu destino.
Mientras ellos descubrían la verdad, Mireya se encontraba en los jardines.
Selene llegó hasta ella.
—Lo saben.
Mireya no se volvió.
—¿Qué saben?
—Encontraron la cámara.
Mireya cerró los ojos.
—Entonces era cuestión de tiempo.
—Debemos irnos.
—No.
Selene la miró sorprendida.
—¿No?
—Ya no.
—¿Qué quieres decir?
Mireya se volvió.
—Ya hice lo que debía hacer.
Selene palideció.
—¿Qué hiciste?
Mireya sostuvo su mirada.
—Te ayudé a llegar hasta donde querías.
—¿Y ahora?
—Ahora debes decidir qué harás con la verdad.
Selene dio un paso atrás.
—¿Me estás abandonando?
Mireya no respondió.
—¡Mireya!
—No voy a continuar esta guerra.
Selene apretó los puños.
—¡Después de todo lo que hicimos!
—Precisamente por eso.
Selene la miró con odio.
—Eres una cobarde.
Mireya negó con la cabeza.
—No.
Sus ojos se llenaron de tristeza.
—Solo estoy cansada de perder personas.
Selene se marchó furiosa.
Mireya se quedó sola.
Y por primera vez en veintidós años, pareció arrepentida.
Ariana entró en la sala del consejo.
Todos los nobles estaban presentes.
Adrian permanecía de pie a su lado.
Selene también estaba allí.
La tensión era insoportable.
Edrik colocó el documento sobre la mesa.
—Esta firma pertenece a Mireya.
Los murmullos comenzaron.
Selene permaneció en silencio.
Ariana la observó.
—¿Lo sabías?
Selene levantó la mirada.
—¿Qué?
—Que Mireya participó en mi desaparición.
Selene dudó.
Ese instante fue suficiente.
Adrian se dio cuenta.
—Selene.
Ella tragó saliva.
—No sabía todo.
—Pero sabías algo.
Selene no respondió.
Ariana dio un paso hacia ella.
—¿Por qué?
Selene apretó las manos.
—Porque quería que te fueras.
Ariana cerró los ojos.
—¿Desde cuándo?
—Desde que regresaste.
—No.
Ariana abrió los ojos.
—Desde antes.
Selene bajó la mirada.
—Sí.
La sala quedó en silencio.
—¿Sabías quién era yo?
—Sí.