La profesora que no creía en el amor

Capítulo: 8

Al día siguiente, Elizabeth Whitmore entró al salón unos minutos antes de que comenzara la clase.
Llevaba una carpeta negra contra el pecho y caminaba con la seguridad habitual que la caracterizaba.
Aquella mañana había elegido un conjunto diferente.
Vestía una blusa blanca de cuello elegante, acompañada de una falda negra de corte recto que llegaba por debajo de las rodillas. Sobre los hombros llevaba un blazer gris oscuro perfectamente ajustado que le daba una apariencia todavía más profesional.
Sus piernas estaban cubiertas por medias negras y llevaba unas zapatillas altas negras, sencillas y elegantes, que hacían que sus pasos resonaran suavemente sobre el suelo del salón.
Su cabello negro estaba recogido en una coleta alta y pulida, dejando algunos mechones cuidadosamente acomodados alrededor de su rostro.
No llevaba demasiados accesorios.
Un pequeño reloj plateado en su muñeca y unos pendientes discretos eran suficientes.
Elizabeth dejó su bolso sobre el escritorio y colocó la carpeta encima.
No necesitaba decir nada para que los estudiantes supieran qué había dentro.
Uno de los primeros en entrar fue Daniel Brooks, un estudiante tranquilo que normalmente ocupaba los primeros asientos.
Detrás de él llegaron Marcus Reed y Ethan Miller, discutiendo sobre quién había cometido menos errores en la prueba.
—Te dije que la cuarta estaba mal —dijo Marcus.
—No estaba mal.
—Sí estaba.
—Entonces veremos quién tiene razón cuando entreguen las calificaciones.
Poco después apareció Victoria junto a Amelia Carter y Sophia Bennett.
Las tres hablaban en voz baja.
—Espero haber sacado una buena nota —comentó Amelia.
—Yo estoy segura de que me fue bien —respondió Victoria.
Sophia soltó una pequeña risa.
—Eso dijiste después del último examen.
Victoria la miró.
—Esta vez es diferente.
La puerta volvió a abrirse.
Erick Lancaster entró con su mochila sobre un hombro y ocupó su lugar.
Elizabeth observó brevemente al grupo.
Esperó hasta que todos estuvieran sentados.
Después tomó la carpeta.
—Buenos días.
—Buenos días, profesora —respondieron algunos.
Otros apenas murmuraron.
Elizabeth abrió la carpeta.
—Ya corregí las pruebas.
El salón quedó completamente en silencio.
Daniel tragó saliva.
Marcus miró a Ethan.
Victoria cruzó los brazos.
Erick permaneció tranquilo, aunque su atención estaba completamente puesta en la profesora.
Elizabeth comenzó a mencionar algunas calificaciones.
—Daniel Brooks, B+.
Daniel soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.
—Amelia Carter, B.
Amelia hizo una mueca.
—Sophia Bennett, B+.
Sophia sonrió.
Elizabeth continuó.
—Marcus Reed, B.
—¡Sabía que era la cuarta! —susurró Marcus.
Ethan lo ignoró.
Elizabeth pasó la página.
Entonces hizo una pequeña pausa.
Levantó la mirada.
—Y tenemos nuestra primera A.
El salón reaccionó inmediatamente.
Algunos estudiantes comenzaron a mirarse entre sí.
—¿Quién?
—¿Quién sacó la A?
Elizabeth bajó los ojos hacia la hoja.
—Erick Lancaster.
Durante un segundo hubo silencio.
Después comenzaron los murmullos.
Erick levantó ligeramente las cejas.
No parecía completamente sorprendido, pero tampoco esperaba escuchar su nombre tan pronto.
Victoria sonrió.
—¡Sabía que lo conseguirías!
Erick la miró y sonrió brevemente.
—Gracias.
Elizabeth colocó la hoja sobre el escritorio.
—Felicitaciones, Erick.
Él asintió.
—Gracias, profesora.
—Tu examen estuvo bien resuelto. No solamente obtuviste las respuestas correctas; también utilizaste correctamente los procedimientos.
Erick se recostó ligeramente en su asiento.
—Estudié.
Elizabeth asintió.
—Se nota.
Los demás estudiantes comenzaron a murmurar nuevamente.
Marcus miró a Ethan.
—Esto acaba de convertirse en una competencia.
Ethan sonrió.
—Entonces será mejor que estudies.
Victoria observó a Erick con orgullo.
—Te dije que ibas a conseguirla.
Erick no respondió inmediatamente.
Miró hacia Elizabeth.
Ella ya había pasado a la siguiente página de su lista.
Para ella, aquella A era simplemente el resultado del esfuerzo de un estudiante.
Pero para Erick significaba algo más.
Había sido el primero en aceptar el desafío que ella había planteado.
Y ahora quería demostrar que aquella primera A no había sido cuestión de suerte.
Elizabeth cerró la carpeta.
—Recuerden algo.
Todos volvieron a mirarla.
—Una buena calificación no significa que puedan relajarse.
Señaló a Erick con la mirada.
—Él consiguió una A porque hizo el trabajo necesario para obtenerla.
Después miró al resto de la clase.
—Ahora quiero ver quién será el siguiente.
Aquellas últimas palabras provocaron una reacción inmediata.
Los estudiantes comenzaron a hablar entre ellos.
La competencia por la segunda A acababa de comenzar.
Y Elizabeth, sin proponérselo, había conseguido algo que pocos profesores lograban.
Había hecho que sus estudiantes quisieran superarse.




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