La grieta plateada seguía abierta frente al palacio.
Nadie se atrevía a acercarse.
Ariana permanecía frente a ella, tomada de la mano de Adrian.
La energía que emanaba de aquel lugar era antigua.
Demasiado antigua.
Su loba permanecía inquieta.
Es nuestro origen.
Ariana respiró profundamente.
—¿Qué encontraremos al otro lado?
Su loba respondió:
La verdad.
Adrian apretó suavemente su mano.
—No tienes que hacerlo sola.
Ariana lo miró.
—Lo sé.
Darian apareció con Lía detrás.
—Nosotros también vamos.
Adrian negó.
—Darian...
—Ni siquiera empieces.
Lía levantó una mano.
—Estoy de acuerdo con él.
Darian la miró.
—Eso es raro.
—No te acostumbres.
Ariana sonrió.
—Gracias.
Darian señaló la grieta.
—Además, después de todo lo que hemos vivido, ya me siento personalmente ofendido si me dejan fuera de una batalla.
Lía suspiró.
—Él necesita sentirse importante.
—Soy importante.
—Claro.
—Muchísimo.
—Sí, cariño.
Darian sonrió satisfecho.
—¿Ves?
Lía puso los ojos en blanco.
—Era sarcasmo.
—Lo aceptaré igualmente.
Por primera vez aquella noche, Ariana soltó una pequeña carcajada.
Pero el momento terminó cuando una explosión estremeció el bosque.
Adrian levantó la espada.
—Nos están siguiendo.
Edrik apareció detrás de ellos.
—No solamente los están siguiendo.
Señaló la oscuridad.
—Vienen por Ariana.
Decenas de guerreros salieron de entre los árboles.
Al frente estaba Lucien.
A su lado, Selene.
Y detrás de ellos, Mireya.
Ariana sintió una punzada de decepción al verla.
—Mireya...
La mujer evitó su mirada.
Selene levantó la voz.
—¡Ariana!
Adrian se colocó delante de ella.
—No te acerques.
Selene soltó una risa amarga.
—Siempre protegiéndola.
—Sí.
La respuesta de Adrian fue inmediata.
Selene apretó los dientes.
—Yo estaba destinada a ser tu reina.
Adrian negó.
—Nunca te prometí mi corazón.
—¡Pero tenías una obligación!
—Tenía una obligación política.
Adrian miró a Ariana.
—Mi corazón nunca estuvo incluido.
Selene quedó en silencio.
Ariana sintió el vínculo entre ella y Adrian intensificarse.
Selene lo percibió.
Su rostro se llenó de dolor.
—¿Realmente la eliges?
Adrian respondió sin dudar:
—Sí.
—Aunque destruya la estabilidad de las manadas.
—La estabilidad no puede construirse sobre una mentira.
Selene miró a Ariana.
—Ella no sabe lo que es ser reina.
Ariana dio un paso adelante.
—Quizá tengas razón.
Selene sonrió.
—Entonces admite que no puedes hacerlo.
Ariana sostuvo su mirada.
—No sé si seré una buena reina.
Hizo una pausa.
—Pero sé que nunca obligaría a alguien a amarme para conservar una corona.
Adrian sonrió orgulloso.
Selene bajó la mirada.
Lucien levantó una mano.
—Basta.
Todos guardaron silencio.
—La discusión sobre la corona terminó.
Lucien señaló la grieta.
—Ahora debemos hablar de lo que está detrás de ella.
Ariana lo miró.
—¿La frontera antigua?
—Sí.
—¿Qué hay allí?
Lucien respondió:
—El origen de nuestra sangre.
Edrik se acercó.
—Y probablemente la respuesta sobre lo que ocurrió con Alexander.
Ariana sintió un escalofrío.
—¿Mi padre está relacionado con esa frontera?
Lucien tardó unos segundos.
—Más de lo que imaginas.
Ariana miró a Adrian.
Él comprendió inmediatamente.
—Vamos.
Pero antes de que pudieran avanzar, una flecha atravesó el aire.
Adrian reaccionó rápidamente.
La bloqueó con su espada.
—¡Emboscada!
Los árboles se llenaron de guerreros.
Esta vez no eran de la manada de Adrian.
Ni del norte.
Eran soldados desconocidos.
Y todos llevaban el símbolo de la luna y la garra.
Ariana sintió que su sangre se encendía.
—Son ellos.
Darian desenvainó su espada.
—Entonces supongo que ya no vamos a tener una conversación tranquila.
Lía levantó las manos.
—Yo estaba empezando a disfrutarla.
—¿Quieres que volvamos a hablar después?
—Si sobrevivimos.
—Perfecto.
La batalla comenzó.
Adrian luchaba junto a Ariana.
Cada movimiento de él parecía coordinarse con el de ella.
Cuando un enemigo intentaba acercarse por la derecha, Ariana lo detectaba antes.
Cuando otro atacaba a Ariana, Adrian aparecía inmediatamente.
El vínculo entre ambos se había convertido en una especie de conexión perfecta.
No necesitaban hablar.
Se entendían.
Pero entonces apareció un guerrero mucho más poderoso.
Su energía era oscura.
Atacó directamente a Ariana.
Adrian se interpuso.
El golpe lo lanzó varios metros.
—¡ADRIAN!
Ariana corrió hacia él.
Adrian se levantó con dificultad.
—Estoy bien.
—Estás sangrando.
—He estado peor.
—No vuelvas a hacer eso.
Adrian sonrió.
—No prometo nada.
Ariana lo miró furiosa.
—¡Adrian!
—Está bien.
Él levantó las manos.
—Intentaré no recibir golpes mortales.
Darian pasó corriendo junto a ellos.
—¡Esa es una promesa bastante específica!
Lía gritó desde el otro lado:
—¡DARIAN, A LA IZQUIERDA!
—¡¿QUÉ IZQUIERDA?!
—¡TU OTRA IZQUIERDA!
—¡ESO NO AYUDA!
Ariana no pudo evitar reír.
Incluso en medio de una batalla.
Entonces el guerrero oscuro volvió a atacar.
Esta vez Ariana no retrocedió.
Extendió una mano.
Una onda de energía plateada salió de su cuerpo.
El enemigo cayó de rodillas.