La profesora que no creía en el amor

Capítulo:7

Elizabeth salió del salón con su carpeta bajo el brazo y cerró la puerta detrás de ella.
Apenas desapareció por el pasillo, el silencio que había mantenido la clase durante los últimos minutos se rompió por completo.
Las conversaciones comenzaron al mismo tiempo.
—Yo voy a conseguir esa A.
—¿Tú? Si casi te quedas dormido durante la mitad de la clase.
—Eso no significa que no pueda estudiar.
—La prueba de hoy no decía lo mismo.
Algunos estudiantes comenzaron a reír.
El ambiente había cambiado.
Ya nadie hablaba únicamente de lo estricta que era Elizabeth Whitmore.
Ahora todos hablaban del mismo objetivo.
La famosa A.
Un estudiante sacó su teléfono y comenzó a hacer cálculos.
—Si saco una A en las próximas pruebas, podría conseguirla.
—¿Ya estás calculando tus notas?
—Claro. ¿No escuchaste a la profesora? Si mantenemos una A, nos libramos del examen final.
Una chica que estaba guardando sus cuadernos intervino.
—Pues yo pienso conseguirla.
—Todos pensamos conseguirla.
—Yo hablo en serio.
—Nosotros también.
Las risas volvieron a llenar el salón.
Victoria permanecía junto a su escritorio, escuchando la conversación mientras acomodaba sus cosas.
—No entiendo por qué están haciendo tanto escándalo —comentó—. No parece tan difícil conseguir una A.
Una de sus amigas la miró.
—Eso dices porque todavía no sabemos nuestras calificaciones.
Victoria levantó la barbilla.
—Estudiaré.
—¿Desde cuándo estudias tanto?
—Desde que descubrí que puedo librarme del examen final.
Su amiga sonrió.
—Eso sí te motivó.
Victoria cerró su bolso.
—No pienso pasarme horas haciendo un examen final si puedo evitarlo.
En otra parte del salón, Erick escuchaba la conversación de sus compañeros.
Uno de ellos se acercó.
—¿Y tú? ¿Vas por la A?
Erick se acomodó la mochila sobre el hombro.
—Por supuesto.
—Entonces tendremos competencia.
—Eso parece.
—No creas que te la voy a poner fácil.
Erick sonrió.
—Nunca dije que esperaba que lo hicieras.
El estudiante se alejó riendo.
La competencia ya había comenzado.
Lo curioso era que Elizabeth ni siquiera estaba allí para verla.
Había conseguido que treinta y cinco estudiantes, que apenas unos días atrás consideraban Cálculo Integral una asignatura más, ahora estuvieran hablando de sus calificaciones como si se tratara de una competencia.
Unos planeaban estudiar en grupo.
Otros aseguraban que estudiarían por su cuenta.
Algunos comenzaron a comparar apuntes.
Incluso los estudiantes que normalmente dejaban todo para el último momento parecían haber encontrado una razón para tomarse la materia en serio.
—Voy a conseguir esa A —repitió uno de ellos mientras salía del salón.
—Primero aprende a resolver los ejercicios.
—Ya verás.
Las últimas voces fueron desapareciendo por el pasillo.
Erick fue uno de los últimos en salir.
Antes de marcharse, miró brevemente hacia el pizarrón.
Todavía quedaban algunas fórmulas escritas.
Las observó durante unos segundos.
Después sonrió.
—A ver, profesora Whitmore...
Tomó su mochila.
—Veamos si puedo conseguirla.
Y salió del salón.
Mientras tanto, Elizabeth continuaba caminando por el edificio sin saber que acababa de convertir su clase en una competencia silenciosa.
Y, sobre todo, sin imaginar que uno de sus estudiantes estaba especialmente decidido a demostrarle que podía alcanzar esa A.




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