El segundo cuerno de guerra hizo temblar los muros del palacio.
Ariana permanecía junto a una de las ventanas de la torre principal, contemplando el horizonte.
Las antorchas avanzaban como un río de fuego.
Demasiadas.
El ejército de Lucien había rodeado prácticamente todo el territorio norte.
Y lo peor era que no todos los que marchaban bajo aquella bandera eran enemigos.
Algunos pertenecían a clanes que durante siglos habían jurado lealtad a la corona.
Ahora estaban allí.
Frente al palacio.
Preparándose para una guerra.
—Son miles —murmuró Ariana.
Adrian se colocó detrás de ella.
—Sí.
—¿Podemos detenerlos?
—Podemos intentarlo.
Ariana se volvió.
—No quiero que muera nadie.
Adrian la observó durante unos segundos.
—Eso demuestra por qué eres diferente.
—¿Diferente?
—La mayoría de los reyes preguntaría cuántos soldados necesita para ganar.
Ariana negó con la cabeza.
—Yo no quiero ganar una guerra.
—¿Entonces qué quieres?
Ella miró nuevamente hacia el horizonte.
—Que termine.
Adrian tomó su mano.
—Entonces encontraremos la manera.
Ariana lo miró.
—¿Aunque sea imposible?
—Especialmente si parece imposible.
Ella sonrió.
—A veces olvido que eres el rey.
—Yo también.
—¿Por qué?
—Porque cuando estoy contigo solo soy un hombre enamorado.
Ariana sintió que sus mejillas se calentaban.
—Eso fue muy cursi.
—¿No te gustó?
—Mucho.
Adrian sonrió.
—Entonces puedo seguir.
—No abuses.
—Demasiado tarde.
Una voz apareció detrás de ellos.
—Si van a seguir coqueteando, avísenme para salir de la habitación.
Lía estaba apoyada contra la puerta.
Darian apareció detrás.
—Yo sí quiero quedarme.
Lía lo miró.
—Tú siempre quieres quedarte donde hay comida.
Darian frunció el ceño.
—Eso es una acusación muy grave.
—Te encontré comiendo tres veces esta mañana.
—La guerra da hambre.
Ariana soltó una carcajada.
Adrian negó con la cabeza.
—No sé cómo ustedes dos sobreviven.
Lía respondió:
—Con magia.
Darian añadió:
—Y con bocadillos.
—Principalmente con bocadillos —confirmó Lía.
Por unos segundos, todos rieron.
Pero el sonido de otro cuerno acabó con el momento.
En el salón del consejo, los nobles discutían.
—Debemos cerrar las puertas.
—Ya están cerradas.
—Entonces debemos enviar soldados.
—Ya están enviados.
—¡Necesitamos refuerzos!
Adrian entró.
Todos guardaron silencio.
—Los refuerzos llegarán desde el oeste.
Uno de los nobles se levantó.
—Majestad, con todo respeto, eso no será suficiente.
Adrian lo miró.
—¿Qué propones?
—Entregar a la princesa.
Ariana, que acababa de entrar, escuchó esas palabras.
El salón quedó completamente callado.
El noble continuó:
—Los clanes quieren a la gama real. Si la entregamos, quizá evitemos una guerra.
Adrian dio un paso hacia él.
—No.
El noble tragó saliva.
—Majestad...
—No entregaré a Ariana.
Ariana sintió una mezcla de emoción y preocupación.
—Adrian...
Él la miró.
—No.
Su voz fue firme.
—Nadie va a decidir que tu vida es el precio de la paz.
El noble respondió:
—Entonces condenará al reino.
Ariana intervino.
—No.
Todos la miraron.
—No será él quien condene al reino.
Ariana caminó hasta el centro de la sala.
—Pero tampoco permitiré que miles de personas mueran por mí.
Adrian quiso detenerla.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—Déjame hablar.
El rey aceptó.
Ariana miró a los nobles.
—Durante veintidós años viví creyendo que era una mujer común.
—No sabía que tenía sangre real.
—No sabía que existían los lycanthropos.
—No sabía que mi vida estaba relacionada con una guerra.
Respiró profundamente.
—Pero ahora lo sé.
Su mirada se endureció.
—Y no pienso permitir que mi existencia sea utilizada como excusa para destruir este reino.
Edrik se levantó.
—¿Qué propones?
Ariana respondió:
—Hablaré con los clanes.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
Adrian la miró sorprendido.
—No irás sola.
—No.
Ariana entrelazó sus dedos con los de él.
—Esta vez iremos juntos.
En el campamento enemigo, Lucien observaba un mapa.
Selene estaba junto a él.
—¿Cuándo atacaremos?
—Al amanecer.
—¿Y Ariana?
—Vendrá.
Selene frunció el ceño.
—¿Cómo puedes estar seguro?
Lucien sonrió.
—Porque ahora conoce el verdadero alcance de su poder.
—¿Y si decide luchar?
—Entonces despertará completamente.
Selene se quedó en silencio.
—¿Eso es lo que quieres?
Lucien levantó la mirada.
—Es lo único que necesito.
—¿Para qué?
Lucien acercó un dedo al mapa.
—Para abrir la antigua frontera.
Selene frunció el ceño.
—¿Qué hay detrás?
Lucien sonrió.
—El lugar donde nació el primer linaje.
Selene palideció.
—Creí que era una leyenda.
—No lo es.
—¿Y qué hay allí?
Lucien respondió:
—El origen de la gama real.
A medianoche, Ariana salió del palacio.
Adrian caminaba a su lado.
Darian y Lía los acompañaban.
No llevaban un ejército.
Solo unos cuantos representantes de cada clan.
El objetivo era hablar.
Cuando llegaron al límite del territorio, cientos de guerreros los rodearon.
Un líder dio un paso adelante.
—¿Quién viene?
Ariana levantó la cabeza.
—La princesa.
Todos comenzaron a murmurar.
El líder la observó.
—¿Vienes a luchar?
—No.
—¿A rendirte?