La prisionera del comandante

Capítulo 15

Estaba sacudiendo el polvo del mostrador cuando escuché una charola estrellarse contra el piso. Corrí a la cocina y encontré al señor Austin doblado sobre sí mismo, como si estuviera experimentando mucho dolor.

Me apresuré a su lado y lo tomé del brazo, temiendo que fuera a desplomarse sobre el suelo.

—¿Está bien? ¿Necesita un vaso de agua? —pregunté consternada.

Tom no estaba aquí, había ido al albergue a llevar más pan para los refugiados. La visita del primer día había sido un éxito y concluimos que lo mejor era que él regresara seguido para que la gente dejara de relacionarlo con el crimen. Por lo que hoy solo estábamos el señor Austin y yo.

Con mucho esfuerzo, lo acerqué a la silla más cercana y lo ayudé a tomar asiento.

—Gracias, Lea, ya estoy mejor… —dijo limpiando el sudor de su frente con un pañuelo—. Fue un malestar momentáneo.

—¿Qué puedo hacer por usted?

El señor Austin me dedicó una de sus amables sonrisas y negó con la cabeza. Aun sin pedírmelo, le llevé un vaso de agua, que se tomó al instante. Poco a poco, sus mejillas recuperaron el color. Después de unos minutos, recobró las fuerzas y volvió a ponerse de pie.

No quise decirlo, pero me pareció obvio que su corazón volvía a aquejarlo. Aunque no habían vuelto a llevar detenido a Tom, un guardia lo seguía a todas partes a la distancia, seguramente para impedir que intentara escapar en lo que Muller juntaba evidencia en su contra. Públicamente, hasta ahora Tom era el único sospechoso y parecía que Muller no tenía intención de abrirse a la posibilidad de que hubiera sido alguien más. La preocupación de saber que un hombre tan poderoso tenía entre ojos a su hijo debía estar haciendo estragos en su salud.

Me frustraba mucho no haber logrado todavía que la culpa recayera sobre el verdadero asesino. Mis intentos por encontrar algo que relacionara a Rupert Norton con Vilma no habían dado ningún resultado aún. Hacía pocos días había intentado interceptar a una de las trabajadoras de su hogar mientras iba al mercado, pero esta ni siquiera me había querido dirigir la palabra. También había hablado con mis antiguas compañeras de orfanato, para ver si Vilma les había contado algún detalle sobre el hombre misterioso, pero ninguna tenía algo útil que decir y, para colmo, seguramente influenciadas por la señora Morris, todas aseguraban que se trataba de Tom Austin. Lucy incluso creía recordar que Vilma mencionó algo sobre cabello rojizo, testimonio que deseché al instante como falso, pero que sin duda ayudaría a que Rodric Muller confirmara sus sospechas si a ella se le ocurría mencionárselo.

Mi misión para absolver a Tom aún tenía mucho camino por delante y me di cuenta con temor de que la salud del señor Austin posiblemente no tuviera tanto para aguantar.

—Debe recostarse, no le hace bien trabajar tanto —le dije.

—Estoy bien, despreocúpate por mí —me dijo con fingida calma—. La que necesita un descanso eres tú, has estado muy al pendiente de nosotros estos días y ni siquiera has podido guardar luto por tu amiga.

—Yo lo único que necesito es que esto pase —confesé en un suspiro.

—Y pasará, te lo aseguro —dijo en tono optimista, aunque casi podía afirmar que era falso—. Tengo una idea, ¿por qué no asistes a la ceremonia? Yo me quedo aquí atendiendo, al fin que el día está tranquilo. Ve y diviértete.

—No lo voy a dejar solo —dije negando con vehemencia.

Para celebrar el éxito del escuadrón de rescate, hoy se realizaría una ceremonia en donde se les reconocería públicamente por su valor. Si bien me alegraba por ellos, no veía sentido en ir cuando aquí el señor Austin me necesitaba.

—Ve, te hará bien tomar aire fresco y ver caras nuevas. Anda, deja de discutir, haz lo que te digo —me exhortó.

—Pero...

—Nada de peros, ve.

Solté un suspiro largo, tampoco me iba a hacer la difícil cuando se me estaba ofreciendo un rato de ocio. Además, era verdad que me vendría bien un poco de aire fresco.

—Gracias —le dije.

A través del escaparate vi que un gran número de personas transitaba por la avenida principal en dirección a la plaza en donde se llevaría a cabo la ceremonia. Aún faltaba rato para que diera inicio, pero las personas optaban por adelantarse y apartar un lugar con buena vista. Lo mejor sería unirme a ellos. Me quité el delantal y salí de la panadería. El sol de la tarde me pegó de lleno en la cara, obligándome a cerrar los ojos.

—Rodric me contó que fuiste a importunarlo con acusaciones en contra de Norton. Ni siquiera te molestaste en fingir que tenías alguna evidencia, fuiste con tu pura palabra y esperabas ser tomada en serio.

La voz del comandante me hizo abrir los ojos de golpe, el sol me deslumbró al intentar ubicarlo, así que tuve que hacerme sombra con la mano. Entonces logré verlo. Estaba vestido de gala en un uniforme azul marino, su cabello rizado hacia atrás. Se veía realmente apuesto, elegante y varonil. Su deslumbrante apariencia me hizo pensar en la que yo presentaba. Debíamos ser un contraste muy extraño, el gallardo caballero frente a la muchacha vestida en harapos.

¿Qué hacía afuera de la panadería? Él debía estar ya en la ceremonia, no estarse metiendo en mis asuntos con Muller.




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