La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo extra: El rey, la princesa y el bebé que ya mandaba

Seis meses después de la boda, el reino había descubierto una verdad que nadie se atrevía a discutir.

Ariana podía ser la poderosa gama real.

Podía detener a cientos de licántropos con una sola palabra.

Podía transformarse en una enorme loba plateada de ojos dorados.

Podía hacer que antiguas líneas de sangre despertaran.

Pero había algo que ni siquiera ella podía controlar.

A Adrian.

Y, desde aquella mañana, parecía que Adrian tampoco podía controlarse a sí mismo.

—¿Estás segura? —preguntó por décima vez.

Ariana, sentada tranquilamente en el sofá de la sala real, levantó una ceja.

—Adrian, llevo seis meses diciéndote que estoy embarazada.

—Sí, pero ahora es diferente.

—¿Por qué?

El rey señaló su vientre con una expresión completamente seria.

—Porque ya se mueve.

Ariana soltó una carcajada.

—Es nuestro bebé, Adrian. Es normal que se mueva.

—¡No! —respondió él, escandalizado—. Ese pequeño acaba de patearme.

Ariana volvió a reír.

—Porque pusiste la oreja demasiado fuerte.

Adrian la miró ofendido.

—Solo quería escuchar a mi hijo.

—¿Y qué esperabas? ¿Que te dijera "buenos días, papá"?

Adrian guardó silencio.

—Sería bonito.

Ariana negó con la cabeza entre risas.

En ese momento, la puerta se abrió.

Darian entró acompañado de Lía.

—¿Qué sucede? —preguntó Darian.

Adrian señaló a Ariana.

—Me pateó.

Darian parpadeó.

—¿Quién?

—¡Mi hijo!

Lía se llevó una mano a la boca para contener la risa.

—Adrian, técnicamente el bebé no puede patearte todavía con intención.

—¿Cómo sabes?

Lía sonrió.

—Porque soy bruja.

Darian la miró.

—Esa no tiene nada que ver con la respuesta.

—Déjame disfrutar de mi autoridad mágica.

Ariana volvió a reír.

Pero entonces Adrian se levantó de golpe.

—¡Tenemos que preparar todo!

—¿Todo qué? —preguntó Ariana.

—La habitación.

—Ya está preparada.

—La ropa.

—Ya está comprada.

—Los juguetes.

—También.

—La seguridad.

Darian se cruzó de brazos.

—Adrian, tienes cincuenta guardias afuera de esta habitación.

—Son pocos.

—¡Son cincuenta!

—Podrían ser cincuenta y uno.

Darian lo miró fijamente.

—Voy a renunciar.

Lía sonrió.

—No puedes.

—¿Por qué?

—Porque eres el beta.

Darian suspiró.

—Ese título cada día me gusta menos.

Ariana soltó otra carcajada.

Adrian volvió a sentarse junto a ella y apoyó cuidadosamente la mano sobre su vientre.

Por unos segundos, todos guardaron silencio.

Entonces...

PUM.

Adrian abrió los ojos.

—¡Otra vez!

Darian comenzó a reír.

—Creo que el bebé ya tiene personalidad.

—Es mi hijo —dijo Adrian con orgullo.

Ariana lo miró.

—¿Y si es niña?

Adrian se quedó completamente inmóvil.

—Entonces...

Miró su vientre.

—...será una princesa.

Lía sonrió.

—¿Y si tiene tu carácter?

Adrian palideció.

Darian respondió inmediatamente:

—Estamos perdidos.

Ariana se rio tanto que tuvo que sujetarse el vientre.

—¡No se burlen de mí!

—No nos estamos burlando —dijo Darian—. Estamos preparando al reino para sobrevivir.

Adrian lo señaló.

—Tú serás responsable de enseñarle disciplina.

Darian abrió la boca.

—¿Yo?

—Sí.

—¿Y qué le voy a enseñar?

Adrian lo pensó.

—A obedecer.

Lía soltó una carcajada.

—Entonces definitivamente no eres la persona indicada.

—¿Por qué?

—Porque tú tampoco sabes obedecer.

Darian miró a Adrian.

Luego miró a Lía.

—No voy a negar eso.

Esa misma tarde, Ariana caminaba por los jardines cuando escuchó un alboroto.

—¡Majestad!

Era uno de los guardias.

Adrian apareció corriendo detrás de él.

—¡Ariana!

Ella se giró preocupada.

—¿Qué pasó?

Adrian llegó hasta ella completamente agitado.

—Desapareció.

Ariana abrió los ojos.

—¿Qué desapareció?

Adrian respiró profundamente.

—La manta del bebé.

Silencio.

Ariana lo miró.

—¿Me estás diciendo que corriste por todo el palacio porque desapareció una manta?

—¡Era la manta favorita!

—Adrian...

—Tenía pequeños lobos bordados.

Darian apareció detrás.

—Ya la encontramos.

Adrian se giró.

—¿Dónde estaba?

Darian levantó la manta.

—En la habitación de Lía.

Lía apareció detrás de él.

—La estaba usando para dormir.

Adrian abrió la boca.

—¡Esa era la manta de mi hijo!

—Tu hijo todavía no ha nacido.

—¡Pero ya es suya!

Ariana comenzó a reír.

Lía levantó la manta.

—Bueno, técnicamente ahora tiene olor a mí.

Darian se llevó una mano al rostro.

—Lía...

—¿Qué?

—Devuelve la manta antes de que el rey declare una guerra.

Adrian tomó la manta inmediatamente.

—Gracias.

Lía sonrió.

—De nada, padre sobreprotector.

Adrian se quedó pensativo.

—Me gusta cómo suena.

Ariana negó con la cabeza.

—Estamos condenados.

Aquella noche, el palacio organizó una pequeña celebración.

Toda la manada estaba reunida.

Había música, comida y risas.

Ariana llevaba un hermoso vestido y Adrian no se separaba de ella.

Hasta que Darian levantó su copa.

—Quiero brindar.

Todos guardaron silencio.

—Por nuestra princesa.

Los presentes levantaron sus copas.

—Por el rey.

Adrian sonrió.

—Y por el pequeño heredero que viene en camino.

Todos aplaudieron.

Ariana sonrió emocionada.

Entonces Lía levantó la mano.

—Yo también quiero brindar.

Darian la miró sospechosamente.

—¿Por qué siento que esto va a salir mal?

Lía sonrió.




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